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martes, 14 de julio de 2020

TAI CHI SOUL Roberto Chacón (Magazine No. 618)

LA PAZ SEA CONTIGO (y Fin)


“Todo pasa; sólo la serenidad permanece.”

Lao-Tsê (Lao Zi)

 

“Alma serena, como la calma de los mares”

Esquilo

Agamenón

La pianista china Zhu Xiao-Mei dice que existe una afinidad entre J. S. Bach y Lao Zi. En alemán “bach” significa “arroyo”, y ya sabemos la importancia del agua en el pensamiento del gran sabio taoísta. Ella habla de lo fundamental que es la postura, de estar bien asentado y sacar el sonido del vientre, no sólo para interpretar el piano, sino especialmente para tocar las obras de Bach. Esa serenidad tan característica de la música de Bach, exenta de dramatismo y ampulosidad, también está presente en el Tai Chi Chuan, e igualmente tiene por fundamento la postura, el estar asentados sobre nuestro Dan Tien y enraizados en la tierra.

 Zhu Xiao-Mei 

El hexagrama número 11 del I Ching es T’ai, “La Paz”. Se describe como el trigrama “Tierra” estando sobre el trigrama “Cielo”. La tierra tiende a bajar y el cielo a subir, de modo que la convergencia de ambos produce la paz. En nosotros sería como si el psiquismo, el alma, se pusiese debajo del cuerpo. (2) Toda convergencia produce un centro, y el centro es la posibilidad de la mesura. “El que sabe cómo detenerse no correrá peligro”, dice el Tao de la paz, comentado por Wang Cheng (No. 32). Benito Juárez lo dijo así: “el respeto al derecho ajeno es la paz”. La mesura es lo opuesto al titanismo de nuestra civilización descentrada, que no conoce límites, razón por la cual se asoma constantemente al abismo de la autodestrucción, del Apocalipsis.

T’ai, “La Paz”

“En la tierra los mortales; en el cielo los divinos” (Heidegger). Para las religiones más antiguas, todo en la vida de los hombres está signado por los dones divinos. Eran regalos de las divinidades a los invitados, a los que estaban de paso. Nuestra perspectiva humana lo traduce siempre en virtudes y maldiciones (no entiende que las “maldiciones” también son obsequios de las divinidades). Nuestra ansia de sabiduría hace que las personas con tendencias religiosas expliquen estas “maldiciones” como pruebas para el “aprendizaje”. Pero el desaprendizaje también es un don necesario, como el olvido.

 

No creo que las divinidades nos traten como alumnos, de los cuales los más aventajados recibirían una premiación extra. No, los dones son para el temple, para el forjamiento del ánimo. Los griegos decían que lo único que se podía hacer con el destino es embellecerlo. El trabajo del hombre, su misión sagrada es devolver esos dones como ofrendas, llevarlos a tal nivel de excelencia que estos sean dignos de ser recibidos por los dioses, y también, por los mortales que vendrán. Es lo que los chinos llaman Kung Fu.

 

El secreto de los dones lo tienen las divinidades, sólo ellos pueden saber en qué consisten sus obsequios. Para nosotros, los dones son en gran parte invisibles. Pero en el arte, vislumbramos algo de su secreto. 

El amor también nos revela el obsequio divino. En la película La terminal (Steven Spielberg / 2004), el protagonista, Viktor Navorski (Tom Hanks), le dice a la azafata Amelia Warren (Catherine Zeta-Jones) que él vive atrapado en la terminal del aeropuerto John F. Kennedy por cumplirle una promesa a su padre…, y por esperarla a ella. Su odisea estacionaria le ha permitido conocer el amor, aunque termine perdiéndolo al final del filme. Pero, ¿realmente lo perdió? 

En el filme El guerrero pacífico (Peacefull Warrior / Víctor Salva / 2006) (1), el personaje de Sócrates dice a su discípulo: “Un guerrero encuentra el amor en lo que hace”. El maestro Osho escribe, como partícipe de la misma conversación: “El amor no es una relación entre dos personas, es un estado de paz dentro de ti.”

Peace Piece, Bill Evans Tribute by Kurt Frederick Fischer

Osho dice que no todos podemos ser poetas o pintores, pero que podemos hacer de nuestra vida una poesía o una pintura. Nuestro eximio poeta, Armando Rojas Guardia, ha escrito un hermoso texto al respecto titulado “¿Qué es vivir poéticamente?” (3) La última entrevista de Michel Foucault tiene por título “¿Por qué la vida no podría ser una obra de arte?” (4). El Tai Chi Chuan, como arte marcial de paz, es un arte de vida, que debería permear todo el vivir del practicante sincero. Como todas las artes, también es una forma de poesía y de pintura. (5) De modo que cualquier mortal tiene la oportunidad de entrever los dones que le han conferido las divinidades, y de devolvérselas como exquisitas ofrendas.

 

IN SEARCH OF AN ELEGY

I’ll have it spare as the reverence you feel for silence

in your long melodic lines, where the music cries

 

in the sacred spaces you leave between the notes…

I’ll have the long curve of your back bending over

 

your shadow on the keys as you play “Turn Out

the Stars”, written for your father when he died,

 

Blue Notes stretching out as if you’d have them last

forever in the Renaissance portrait you painted

 

for an abstract world…I’ll have the moon take noise

out of the music because—like Debussy—you

 

knew that though notes are many, the truest follow

the yellow leaf falling through the stillness of autumn

 

light, always searching for songs that never stop to kiss

…I’ll have Scott La Faro’s bass, pulsing with ‘bright

 

darkness’ and Paul Motian’s brushed percussion keep

you safe from your too intricate “figure in the carpet”,

 

and I’ll challenge your Muse, “why confine this prayer

to heaven—why not let kindred souls here on earth

 

share the best of what you do and are, let them find

with you that though we die a little everyday, we can

 

as easily declare, that we grow stronger day by day.

-For Bill Evans-

Larsen Bowker

 

(EN BUSCA DE UNA ELEGIA

 

Lo tendré libre como la reverencia que sientes por el silencio

en tus largas líneas melódicas, donde la música llora

 

en los espacios sagrados que dejas entre las notas ...

