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martes, 19 de noviembre de 2019

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 611)

LAS NUBES MAESTRAS



Me gustan las casas de muñecas, hacer pompas de jabón y contemplar las nubes. En esto último andaba y veía que un telón de gasa de un gris pálido y monótono cubría el abandonado escenario del oeste mientras en el teatro del sureste las nubes se entregaban a la luz y al viento. Los colores no eran muchos pero sí las formas que se transformaban con la velocidad de un pestañeo.

De pronto una gran nube gris tornada en ave inmensa con alas desplegadas venía hacia mí, portadora de alegría, pues el vuelo de las aves hechas de nubes trae buenos augurios. El ave desapareció y muchísimas nubes de diversos tamaños y de grises diversos se ordenaron en un círculo dejando en el centro un espacio azul muy tenue en el que refulgía una cinta luminosa y serpenteante.

Pensé: es como un anfiteatro para la enseñanza de la medicina y las nubes deben ser las maestras que ahora imparten una clase. Me concentré para oírlas y me dijeron que la sinuosidad de la cinta luminosa simbolizaba la del camino de nuestras vidas, cuyo trayecto en algún punto, quizás durante un sueño, es interrumpido por una pregunta que el universo y todas las almas que lo han habitado nos hacen, pidiéndonos que decidamos si queremos proseguir o si preferimos unirnos de nuevo con el todo... pero esa pregunta y nuestra respuesta la olvidamos totalmente y sentimos que la muerte nos espera agazapada y nos asalta cuando menos lo esperamos siendo la verdad que junto con el universo y las almas hemos establecido el cuándo, el cómo y todas las minuciosas circunstancias.

Nuestra alma eterna está siempre enamorada de lo efímero, de la forma que habita, de las que roza en su viaje, y en especial de alguna en donde vive un alma con la que misteriosamente se produce un reconocimiento pleno, un lazo estrecho de comunión...y es para aminorar el sufrimiento a la hora del desprendimiento que el ritual de la pregunta nos es recordado para que en ese minuto ineluctable tengamos consciencia de que nosotros mismos decidimos abrir las alas para el vuelo en ese momento, en esas circunstancias... ¿Acaso ese recordatorio hará que se suavice el sufrimiento de la despedida definitiva?
 
Vi de nuevo la escena celestial, la cinta luminosa se había bifurcado, una de sus puntas ascendía, la otra proseguía hasta extinguirse, expresión visual de las dos respuestas.

El anfiteatro de las nubes maestras desapareció y en su lugar quedaron las nubes danzarinas, las que ejecutan actos de magia y se transforman en miles de seres fantánticos o en animales que nos son conocidos, en rostros, en paisajes, que por  un breve rato contemplé, antes de comenzar otra de mis actividades favoritas: el chikung llamado Ba Duan Jin.

Apenas iniciaba el primer movimiento, cuando llegó el recuerdo: unos pocos días atrás,  ejecutando muy lentamente ese mismo movimiento y contemplando un sol crepuscular extraordinario, coronado por su propia luz, sentí de pronto que de todo mi cuerpo venían las palabras, que no llegué a articular: !Acepto mi muerte!...

Ya las nubes maestras me habían explicado que en algún momento tendría que vivir esa experiencia y el recordarla me hace sentir privilegiada; gracias al chikung, el cuerpo, sintiendo su propia unidad y su pertenencia al todo, había respondido que aún llevando el peso de la lúcida admisión de su finitud, quería proseguir por el tiempo que le fuera otorgado.

Conozco parte de la respuesta y sé que la aceptación de la muerte es un compromiso interior que requiere ser reiterado, pero que significa una gran ventaja en la cruel batalla que libra el ser humano ante la certidumbre de su inevitable mortalidad. Los detalles que puedan rodear ese evento en gran medida podemos modularlos de acuerdo con nuestro estilo de vida y con nuestros pensamientos, positivos o negativos, pero siempre podemos imaginar acontecimientos que estarían fuera de nuestro control. Esos pensamientos que a veces o frecuentemente nos asaltan alimentan la angustia de vivir.

Para aliviar esa angustia, cuando ejecuto los movimientos del Ba Duan Jin, que literalmente se traduce como Ocho Hebras de Brocado, pienso que cada una de las células de mi cuerpo le entrega a Dios hilos de seda para que, habiendo aceptado la muerte, Él urda el tejido de mi vida por venir como un tapiz de brocado, tan luminoso y coronado de luz como el sol de aquella tarde.


María Margarita López
2004
  


DEL DIARIO DE NANI (ÍNDICE)


martes, 19 de junio de 2018

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 595)


Sirio es una invernal estrella azul

Robert Francis, “Invierno Azul”

"LA VIDA ESPIRITUAL EQUIVALE A VIVIR LA POESÍA DEL MUNDO, NO A LOS HECHOS"


Hay quienes creen que el pueblo Dogon de Mali, en Africa, fue instruido por visitantes de otro planeta acerca de las estrellas, especialmente sobre Sirio y su compañera. Las mitologías de estos pueblos se usan para fundamentar la idea de que hemos sido visitados por extraterrestres y que la prueba está en los sencillos dibujos de una comunidad africana. Carl Sagan y otros han puesto en duda este aserto, pero quisiera ir más allá del cuestionamiento de los hechos para cuestionar el abordaje de los mismos.

La poesía, en el sentido lato de la palabra, poemas, cuentos, mitos, pinturas, danzas, sueños, es el más apto y excitante vehículo para viajar que podamos tener. Más efectiva y penetrante que los misiles, las naves espaciales y las sondas de Marte, la poesía nos lleva lejos, mucho más lejos, hacia una realidad que es a la vez nuestra y absolutamente ajena. Esto sería una observación trillada a menos que recordemos muchas enseñanzas antiguas que nos hablan de los viajes del alma.

En muchas áreas de la vida hacemos literales nuestros deseos. Buscando una vida dulce, consumimos mucho azúcar. Queriendo alcanzar el significado de nuestras vidas, convertimos ese deseo en un trabajo duro y largo. Intentando vivir en una dimensión puramente espiritual, tratamos de perder peso y sintiendo la necesidad de movernos más allá de los hechos de la vida concreta, construimos cohetes espaciales.

En nuestro hogar tenemos un telescopio apuntado día y noche hacia el cielo. Cuando ocasionalmente miro la luna y los anillos de Saturno, me siento transportado hacia una maravilla y envuelto en el misterio. Y esto es suficiente. No necesito ir a Saturno y sentir su polvo en mis pies. Sólo necesito maravillarme con sus anillos y sentirme arrebatado por la belleza, las distancias y la luminosidad del mundo en el cual habito.

Quisiera tener una charla con un viajero de otro planeta, pero si eso fuera posible, haría lo que Carl Sagan y otros dicen: le interpretaría algo de Bach y de Bob Dylan, le enseñaría un Botticelli y lo vería tornarse verde de envidia, un hombrecillo verde. Pero no necesito tal charla porque me basta la embrujadora poesía del mundo. Presumo que los Dogon son los mejores poetas de estos lados y prefiero contemplar sus sencillos dibujos a investigar su posible connivencia con turistas de la luna de Sirio.

No me agrada mucho la ciencia ficción, a causa de su énfasis en la ciencia y no en la ficción, sin embargo, disfruté de la serie Star Trek a causa de su auto-parodia tan cercana y tan simple. De todas maneras, es obvio que las historias de viajes se refieren a nosotros, no a ellos. Mientras estemos confundiendo estas categorías, permaneceremos indignos de una conversación con nuestros hermanos de Sirio. Imagino que ellos seguirán apartados de nosotros hasta que sepamos hablarle de los viajes del poeta y seamos verdaderamente transportados a otro espacio, a otro tiempo…hasta que podamos encontrarnos con ellos para intercambiar impresiones como viajeros del alma.
Thomas Moore
(Traducido de su obra Original Self)
Nei Dan Magazine No. 239: 30-06-09
Sección: "Del Diario de Nani" (María Margarita López)
Traducción MM.



martes, 3 de octubre de 2017

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 583)

ACERCA DE LA ASTROLOGÍA (I)

El cielo retiene dentro de su esfera la mitad de todos los cuerpos y los males” 
Paracelso.