Tendré la larga curva de tu espalda inclinada

 

tu sombra en las teclas mientras juegas "Apagar

las estrellas ", escrito para tu padre cuando murió,

 

Las notas azules se extienden como si las tuviera al final

para siempre en el retrato renacentista que pintaste

 

para un mundo abstracto ... haré que la luna tome ruido

fuera de la música porque, como Debussy, tú

 

sabías que aunque las notas son muchas, las más verdaderas siguen

la hoja amarilla cayendo a través de la quietud del otoño (6)

 

ligero, siempre buscando canciones que nunca paran de besarse

... tendré el bajo de Scott La Faro, pulsando con ‘brillante

 

la oscuridad’ y la fortaleza de percusión cepillada de Paul Motian

estás a salvo de tu "figura en la alfombra" demasiado intrincada,

 

y desafiaré a tu musa, "¿por qué limitar esta oración?

al cielo, ¿por qué no dejar almas gemelas aquí en la tierra?

 

comparte lo mejor de lo que haces y de lo que eres, deja que encuentren

contigo que aunque muramos un poco todos los días, podemos

 

declarar tan fácilmente que nos hacemos más fuertes día a día.)

Larsen Bowken

 

El maestro Osho afirma que la paz interior se alcanza aceptando y absorbiendo lo que nos causa dolor, sin rechazarlo. La transformación y la liberación sólo son posibles si hay comunión con el alma sufriente. Eso exige un diálogo íntimo, sincero, con nuestro sufrimiento.

 

El Tai Chi Chuan y el Chi Kung son “lenguajes” que permiten entrar en diálogo con nuestra violencia y el sufrimiento que la alimenta. Partiendo de un verso de Hölderlin –“Desde que somos diálogo”-, Heidegger dice que el lenguaje es esencial únicamente como diálogo. Y como también ha afirmado que la lengua es poesía en un sentido esencial, no podemos sino resaltar esa reverberación semántica por la cual se nos revela que el verdadero diálogo tiene que ser poiético, artístico.

 

Como hemos señalado anteriormente, el conjunto de jazz es puesto como arquetipo de conversación armoniosa, creativa e integrada, sinérgica y eurítmica, en El tao de la conversación (Michael Kahn). Pero en las agrupaciones de jazz se cumplen algunos requisitos imprescindibles para que pueda darse la conversación auténtica: en primer lugar, en los grupos de jazz todos se escuchan realmente entre sí; la mutua escucha retroalimenta a los músicos, a tal punto que puede decirse que para el jazzista, no hay nota equivocada o fuera de lugar. (8) El estereotipo del jazzista como un narcisista musical, un ególatra casi sumergido en el solipsismo, es absolutamente falsa. En segundo término, el jazzista es un músico que no sólo busca perennemente su propia voz a través del instrumento que ejecuta (su sonoridad personal), sino que, además, la busca justamente porque tiene una historia que contar, como dicen en el ambiente del jazz: se individúa al contar musicalmente su propia historia; por ende, tiene algo que contar. En tercer lugar, el jazzista busca realzar la conversación grupal a través de la excelencia de su interpretación, de la calidad de la poiésis que ofrenda a sus colegas y a su público. Sucede como en el Suajili (Swahili), donde cada interlocutor o escritor tiene por imperativo de excelencia el elevar la lengua y acercarla lo más posible a la que exhiben sus grandes poetas.

 

La música es poesía sonora sin palabras. Y, particularmente, el jazz constituye la poesía de la espontaneidad, del aquí y ahora, del estado de ánimo que voy siendo, de la inspiración y el duende. En la serie documental de Ken Burns, Jazz, la historia (Capítulo No. 11 “La aventura”), habla el violinista de jazz Matt Glaser sobre el saxofonista Sonny Rollins. Glaser fue a ver un espectáculo de Rollins por allá en los años noventa. Era un sábado anterior al domingo de Pascua. Al finalizar el mismo, Rollins tocó uno de sus temas favoritos. Era cerca de la medianoche y el saxofonista tenía como 15 minutos tocando un largo solo. Diez segundos antes de la medianoche, Sonny introdujo en su improvisación un tema popular de la Pascua estadounidense. Para Glaser esa anécdota revela la profunda conexión del jazzista con su entorno y su momento, el aquí y ahora.

Bill Evans – Peace Piece (Piano Cover by Josh Cohen)

Michael Gilman escribió un pequeño artículo sobre la relación de la música con el Tai Chi Chuan (7). En ese texto nos hace ver uno de los aspectos donde la música y el Tai Chi se emparentan. La forma (taolu) en el Tai Chi funciona como la partitura en la interpretación del piano. Los grandes maestros de la composición académica son Bach, Beethoven, Mozart (por citar los grandes “clásicos”), mientras que en Tai Chi seguimos a los grandes maestros: Chen, Yang, Wu, Sun…

 

En su libro 108 Insights en el Tai Chi Chuan: perlas ensartadas, Michael Gilman nos habla de la afinidad del jazz con el Tai Chi (Perla No. 6). Para este autor y maestro, la afinidad es pedagógica. Tanto en el jazz como en el Tai Chi, primero se imita, luego se asimila, y finalmente se innova. Sin embargo, para mí, la principal afinidad del jazz con el Tai Chi estriba en la improvisación, en la espontaneidad, con su dosis impredecible de inspiración, rapto, etc., en la ejecución instrumental –para el jazz- y en el combate, en el caso del Tai Chi Chuan. En ambos casos, se busca la excelencia técnica y el máximo de habilidad no para el control y el cálculo de ego, sino para ofrendarlos a fuerzas que provienen del misterio.

 

El relato de Karlfried Dürckheim (Hara) sobre el abad de un monasterio Zen (Maestro Hayashi) quien le obsequió una pintura realizada al momento, nos ilustra sobre la finalidad de la excelencia técnica desde el punto de vista de las artes del camino. Las mismas no son puestas bajo el mando de una voluntad ordenadora, de un proyecto egóico, sino se ofrendan a las potencias de lo ignoto que se manifiestan a través de estas técnicas y principios reiteradamente pulidas y afinadas (Kungfu). Cuando Dürckheim observó la excelencia de la pintura realizada, casi sin esfuerzo (Wu-Wei), preguntó al maestro “¿Qué hay que hacer para devenir Maestro?”, Hayashi le contestó:

 

“Basta con dejar que salga el maestro que hay en nosotros. Sí, es así de sencillo, hay que dejar que salga.” (Hara. Pp: 40-42).