Seguramente reconoceréis que el que haya venido aquí es muestra de considerable audacia. Osadía, incluso. Pues éste es vuestro campo de conocimiento, no el mío; vuestra profesión, no la mía; y vuestra responsabilidad.

James Hillman

El que no tenga yo responsabilidad respecto a esta antiguo tema y a esta profesión durante tanto tiempo apreciada -y difamada- me permite ser irresponsable en lo que pienso y digo esta mañana. Solo en virtud de tal irresponsabilidad puedo sentirme lo suficientemente libre como para decir algo que pueda ser útil para vosotros.

A diferencia de vuestro compromiso para con vuestro trabajo y con la defensa de vuestro campo, mi compromiso sólo es con un constante interés, incluso un amor, a la astrología como fenómeno arquetipal, esto es: extendido, intemporal, emocionalmente potente, profundamente resonador y generativamente inventivo y también poderosamente peligroso. Por ello, a causa de estas cualidades, la palabra arquetipal es adecuada para el mismo campo.

Si es arquetipal, la astrología está aquí para quedarse; porque no se irá, debe ser arquetipal. Y no se irá. El historiador de la cultura Theodore Zeldin escribe: “… En 1975 un grupo de 192 eminentes científicos, incluyendo diecinueve premios Nobel, dirigidas por un profesor de Harvard, publicaron un manifiesto declarando que les preocupaba la creciente aceptación de la astrología en varias partes del mundo… Uno de los firmantes, un profesor de astronomía en la UCLA, se quejó de que un tercio de los estudiantes de sus clases profesaban creencia en la astrología, y también su esposa”. Zeldin informa además de que un tercio de la población en Francia e Inglaterra admiten creer en la astrología, y entre los franceses (“donde la lucidez es una virtud nacional”) “el 90 por ciento conoce su signo zodiacal” (Una Historia Intima de la Humanidad, Harper Collins, 1984, p. 339)

Acerca de su peligro, tendremos más que decir más adelante; su poder emocionalmente seductor me sorprendió hace unos 45 años, en Zurich, cuando me hicieron mi primer tema, aunque ya había aprendido los elementos simbólicos y la grafía antes de eso. Fue tal la convicción que vino junto a esa primera lectura que continué estudiando astrología. Este interés permanente, esta fascinación, este amor no me ha abandonado nunca. A la vez, tengo que aclararos que ni creo en ella, ni la practico, ni entiendo cómo “funciona”, aun cuando la astrología forma una de mis lenguajes fundamentales para la reflexión psicológica.

Sencillamente, para mí la astrología devuelve los acontecimientos a los Dioses. Depende de imágenes tomadas de los cielos. Invoca un sentimiento politeísta, mítico, poético, metafórico de aquello que es inevitablemente real. Esto es lo que hace a la astrología eficaz como un campo, un lenguaje, un modo de pensar. Es el portador para la mentalidad popular de la gran tradición que sostiene que todos habitamos en un cosmos inteligible, propocionando así a las preguntas humanas respuestas más que humanas. Nos obliga a imaginar y a pensar en términos psicológicamente complejos. Es politeísta y por lo tanto va en contra de la mentalidad dominante de la historia de Occidente.

Tomo prestada la palabra “eficaz” de Paracelso, que dijo, “se vuelve médico sólo aquél que conoce aquello que es innominable, invisible e inmaterial, y sin embargo eficaz”. Y tomo prestada la idea de las antiguas lecturas neoplatónicas de las posiciones e influencias planetarias. Los intérpretes neoplatónicos en el Renacimiento y aún antes encontraron una lectura beneficiosa, eficaz, aún de los planetas más difamados, como Saturno, y de las constelaciones menos auspiciosas. Todos los Dioses desbordan beneficios; era tarea humana, la tarea del intérprete, descubrir estos beneficios. De otro modo nos perdemos las bendiciones y las confundimos con maldiciones.