 

Y como reitera Osho, cada Maestro que surge, cada iluminado, es absolutamente distinto de cualquier otro, es un ser humano absolutamente singular, autorrealizado. Su estado es el de estar completamente individuados, ajenos a toda la mentalidad colectivista del rebaño humano. Si según el Zen de Rinzai, la iluminación es zazen (meditación sentados), el Tai Chi, que es meditación en movimiento y se hace “sentados” (“Hacer Tai Chi es hacer Mabu” / Posición de Jinete), participa de la misma correspondencia: cada vez que lo practicamos vislumbramos nuestra propia naturaleza, y ese camino lo recorre cada cual a su manera, siendo tan propio y solitario como el acaecer de la muerte.

 

En el Tai Chi Chuan existe ese camino paradójico donde conviven el estudio técnico regido por el canon que constituyen los grandes creadores del arte y los máximos exponentes del mismo, y la posibilidad de improvisación infinita, las posibilidades de variación imprevisibles al adaptarse el arte al aquí y al ahora, a las siempre diferentes circunstancias del combate, el terreno y el clima, y los estados de ánimo.

 

Por su capacidad armónica, el Tai Chi es puesto como ejemplo de concreción de la teoría de los “campos formativos” de Rupert Sheldrake, por Rüdiger Dahlke (El mensaje curativo del alma):

 

“Sheldrake postuló la existencia de los campos formativos, llamados así porque transmiten dichas relaciones sin necesidad de transferir materia o información. […] Esto es especialmente evidente en el Tai Chi […]. Cuando un grupo se mueve como un único ser se genera una fuerza inmensa; es por eso por lo que los escuadrones militares marchan más fácilmente al mismo paso. Una prueba de la enorme fuerza que puede llegar a poseer la armonía, la resonancia, es el peligro de hundimiento de los puentes por los que pasan columnas militares en marcha.” (El mensaje curativo del alma. Pp. 32-33.)

 

Pero si nos quedamos con esta imagen de la fuerza comunal de la “armonía del Tai Chi” (demasiado cercana al “orden” militar), perdemos de vista que este arte tiene por meta interior lo que Jung llamó “individuación”, cosa que -otra paradoja- es la llave que abre la puerta a la “conciencia cósmica” (iluminación). Por el “camino del medio” entre ambos polos correspondientes, el practicante de Tai Chi debe buscar su propia manera de interpretar no sólo las formas, sino los principios del arte. Tener su propia “voz”, porque inmerso en su “viaje interior”, tiene algo que decir a través de las motivos y las “fuerzas” (“energías”) constitutivas del Tai Chi. Por esta vía se explica no sólo la variedad de estilos y sub-estilos del arte, sino la diferente manera de interpretar de exponentes que no sólo comparten un mismo estilo, sino la misma enseñanza de un maestro.

 

El diálogo es el camino hacia la paz. El arte de la amistad se basa en la conversación. Para que ello sea posible, las personas deben individuarse lo más profundamente que puedan. La gente no puede ser representada como UN pueblo, como “la voluntad general” (hoy, la “opinión pública”). Ese “pueblo” unánime puede terminar convertido en una masa uniforme como insinúa el slogan nazi: “Un pueblo, un Reich, un Führer”. Para Octavio Paz lo que caracteriza al pueblo llano son justamente sus variadas y multifacéticas tipologías, sus arquetipos plurales de lo humano.

 

El “Himno a la alegría” beethoveniano (Novena Sinfonía), según señalamos, representa una “voluntad popular” demasiado unísona, una sola voz multiplicada. Debussy siempre escuchará marchas militares debajo de los temas de Beethoven. Digamos que no son marchas prusianas si no, más bien, marchas revolucionarias, como La marsellesa. Sin embargo, esa representación de la diversidad humana como una sola voz algo dice de nuestros tiempos, signados por el hombre masa y la unidimensionalidad.

 

Para su ópera Le diable dans le beffroi (El diablo en el campanario), Debussy había imaginado que el único personaje cantante era la muchedumbre (el diablo sólo silbaba). En una carta a su amigo Louis Laloy escribe sobre la idea de “pueblo” en la ópera Boris Godunov, de Modest Músorgski y en Los maestros cantores, de Richard Wagner, comparándolas con lo que él quería hacer en su obra:

 

“El pueblo en Boris no forma una verdadera muchedumbre; es una vez un grupo que canta, otra vez otro y aún un tercero, cada uno a su turno y la mayor parte de las veces al unísono. En cuanto al pueblo de los Maestro Cantores, no es una muchedumbre, sino un ejército, poderosamente organizado a la alemana y que marcha en filas. Lo que yo quisiera hacer, es algo más disperso, más dividido, más suelto, más impalpable, algo inorgánico en apariencia y sin embargo ordenado en el fondo: una verdadera muchedumbre humana en la que cada voz es libre y donde todas las voces reunidas producen sin embargo una impresión y un movimiento de conjunto.” (Juan Allende-Blin. En busca del Debussy perdido).

 

De manera que si queremos encontrar paz intersubjetiva en nuestro tiempo, tenemos que aceptarnos en nuestra pluralidad constitutiva, en nuestras diferencias, y abrirnos a diálogos sin fin, signados por las artes de la conversación. Peace Piece nos convoca a la conversa (versar juntos), como muchas otras obras de arte, además de las innumerables cosas que nos unen e interpelan en este puntito azul perdido entre los astros del universo.

 

ELEGY FOR BILL EVANS, 1929-1980

 

Music your hands are no longer here to make

Still breaks against my ear, still shakes my heart.

Then I feel that I am still before you.

You bend above your shadow on the keys

That tremble at your touch or crystallize,

Water forced to concntrate. In meditation

You close your eyes to see yourself more clearly.

 

Now you know the source of sound,

The element bone and muscle penetrate

Hoping to bring back beauty.

Hoping to catch what lies beyond our reach,

You hunted with your fingertips.

My life you found, and many other lives

Which traveled through yor hands upon their journey.

Note by note we followed in your tracks, like

Hearing the rain, eyes closed to feel more deeply.

We stood before the mountains of your touch.

 

The sunlight and the shade you carried us

We drank, tasting our bitter lives more sweetly

From the spring of song that never stops its kiss.

 

Bill Zavatsky (9)

 

(ELEGÍA POR BILL EVANS [1929-1980]

 La música que tu sabia mano

ya no está para extremar

aún habla a mi oído, y me conmueve

como si estuviera enfrente tuyo.

Ve cómo te inclinas sobre tu sombra,

aplicado a las teclas que rezuman tu toque

quedando ellas de cristal,

agua conjurada a concentrarse;

y cómo, meditando a ojos cerrados,

te ves más claramente.

Ahora ya conoces el venero

que es dador de los sonidos.

El hueso y la carne traspasaron el umbral

con el deseo de rescatar la belleza

y traerla de vuelta,

esperando alcanzar aquello que

–saliendo del alcance de las manos–

tus dedos solían atrapar.

Encontraste mi vida y la de muchos

y en tu jornada las tomaste a cuestas.

Nota a nota te hemos sentido,

también a ojos cerrados

como a la lluvia que cae,

y al pie de la montaña sutil de tu armonía

perseveramos.

Luz no usada nos trajiste y mil matices.

Nosotros bebimos,

creyendo más dulce nuestra amarga vida,

de la fuente de canción

cuyo beso ya no acaba.)

Bill Zavatsky

Versión de David Noria

 

Peace Piece Cover by St. Avant-Garde

Me tomo un descanso antes de escribir el final de este ensayo. Hace poco, debido a desacuerdos con algunos vecinos, desenvaine mi vieja espada e hice redoblar los tambores que llaman a la batalla. Apenas ayer, decidimos todos los involucrados enterrar las hachas de guerra y fumar las pipas de la paz, y así llegar a los acuerdos necesarios en lo que respecta a los problemas comunes que nos aquejan. Días atrás falleció una vecina muy querida que todos llamábamos “La Negra”. Un amigo de la infancia la describió como “la madre de todos”. Eso era para los que la conocimos. La sonrisa eterna de La Negra, estaba presente en la reunión vecinal, convocándonos a la reconciliación. Bajo la égida de su espíritu maternal, cariñoso y amable, retomamos los caminos pacíficos, las vías de la concordia.

 

Me llama Peace Piece. Entonces me siento al piano para interpretarla una vez más. Mi gato Maik surge de la nada y camina elegante sobre las teclas del piano. “El hombre tiene dos medios para refugiarse de las miserias de la vida: la música y los gatos” (Albert Schweitzer). Luego se acuesta sobre mi regazo y ronronea. Me viene a la mente un “meme”: “Paz es el ronroneo de un gato”. La frase de Víctor Hugo “Dios creó al gato para que el hombre pudiera acariciar al tigre”, es totalmente verídica respecto a mi gato, que es un Shere Khan en miniatura. No es de extrañar, compartiendo el tigre y el gato un 96% de su ADN. Además, también está hecho para el amor, como dice la niña Norah sobre el rey de los felinos, en el poema El Tigre, de Borges. 


Un pajarillo pasa por nuestra ventana y Maik, en un parpadear, se lanza vertiginoso hacia éste. Vuelto al estado silvestre en un santiamén, no voltea a verme al igual que hizo en el extraordinario filme La vida de Pi (Ang Lee / 2012), el tigre “Richard Parker”, cuando él y Piscine Patel llegan a las costas de México y el felino se sumerge en la jungla.

 

Quiero escuchar a Evans tocar la pieza. Prendo la computadora y busco Peace Piece en Youtube. Mientras la escucho, leo un comentario de Anthony McArthur:

 

“Irás a donde tienes que ir. Verás lo que hay que ver. Y de vez en cuando escucharás cosas que te harán sentir feliz de estar vivo y maravillarte de la belleza de ser humano. Este es uno de esos momentos que vibra a través de todas las paredes del tiempo. Comparta la forma en que esto lo hace sentir con sus seres queridos. Que cada palabra que uses sea como una nota que se reproduce como en esta canción.”

 

Amén. Descansa en paz mi poeta del alma, que éstas palabras mías y de otros a quienes he convocado, están hiladas con un ramo de olivo como un homenaje a ti y a tu maravillosa pequeña obra maestra, Peace Piece. Que la paz sea contigo también, amigo lector.

 

La paz se revela por las batallas”, y la más ardua de las batallas es la de individuarse, que se pueda ser lo que uno es en alto grado, con excelencia. Que se nos permita madurar en lo que más propiamente somos.

 

“Ser nadie más que tú mismo —en un mundo que se esfuerza día y noche en convertirte en alguien más— implica luchar la batalla más dura que alguien puede luchar; y nunca dejar de pelear.”

E. E. Cummings

 

Ese enemigo es lo que Osho llama la mente del rebaño humano. Adversario que está encarnado en cada uno de nosotros, que nos representa y pasa por ser el centro de nuestra individualidad: el Ego (Yo). Pero, como dice Budha, este Ego no es nada, es mera ilusión.

 

“Quien no encaja en el mundo, está siempre cerca de encontrarse a sí mismo”

Hermann Hesse

 

De modo que no hay batalla, ni enemigo alguno. Siempre estuvimos en la paz. Ella –la paz- viaja con nosotros y nos brinda cobijo, aparece como anfitriona en todos nuestros hogares, habitando la serenidad más abisal de lo que somos, aquella que a veces nos está permitido visitar en la más profunda meditación, pero que siempre emerge para darnos albergue, para ampararnos, aún en medio de las batallas que nos presenta Maya, y de la precariedad e incertidumbre radical de nuestra condición de mortales. Sólo desde esa paz es que se puede mirar directamente a los ojos de la muerte, al momento de partir en nuestro último viaje.

 

Venimos al mundo, en la mayoría de los casos, en medio de la gran alegría de nuestros padres, familiares y sus amigos. Nuestra muerte estará teñida de los colores del dolor y la tristeza. En la muerte estamos solos, y es porque nuestro deceso es el momento máximo de la individuación, en ese ahí y ahora, ella –la muerte- es únicamente nuestra, idiosincrática e intransferible.

 

Es un gesto profundamente hermoso que un artista se haya exigido dar lo mejor de sí hasta el último aliento, entregándole al público un intenso e inigualable momento de alegría y fervor, como hizo Bill Evans en los conciertos que dio poco antes de su fallecimiento. Podemos pensar que fue un “suicidio” que revertía no sólo la ofrenda a los muertos que todo artista verdadero hace, según las palabras de Elías Canetti, sino que hizo de la antesala de su propia muerte un acontecimiento de alegría sin par, como ocurre con el alumbramiento de un nuevo ser para una familia cualquiera. Si Thomas de Quincey hubiese conocido el final de Evans, hubiese escrito El suicidio como una de las Bellas Artes, cosa que hubiera regocijado el corazón intenso del maestro Camus. “Haz de tu despedida una ofrenda”, parece decirnos la música de Bill, como en los acordes finales de Peace Piece.