En mis propios decursos, encontré los beneficios de Saturno un día en Roma hace unos años. Estaba contemplando el viejo templo de Saturno, cerrado a los visitantes por las autoridades. Cerrado, como dicen en Roma, por restauración. La restauración podría durar ya quinientos años, y podría continuar otros quinientos años más; pues uno de los modos en que la Iglesia puede impedir que el pasado politeísta tiña nuestra religión actual es mantener cercados los antiguos lugares. Así que muchos de los viejos templos están en construcción, en restauración, o son considerados “arquitectónicamente peligrosos”.

Como sea, se me ocurrió al estar ahí que las maldiciones que Saturno me había infligido : frialdad y alejamiento de la intimidad humana, obsesión con ideas, oscuros humores depresivos que paralizaban la acción, preocupaciones sobre situaciones concretas que yo intentaba poner en orden, un manejo torpe de la novedad, frivolidad y artificialidad electrónica, cargas del deber, periodos de rigidez y aspereza hacia mí mismo y hacia los demás- todas estas maldiciones habían sido tomadas literalmente. No había captado su eficacia: cómo me protegían, me mantenían en el camino, fiel al llamado, permitiéndome pensar y aceptar la soledad, y cómo habían permitido que el orden fuera derrotado en nombre de la ausencia y el vacío. En otras palabras, las maldiciones que atribuía a Saturno eran bendiciones. Además, aquel día en Roma me di cuenta de que somos nosotros quienes hacemos de Saturno un planeta maligno, negativo, interpretando las bendiciones que otorga sólo en un sentido rígidamente opresivo, como pesadas cargas en lugar de dones de peso. Perdemos una mitad: la mitad celestial del mal. Puesto que no es el Dios quien nos maldice, somos nosotros quienes maldecimos al Dios mal interpretando su eficacia.

La astrología neoplatónica encontró la razón de nuestra tozudez, nuestro sentimiento de victimización, por ejemplo por Saturno, en el hecho de que todas las almas están atrapadas en la estupidez del naturalismo, literalismo, concretismo. Tomamos literalmente nuestros sufrimientos: aprehendemos las cosas sólo tal como aparecen naturalmente; insistimos en que lo real es concreto. Estos errores de entendimiento se deben a que nuestras almas están encerradas en hyle, la palabra griega para el material rígido. De modo que el viaje del alma, de acuerdo con la alquimia de Michael Meier, comienza en Saturno y concluye en Saturno, esto es: comienza en la opresión y la victimización a la vez que, escondidas en la rigidez de nuestra mente, están las bendiciones de las metas de Saturno. Su verdadero propósito, escribían las autoridades, estaba “dirigido a la iluminación y guía del intelecto y a conducirlo al conocimiento de lo que es correcto y útil”.

Debéis recordar aquí que eficaz no sólo significa positivo. Los dones de Saturno todavía pueden sentirse como opresivos y limitadores. Un don no es sólo lo que literalmente parece ser: tenemos que disfrazarlo bellamente para esconder que cada don es también potencialmente tóxico; cada don (gift) es también un Veneno (Gift), la expresión alemana para “veneno”. En efecto, en algunas culturas, como la China, un don puede usarse como una maldición subliminal; y, a menos que rápidamente se lo repare con un contra-don al benefactor, uno permanece cautivo, esto es, obligado, atado, constreñido, limitado por ese don. Por ello es que cuando más uno tarde en escribir un agradecimiento, más se vuelve una carga: un don desprovisto de su envoltura revela su maldición latente.

La lectura neoplatónica de un tema devuelve todas las cosas a los Dioses, pero no hace las cosas ingenuamente positivas. El modo eficaz de leer tan sólo rehúsa a dividir las cosas simplemente en negativas y positivas, afortunadas y desafortunadas. Una cuadratura puede volverse un Beethoven, un trígono un Forrest Gump.

Así, la lectura eficaz de la “otra mitad” invisible que afecta a nuestros cuerpos y nuestros males, como dice Paracelso, no significa una lectura feliz de planetas felices en posiciones felices. Júpiter en Leo en la casa dos, o diez, no indica meramente optimismo, magnanimidad, calidez expansiva; sabemos que también invita a la exageración, al derroche, a entusiasmo indiscriminado. Las costas lejanas a las que Júpiter empuja pueden ser venturosas y a la vez infladas y superficiales. En cada situación debemos tomar en cuenta el sitio cultural de la persona a quien uno le habla, el portador del tema.