 

-“El suicidio siempre es una opción. Es la clave de la libertad”, nos dice Fernando Savater. (10)

 

Puede que hayamos madurado un poco en todo este tiempo en que he intentado montar Peace Piece (jugarla) y, a la vez, escribir sobre la pieza, compartiendo las resonancias multicolores que hicieron que mi alma y corazón danzaran al escucharla, interpretarla y leer sobre ella y su creador, el legendario Bill Evans.

 

“Maduros están los frutos, en fuego sumergidos, cocidos

y probados en la tierra y es una ley

que todo se adentre, igual que las serpientes,

proféticamente, soñando en

los montes del cielo.”

Mnemosyne de Friedrich Hölderlin

 

El cieno se ha asentado y el agua luce clara y transparente. Hemos dejado que las cosas pasen, como dicen los taoístas, y así, también nos hemos dejado ser un poco más en nuestra más elevada posibilidad. Estamos, quizá, ya lo suficientemente individuados, ciertamente algo más templados (afinados), como para poder escuchar con el alma las Variaciones Goldberg, la obra maestra de J. S. Bach, interpretadas por la eximia pianista Zhu Xiao-Mei, como si se tratase de un arroyo que suavemente desciende al mar de la serenidad.

Bach Goldberg Variationen BWV 988 Zhu Xiao Mei

 

Roberto Chacón

 

Notas:

(1) Basada en la novela Way of the Peacefull Warrior, de Dan Millman.

(2) Podemos imaginar diversas “convergencias” análogas: el “mundo” colocándose debajo de la “tierra” (Heidegger); la personalidad poniéndose bajo la sombra (Jung), etc.

(3) Armando Rojas Guardia. Sección “Artículo” del Magazine Nei Dan No. 613 (https://robertochikung.blogspot.com/2020/03/articulo-magazine-no-613.html). Tomado de Prodavinci.

(4) Michel Foucault. Sección “Artículo” de Nei Dan Magazine No. 614 (https://robertochikung.blogspot.com/2020/03/articulo-magazine-no-614.html). Tomado de Pijamasurf.

(5) Ver en la sección “Artículo” (2019) del Magazine Nei Dan mi ensayo “¿Por qué leemos poesía en las clases de Taiji-Qigong?”.

(6) Se trata de una referencia al Preludio No. 2 del II Libro de Preludios para piano de Debussy, Feuilles mortes (Hojas muertas).

(7) “Música y Tai Chi”, Nei Dan Magazine No. 566. Sección “Artículos” (https://robertochikung.blogspot.com/2017/03/articulo-magazine-no-566.html)

(8) Una anécdota de Herbie Hancock al respecto: Hancock tocaba en cierta ocasión con Miles Davis y se sintió muy molesto consigo mismo porque se equivocó al tocar unos acordes al piano. Al final del concierto fue a pedirle disculpas a Davis por su error. Davis lo escuchó extrañado y le dijo que él no había escuchado ninguna equivocación, que cuando escuchó los acordes de Hancock los sintió como una oportunidad no prevista para explorar un nuevo terreno de improvisación, y así lo hizo. Al final le dijo a Hancock: “En el jazz no existen las notas equivocadas”.

(9) Extraído de Where X Marks the Spot, 2006. Copyright © por Bill Zavatsky.

(10) “Coronavirus. Fernando Savater: ‘Vamos a seguir siendo lo mismo, pero un poco peor’”. Entrevista a Fernando Savater. La Nación. 30-07-2020. Por Hugo Alconada Mon.




miércoles, 18 de marzo de 2020

TAI CHI SOUL Roberto Chacón (Magazine No. 614)


LA PAZ SEA CONTIGO (VII)

“Si no tenemos paz dentro de nosotros,
de nada sirve buscarla fuera.”
François de la Rochefoucauld

“La paz comienza con una sonrisa”
Madre Teresa de Calcuta

“El suicidio más largo de la historia”, eso se ha dicho de la muerte de Bill Evans. Escribe su biógrafo Pettinger, que “quienes acudían a sus conciertos eran conscientes de que cualquier noche podía ser la última”. El alcohol y, sobre todo, la heroína, terminarán con su vida el 15 de septiembre de 1980. Éstas fueron las armas. El motivo…: la vida y su sino trágico. Un año antes, su entrañable hermano y supervisor musical, Harry, recibió un diagnóstico terrible: era esquizofrénico. Se internó en una clínica de la que salió sólo para suicidarse. Con anterioridad, la esposa de Bill, Ellaine, se había lanzado a los rieles del tren cuando éste la dejó por Nenette Zazzara. Está, a su vez, lo abandonó en 1978, al saber que el jazzista había vuelto a la heroína. No olvidemos el terrible golpe que para Evans significó la muerte del bajista Scott La Faro.

Nuestra cultura cristiana/moderna ha condenado y trivializado a la vez al suicidio. Albert Camus, conectado con los antiguos como ninguno, dijo: “No hay sino un problema filosófico verdaderamente serio, y es el suicidio.” Devolviéndole toda su dignidad y profundidad a tan viejo cuestión.

Hay artistas en los cuales el trabajo que realiza la muerte sobre ellos se nos muestra como una exquisita danza. De ese tango bailado al filo de la navaja el artista afina sus dones y nos entrega sus más maravillosos regalos. Pero un día la muerte da el paso conclusivo y la exquisita danza finaliza. Pensemos en París era una fiesta, un libro cuya lectura nos entrega de inmediato la más vivaz y sensual alegría de vivir; obra que Hemingway escribió poco antes de suicidarse, atormentado por la depresión. Para Evans se trató de un vals, un largo vals con el Señor de las Tinieblas. Su primer éxito fue Waltz for Debby (1956), su último álbum: “The Last Waltz: The Final Recordings” (1980).

Bill Evans: “The Last Waltz: The Final Recordings” (Agosto 31 de 1980 / Milestone Records)

Gilles Deleuze afirma que los pensadores y los escritores tienen mala salud (física y mental) –con sus excepciones, por supuesto- porque están demasiado expuestos a la vida, andan en medio de la corriente más tortuosa y violenta del torrente del vivir. Especialmente los poetas de nuestro tiempo sufren en una proporción importante una verdadera epidemia de enfermedades mentales, o sucumben ante vicios desmedidos, lastrados por tragedias personales y colectivas. “Cada uno arriesgaba algo, ha ido lo más lejos posible en este riesgo, y extrae de ahí un derecho imprescriptible”, escribe Deleuze en su libro Lógica del sentido, hablando de Artaud, Fitzgerald, Nietzsche, Lowry y Bousquet.