Quisiera acentuar esta idea de sitio. Un humano está situado; una carta está situada. El momento natal es siempre en algún sitio. Ese sitio no es sólo un mero conjunto de coordenadas geográficas, longitud y latitud. El sitio es también una cultura, una naturaleza, una historia, una política, una geografía, un lenguaje, un estilo, un carácter. El sitio no es un accidente de nacimiento, sino aquel sitio único y particular el cual, decía el neoplatónico Plotino, el alma escoge como una de sus cuatro elecciones básicas: los padres, el cuerpo, las circunstancias y lugar de entrada en este mundo (Ver mi “Código del Alma”). Dónde esté uno y dónde uno entre en el mundo parece importarle al alma. Y este “donde” rige distintivamente sobre todas las generalidades y comunidades que los astrólogos emplean al leer un tema.


Un residente de Bay Area en la proximidad de Tiburon o Larkspur puede responder casi sin notar a un “Buenos días”. Una pequeña inclinación de cabeza, un pequeña sonrisa de acuerdo a una convención familiar. En Maine, “Buenos días” puede originar como respuesta un “Ya tengo otros planes”. En Manhattan, “”métase en sus asuntos” y en Alabama “Oh, gracias, muchas gracias, y que también Ud. tenga un buen día, y vuelva a pasarse por aquí”.

Acentúo estas diferencias en maneras de hablar porque manifiestan diferencias en situaciones. No es que ahora me interese destacar si estas diferentes localidades -Bay Area, Maine, Manhattan, Alabama- reflejan rasgos astrales pertenecientes a este o aquél signo zodiacal, sino que me interesa destacar la importancia del sitio en la lectura de una carta, puesto que cada sitio tiene su propio humor y su tiempo, su atmósfera y su botánica, su historia y su cultura.

Los diagnósticos psiquiátricos consideran el sitio como parte del cuadro clínica. Recuerdo a uno de mis profesores psiquiátricos en Suiza que advertía acerca de los diagnósticos de depresiones maníacas. Asegúrese de saber de dónde viene el paciente, ya que lo que puede parecer depresión puede ser culturalmente normal en los valles cristianos y rocas escarpadas de la Suiza interior, y lo que puede parecer manía puede ser la conducta habitual en un pueblo bávaro.

Nuestro planeta también es un planeta y necesita nuestro reconocimiento cósmico. La suavidad polinesia y el rigor espartano son más que leyendas; son determinantes. La cívicamente cohesiva Minneapolis y la decadentemente deliciosa Nueva Orleans son sitios planetarios que comportan tanto en el carácter y el destino como los sitios de los planetas en un tema.

Al comienzo dije que, puesto que la astrología es arquetipal, es poderosamente atractiva y por lo mismo peligrosa. Quiero ahora extenderme sobre este peligro. Es el peligro con el que he estado luchando durante muchos años de muchas maneras en mis escritos: el literalismo. Específicamente para nosotros hoy, el literalismo astrológico.


Dos tipos de literalismo afligen a la astrología, de modo que la astrología, como el psicoanálisis, puede correr el riesgo de volverse una fe fundamentalista. El primero tiene que ver con el tiempo. Llamémosle el Literalismo Temporal. Se ve reforzado por cálculos, tablas, exactitudes, minutos y segundos. No cuestiona suficientemente la idea de tiempo, sino que está cogido por el tiempo. Creo que es posible continuar haciendo estos cálculos matemáticos, pero considerarlos menos como rigurosas medidas de tiempo y más como un servicio ritual, un conjuro teúrgico necesario para constelar la visión psíquica, intensidad de foco, elaborar un procedimiento distanciador así como en otras artes, la medicina por ejemplo, se deben usar medidas cuidadosas y dosis exactas, y así como las curas nativas en culturas menos técnicas usan cuidadosa precisión en sus prescripciones, o como los cocineros realizan su arte en términos de tiempo y medidas. Pero todo esto es un ritual para enfocar la intuición y refinar las propias habilidades, más que para presentar los hechos verdaderos de lo que efectivamente está ocurriendo, u ocurrirá o ha ocurrido ya, en una incognoscible esfera invisible, aquella otra mitad más allá de este mundo.

Dejando de lado el apego literalista al tiempo podemos también liberarnos de otro poder peligrosamente atractivo en astrología: la tentación de predecir. El segundo literalismo es la creencia en la influencia causal de los cuerpos astrales o los planetas reales. El literalismo astrológico supone que podemos conocer esa “otra mitad” que reside en el Cielo y, por medio de cálculos matemáticos basados en la comprensión literal del tiempo, atribuir causalidad a estos poderes celestiales.


Creo que debemos deconstruir estos literalismos. Creo que la tarea que llama al astrólogo es pensar más poéticamente y metafóricamente, y menos causalmente, como si la astrología tuviera que obedecer a la ciencia Newtoniana. No creo que necesitemos atribuir propiedades causales a los planetas o sus constelaciones, y por lo mismo no necesitamos saber cómo funciona la astrología. Más bien podemos dejar que la carta opere como un mantra que proporciona revelaciones, una mirada en el más allá, un mapa de lo no visto, un compendio de poderes invisibles operando en conjunto. Incluso podemos hablar de estos poderes invisibles como dioses que gobiernan, como fuerzas que influencian. Sin pretender conocer dónde residen efectivamente, cómo operan, lo que intentan.

(Continuará...)

James Hillman
Conferencia dictada el 10-02.1997
Traducción de Enrique Eskenazi



martes, 28 de junio de 2016

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 538)

Bellamente sonrojada, abraza dulcemente a su padre:
“¡Padre, por favor, déjame disfrutar mi virginidad para siempre!
El padre de Diana lo permite, dice: está bien”
Ovidio

EL ALMA NECESITA REGRESIÓN TANTO COMO EVOLUCIÓN, DESARROLLO Y PROGRESO.




La historia de Daphne es una de las narraciones clásicas que no se aleja de mi mente. Me atrae, como atrae a un salmón su lugar de nacimiento. Algo de mi naturaleza está allí y siempre pienso y escribo sobre el tema.

Daphne es una mujer Artemisa, cazadora que no quiere saber nada de la civilización o de compartir su vida con un hombre. Como todas las personas Artemisa, le gusta correr. Un día Apolo la ve y siente por ella una salvaje atracción; quiere poseerla de alguna forma, pero ella huye de sus avances y esa huida lo inspira aún más. Finalmente, ella pide ayuda, y su padre, experto en metamorfosearse, esta vez como un río, la transforma en un árbol. Cuando Apolo la alcanza, sólo puede abrazar la corteza de un tronco.

Algo en nosotros no quiere ser civilizado o vinculado demasiado con Apolo y con todos sus logros humanitarios: medicina, música, ideas. Algo, no quiere ningún tipo de unión y desesperadamente trata de preservar su individualidad y su integridad. Algo en nosotros quiere ser rudo, callado, impenetrable y quiere regresar a una naturaleza sin palabras. Algo hay que no quiere ser amado o deseado. La belleza de un árbol no tiene intención ni propósito.

Daphne es silenciosa; es aquello que no quiere ser comunicativo, disponible, amigable, presente o articulado. Instintivamente huye de las atenciones más nobles, del más humano de sus admiradores. Mejor ser un árbol que una persona, un “ello” más que un “tú”. El espíritu Daphne es tan puro que no sirve para el sentimentalismo de una relación.

El pensamiento psicológico moderno no aprecia la necesidad presentada en este mito. Consideramos normal y saludable intimar y comunicarnos bien entre nosotros. Interpretamos la huída de la intimidad como neurótica, anormal y prácticamente inmoral. Pero dentro del mito, la huida del contacto interpersonal es la norma. La resistencia a la sensibilidad humana es válida. Al desaparecer del escenario humano Daphne se protege y preserva de una manera completamente aceptable.