El artista y el pensador bajan al Hades a través de sus propias heridas. Lo que entregan a los demás, los tesoros robados al dios del inframundo, tiene como posibilidad única el hecho de que tales heridas nunca sanen, de que nunca cierren. Puede que las heridas mejoren, o puede que se conviertan en una rasgadura tal que se termina tragado y regurgitado por los mil demonios del Averno.

SANACIÓN

No soy un mecanismo,
no soy un conjunto de partes diversas,
ni estoy enfermo porque el mecanismo
funcione mal.

Estoy enfermo de heridas del alma,
hasta el yo emocional profundo.
Las heridas del alma duran mucho, mucho tiempo,
sólo el tiempo las puede curar,
y la paciencia, y cierto difícil arrepentimiento,
largo y difícil arrepentimiento,
y la comprensión del error de la vida,
y la liberación de la eterna repetición
del error que la humanidad
ha decidido santificar.

D. H. Lawrence

Al escribir estas últimas líneas, recuerdo el verso de Emily Dickinson: “La paz se revela por las batallas”. En el Bhavagad Gita, el gran guerrero Aryuna (o Arjuna), cavila sobre la batalla que se aproxima: el inicio del mitológico enfrentamiento de Kuruksheta, donde medirán fuerzas los clanes reales emparentados de los Pándavas y el de los Kauravas. Aryuna, príncipe Pándava, tiene dudas sobre la confrontación que se avecina y su papel en ésta. Sus contrincantes son parientes, amigos y maestros muy queridos. Pide consejo a su auriga, quien resulta ser nada menos que el dios Krishna.

El dios le dice que tiene que cumplir su deber de príncipe y guerrero, que le es imposible rehuir su destino. Pero también le enseña la vía de la liberación (moksha) a través del nishkam karma yoga, el Yoga de la acción desinteresada, sin apegos, es decir, sin karma (no condicionada por los frutos de la acción). Sólo a través del nishkam karma, Aryuna estará en paz consigo mismo, y podrá entrar a la batalla en ciernes develándola en lo que verdaderamente es: un juego divino, Maya.

GRODECK
Hacia la noche, los bosques otoñales resuenan
con armas mortales
Sobre las doradas llanuras, los azules lagos
el más obscuro sol, gira.
La noche envuelve guerreros moribundos y
al salvaje lamento de sus fragmentadas bocas.
Quieta en el espesor de los sauces
–Nube roja habitada por un dios iracundo–
la sangre es vertida en el frío de la luna.
Todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Sobre las ramas de oro de la noche y las estrellas
ondea la sombra de la hermana por el mudo bosque.
Para saludar los espíritus de los héroes, las cabezas de sangre.
Y suavemente entre los rojos otoñales suenan oscuras flautas.
¡Oh, más soberbio duelo! Tus altares de bronce
la llama ardiente del espíritu nutre ahora un tremendo dolor:
…los nietos nonatos.
Georg Trakl

La paz se revela por las batallas”.

En el arte del Tai Chi Chuan, cada practicante sincero es Aryuna, intentando aprender y poner en práctica el arte mistérico de la acción virtuosa (excelencia [areté] / potencia-eficacia [/]) sin apego, espontánea y plena de atención. En tanto el combate Tai Chi es hacer Tao (Dao) con el contrincante, la misma naturaleza aparente de dicha confrontación la devela como una ilusión (en el sentido de juego divino), que no hay nadie luchando. Sólo así se entiende que el Tai Chi sea un arte marcial que cultiva la serenidad. Desde el punto de vista del pensamiento hinduista, el tipo de acción que induce la práctica del Tai Chi es denominada Sattva (acción pura), la acción que se traduce en calma.

En el Chi Kung (Qigong) de origen taoísta, una de las practicas más sanadoras lo constituye la de la “Sonrisa Interior”. Esta práctica es como una gran caricia del alma para el cuerpo, estableciéndose una relación activa y amorosa entre ambos polos de lo que somos. Es una forma de agradecer a nuestros órganos por sus funciones, y, al liberarlos de tensiones, se alegra todo nuestro ser. La sonrisa es una poderosa forma de transmutar nuestra energía positivamente y enriquecer nuestro ánimo. “Lo que el sol es para las flores, la sonrisa es para la humanidad”, escribió el ensayista inglés Joseph Addison.

El amor empieza por casa, digámoslo así. Como observa Osho, el amor a otros sin amarse a uno mismo es una invención del Ego para complacer(se). En el amor hacia uno mismo no hay Ego, de manera que todo en uno importa, en el cuerpo tanto como en el psiquismo. Así como es en el amor, también es en la paz.

Don Sebesky: Peace Piece. Álbum: “I Remember Bill (A Tribute to Bill Evans)”.

Quería que hubiese una especie de paralelismo entre la escritura de esta serie de textos sobre la paz, y mi desentrañar los misterios interpretativos de Peace Piece. Sin embargo, esto a final de cuentas resultó imposible. La pieza parece fácil de interpretar, pero esa sencillez esconde dificultades que sólo la práctica constante y el tiempo pueden resolver. Lo que consideramos una segunda parte de la composición de Evans, esa donde aumentan las disonancias en las notas de la mano derecha y los cambios sutiles del patrón de la mano izquierda, es realmente difícil, pero no por las notas alteradas que se alejan del modo base, sino por la velocidad y el registro en el cual tienen que ser ejecutadas. Al estudiar esa parte observo que Evans usa escalas y arpegios enmarcados dentro de los dos modos de la escala de seis tonos (una segunda mayor entre cada nota), pero los termina en secuencias cromáticas. Debido al registro sobreagudo donde se realiza la mayor parte de ese material melódico, crean una atmósfera que sólo puedo describir como de “otredad amigable”: cantos de Aves del Paraíso Perdido, polvo de estrellas de otros universos que se derraman sobre nosotros, voces que nos interpelan ininteligiblemente, sonidos-metales y sonidos-colores… Brota en medio de esa “otredad celeste”, un arpegio de sol jónico séptima mayor que esparce su magia centelleante desde el registro medio al alto. Todavía mis dedos no son lo suficientemente sabios como para rendir el adecuado homenaje interpretativo a tales maravillas.

Un amigo dice que la puerta a la felicidad se abre en Bye Bye Blackbird, interpretada por el quinteto de Miles Davis y John Coltrane (álbum: “Round About Midnight” / 1957 / Columbia Records), entre el minuto y 10 segundos, y el minuto y treinta y cinco segundos, tiempo en el que comienza el solo de trompeta de Miles Davis. En Peace Piece hay muchas puertas a la bienaventuranza, como el pasaje de quintas y cuartas que va desde el compas 32 al 35 (2’:40’’ a 2’:56’’) o los nueve compases que van desde el número 68 hasta el final, música exquisita y sutil que hubiese provocado la envidia del mismísimo Debussy.

Miles Davis: Bye Bye Blackbird

Se describe a Peace Piece como una improvisación pastoral, de carácter meditativo, introvertido, y de atmósfera reverente, pura “gracia divina” (en el sentido que le da Osho). Pero quizá, lo más interesante que se dice sobre la pieza es que es, sobre todo, más un estado de ánimo que una composición musical.

THE PEACEFUL SHEPHERD
If heaven were to do again,
And on the pasture bars,
I leaned to line the figures in
Between the dotted starts,

I should be tempted to forget,
I fear, the Crown of Rule,
The Scales of Trade, the Cross of Faith,
As hardly worth renewal.

For these have governed in our lives,
And see how men have warred.
The Cross, the Crown, the Scales may all
As well have been the Sword.
Robert Frost

(EL PASTOR PACÍFICO
Si el cielo volviera a hacer,
Y en los pastizales,
Me incliné para alinear las figuras en
Entre los comienzos punteados,

Debería sentir la tentación de olvidar
Me temo, la corona de la regla,
Las escalas del comercio, la cruz de la fe,
Como apenas vale la pena renovarlo.

Porque estos han gobernado en nuestras vidas,
Y mira cómo los hombres han luchado.
La cruz, la corona, las escamas pueden todos
También ha sido la espada.
Robert Frost)

Álbum: “I Play for Peace”. Roy Eaton, piano.


La paz se revela por las batallas”.

Si seguimos al verso de Dickinson, la paz no tendría sentido si no estuviera en relación íntima y necesaria con el espíritu agonal. De ser así, el Tai Chi Chuan y el Aikido, como Artes Marciales de Paz, serían disciplinas absurdas, como lo es un oxímoron con pretensiones de koan. Los antiguos griegos sabían muy bien esto, pues la paz era sagrada: las grandes fiestas sacras panhelénicas, como las Olimpíadas o los Juegos Píticos (Oráculo de Delfos) imponían un período de paz, la “tregua sagrada”, que todos los griegos tenían que respetar. Pero el espíritu agonal era divino, lo que hace decir a Nietzsche que el griego antiguo luchaba como si todas las deidades del Olimpo estuvieran de su lado, porque el combate es la ley severa que rige en Diké (justicia divina), de modo que toda su cosmodicea se fundamenta en lo agonal:

“Las cosas mismas, que la inteligencia limitada del hombre y del animal cree sólidas y constantes, no tienen una existencia real, no son más que el fulgor y la chispa de las espadas desenvainadas, son el resplandor de la victoria en la lucha de las cualidades opuestas.”

Según Heidegger, nuestra misma existencia en tanto Dasein (“ser-ahí”), tiene por condición de posibilidad la lucha entre el “mundo” y la “tierra”. “Mundo” hace referencia a la madeja de usos y significaciones en la cual se encuentra sumergida una colectividad humana histórica. En tanto Dasein, el hombre es eyectado –arrojado- a un “mundo”. La “tierra” no es el planeta, ni el suelo continental ni un hábitat universalizado; es un “país”, una localidad con determinadas características, sobre la que se erige y sostiene un “mundo” histórico determinado.

En la obra de arte acaece la verdad. La verdad acontece como oscilación constante entre visibilidad y ocultamiento. La obra revela “la verdad del ser”: es apertura y ocultamiento en un mismo movimiento. En esa “apertura” que se muestra en la obra de arte, ésta pone al descubierto un mundo, haciéndolo surgir a través de la red de relaciones que urde a su alrededor y a partir de sí misma.

La obra de arte también elabora, hace emerger, a la tierra. La obra se caracteriza en que, a través de sus materiales constitutivos, nos los ofrece y los oculta a la vez. Si el mundo es afín a la apertura, la tierra lo es al ocultamiento, a la reserva de las relaciones y significaciones. El mundo es el horizonte histórico interpretativo que instaura la obra de arte, horizonte que siempre encuentra resistencia en la tierra, cuyo repliegue sobre sí impone límites al interpretar mundano.

Entonces, toda obra de arte pone de manifiesto la “contienda” entre mundo y tierra. Contienda que es análoga a las relaciones complementarias entre el Yin y el Yang en el pensamiento chino, puesto que el mundo reposa sobre la tierra, y ésta lo sostiene retirándose en el combate que soporta con el mundo.

Heidegger es el maestro pensador de los estados de ánimo (temple anímico). En un hermoso texto del filósofo venezolano Numa Tortolero, “La noción de Stimmung de Heidegger: un pitagorismo sin matemática”, (1) se desarrolla la idea de que los estados de ánimo, que para Heidegger son existenciarios –estructuras y estados que son inherentes a nuestro Dasein-, pueden ser entendidos como “estados musicales”, al sumarle la noción pitagórica sobre los afectos y la armonía. La palabra alemana Stimmung nos recuerda esta convergencia de nociones, pues significa “estado de ánimo” y también “afinación”.

“He estado indagando en torno a estos acercamientos a la música en los que sonidos y escalas particulares son utilizadas intencionalmente para producir ciertos significados emocionales [como las ragas]... Me gustaría darles a las personas algo como la felicidad. Me gustaría descubrir un método que me permitiera hacer llover en ese momento, si así lo quisiera. Si uno de mis amigos está enfermo, me gustaría tocar cierta canción para que se curara; cuando no tuviera dinero, llevaría una canción diferente e inmediatamente recibiría el dinero que necesita. Pero cuáles son estas piezas y cuál es el camino que uno debe recorrer para lograr su conocimiento, eso no lo sé. Los verdaderos poderes de la música son todavía desconocidos.”
John Coltrane

Para los griegos, musiké como arte, reunía a la música, la danza y la poesía. En tanto tal, como poiesis, involucraba no sólo aspectos técnicos sino también “la locura divina”: la inspiración sagrada, el entusiasmo, el arrebato, el rapto mediúmnico.