En vez de juzgarnos a nosotros mismos y a los otros por no ser sociables, deberíamos reconsiderar nuestros prejuicios e ideas, aún nuestro sentimentalismo acerca de las relaciones. Quizás algo de nuestro narcisismo es un intento sintomático por recobrar un fuerte y autónomo sentido del yo. ¿En todo caso, cómo podemos llegar a otro sin tener una sólida devoción hacia nuestra individualidad?

Daphne, uno de los mayores misterios, es el alma en su soledad. Mejor estar con los animales que con los humanos, como cualquiera de nosotros algunas veces puede sentir, especialmente cuando hemos sido víctimas de la atrocidad o de la estupidez humanas.
Como profesor, a veces pienso en la resistencia de mis estudiantes al aprendizaje, no como un problema de personalidad, sino como expresión del alma Daphne que no quiere someterse demasiado a nuestra humanitaria insistencia en la culturización.

No es que no debamos estar cerca de los otros, tratarlos como personas y no como cosas y permitir ser insertados en la comunidad y en la cultura. Pero hay un espíritu, Daphne, que también preserva nuestra prístina individualidad y nos protege de perdernos en la inconsciencia de la cultura o de las parejas bien intencionadas. Los niños están especialmente motivados por Daphne: pateando y chillando son llevados a la vida civilizada, prefiriendo a menudo la conducta antisocial de sus mitos definitorios a las contaminadoras normas de la sociedad.


Thomas Moore
(Traducido de su obra Original Self)
Nei Dan Magazine No. 207: 07-10-08
Sección: "Del diario de Nani"
Traducción MM


ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN No. ANTERIOR
No. 537: “El beneficio fundamental supremos del Tai Chi” (Bill Douglas) http://robertochikung.blogspot.com/2016/06/articulos-del-archivo-nei-dan-magazine_21.html

martes, 14 de junio de 2016

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magaziine No. 536)

EL VIAJE DEL ALMA



Desde el principio el Todo Omnipotente, Omnisciente y Omnipresente, se manifestó en medio de la nada, dando origen a la creación, y con ella a la manifestación de las fuerzas del cosmos (orden) y del caos, contraponiéndose unas a otras para dar comienzo al gran juego de la vida.


Así fue como al comienzo las chispas de luz se desprendieron de la fuente principal: El Todo. Iniciando un viaje en busca de experiencias acerca de la vida en otros planos, con un trayecto de ida y vuelta, en el que al final los espíritus contribuyen con su experiencia a la grandeza y enriquecimiento del poder y conocimiento de la fuente.

Pero ¿qué es el viaje del alma?
El viaje del alma es una aventura, un camino hecho a través del planteamiento y logro de metas, por parte de chispas de luz que en algún momento decidieron explorar la obra del creador en sus distintos planos de manifestación. Este viaje a su vez puede ser visto como una travesía de guerreros y aventureros en el que cada quien traza su estrategia y elige sus herramientas de trabajo o sus armas de lucha.


Ante la inmensidad de una realidad por explorar, cuya comprensión es un misterio inabarcable en su totalidad, sólo podemos aproximarnos al conocimiento de un aspecto o fragmento de esa realidad, a través del autoconocimiento que podemos lograr a través de las diferentes experiencias de nuestra propia vida.


Sin embrago, es importante tomar en consideración que en el logro de ese objetivo la limitante más representativa que el ser deba enfrentar quizá sea la costumbre o el modelaje de la personalidad en función de los intereses de la sociedad. En este sentido, es pertinente reflexionar en que muchas sociedades privilegian la productividad y el interés del colectivo sobre la felicidad y el logro de una vida plena del “ser individual”.


En otras palabras, la costumbre y los modelajes tradicionales cuando son deformados por pautas de conducta en exceso rigurosas limitan la libre experiencia del individuo en la vida. En este contexto, la clave de la “liberación” – si es que se le puede llamar de esta forma- probablemente se encuentre en experimentar cada momento de nuestra existencia como un evento único e irrepetible.

… En una próxima edición de El Sanador Interno profundizaremos sobre este tema.


Adaliz Buitriago
Nei Dan Magazine No. 249 (22-09-09)
Sección: "El sanador interno" (A. Buitriago)