Para suscitar la poiesis, los artistas siempre establecen un diálogo, precario e inconcluso, con lo sagrado (lo ignoto, misterioso, desconocido, lo Otro). A veces ese diálogo se entiende como un mero balbuceo, un entrever, un vislumbrar el sentido (la donación sagrada). Entonces se crean signos, trazos, gestos, que se toman por cifras de lo apenas rozado, símbolos a descifrar o que nos descifran… Dédalos del sentido y el sin sentido. Ese caos está en cada uno de nosotros, pero sólo el artista lo quiere convertir en una “estrella danzarina” (Nietzsche).

Lo sagrado (la Otredad abismal) es un ámbito que se abre primeramente en nuestra interioridad. Es lo misterioso que nos sostiene, y que realmente somos. Tanto más misteriosos y desconocidos porque no hay espejo alguno que refleje apenas una imagen borrosa y fugaz que ilumine el abismo que somos, cual relámpago entre desfiladeros. El artista establece ese diálogo mudo horadando sobre sí mismo, sobre su piel, carne, alma y espíritu. Esculpiendo sobre sus huesos y pintando con su sangre, danzando frenéticamente y gritando por el dolor que produce el éxtasis, el rapto divino. Su abrirse al cielo y al prójimo es un despellejamiento, el exponerse en carne viva y alma viva. Y es sobre eso sobre expuesto, donde se marca la huella sacra como hecha con un hierro candente. Ese es el trazo de sentido que da certeza, temple y autenticidad a su testimonio. El artista es un rastro de sentido perdido y siempre recobrado, la huella palpitante de lo ignoto. “El poeta nombra lo sagrado” (Heidegger).

Stephen Anderson: “Remenbering the rain: the music of Bill Evans” (Art of live records / 2006).

Paradojalmente, es el ámbito de lo sagrado donde todo cobra sentido. Eso puede ser entendido como paz. Entonces, siguiendo a Heidegger y a Dickinson, estar en paz no es evitar la conflictividad inherente al mundo. La paz sólo cobra sentido pleno con respecto al habitar. La paz es parte del cuidado inherente al habitar. Cuidar significa que algo o alguien déjase ser en lo que es en elevada propiedad, en excelencia. En la poiesis de la obra de arte, el artista entrega un arquetipo del cuidado, al develar a través de lo excelente la verdad del ser en la obra. “Poéticamente habita el hombre…” (Hörderlin).

Dice Tortolero en su ensayo, que lo más cercano que podemos encontrar en Heidegger a la armonía pitagórica es el término serenidad (Gelassenheit): “Tal vez la esencia del pensar que aún buscamos está inserta en la serenidad” (Heidegger). La “serenidad” heideggeriana implica armonía y equilibrio entre el afirmar la técnica inherente al mundo moderno, y negarla. Implica otras perspectivas distintas al “im-poner” (Ge-Stellen) propio del mundo técnico, del “nihilismo consumado”.

Esa noción de serenidad heideggeriana, abre las posibilidades para lo pacífico (Wolfgang Sützl) entendido en términos postmetafísicos (postmorales y postestéticos). Como hemos apuntado anteriormente, la paz no puede ser un producto de la violencia (la victoria, la eliminación o asimilación de los contrarios), ni ser un eidos (idea platónica), que siempre tenga por no-lugar un origen perdido (el paraíso religioso o “paleolítico”) o un futuro por construir (los paraísos marxistas o tecnológicos). Esto último refleja la tendencia de querer salir del nihilismo actual buscando reconstruir mundos perdidos (aunque se pongan como objetivos del progreso). Pero, además, esos “paraísos”, por unánimes y unidimensionales, implican violencia y guerra sin límites en pro de su obtención. Nietzsche dice sobre la moral y el tipo de paz que ésta posibilita:

“[…] hasta ahora la moral nunca fue un problema... […], más bien fue, precisamente, aquello en donde luego de toda desconfianza, discordia, contradicción, se llegaba a un acuerdo entre todos, el sagrado lugar de la paz, donde los pensadores descansaban de sí mismos.”

Lo pacífico debe pensarse como acontecimiento, como habilidad para habitar en un mundo inseguro, de “convivir” con éste de forma pacífica, tener la serenidad de aceptar la técnica y poder así vivirla de un modo no técnico. La paz ya no es única ni universal ni perfecta, ni debe ser estable (eternizable) ni total (“muerte de Dios significa la imposibilidad de cualquier totalidad), tiene que ser pensada en términos de pluralidad, localidad, adaptabilidad y evolución temporal.

En el arte, la paz ya no puede representar estados edénicos ni jornadas heroicas de movimientos políticos mesiánicos. Lo pacífico está en el aquí y ahora, en la variopinta, mezclada y contaminada actualidad. La verdad de la obra de arte es el mostrar la oscilación del ser entre visibilidad y ocultamiento, de modo que ésta siempre produce identificación y extrañamiento. Esa oscilación es un juego (Maya) como la obra misma.

En Peace Piece Evans “jugó” al piano, en el sentido de que improvisó, y, también, en que “interpretó” (play) el instrumento. De ninguna manera intentó el jazzista apropiarse de la “paz”, ni definirla, ni representarla. Su pieza es más bien una invitación para que cada cual encuentre el estado de ánimo propicio para el juego de la serenidad, el estado interior pacífico. Esto constituye un verdadero chance a la paz, una ocasión y una posibilidad.

John Lennon and Plastic Ono Band: Give a Peace Chance

Si los estados de ánimo son musicales (poiéticos), Peace Piece es la composición que pone en evidencia esto, puesto que siendo una pieza musical, se nos ofrece como un estado anímico. En ese temple de ánimo pacífico, se entabla una conversación entre el sympathos y el extrañamiento, convocándolos al cuidado en el habitar, aún experimentándolo trágicamente, desde el desarraigo.

Los Estados, los políticos, los movimientos partidistas, las variadas militancias, todos se quieren apropiar de la «PAZ», identificarse con ésta, definirla en sus términos. Paz que se quiere alcanzar o proteger mostrando los filosos dientes de los artefactos bélicos o a través de las retóricas del odio, vanamente camufladas, muchas veces, bajo el lenguaje “políticamente correcto”. Peace Piece, al contrario, nos ofrece un ámbito pacífico, amable y festivo, donde todos estamos invitados, incluso Eris (Discordia). El sentido se presenta ahí, donde hay convergencia y festejo.

La “paz” que todos los discursos del poder-dominio y de las múltiples moralinas que campean en los desiertos nihilistas ventean como bien colectivo, por excluir a Eris, siempre reciben su correspondiente “manzana de la discordia”. Ahí, en la discordia, la armonía del ánimo es expuesta riesgosamente a los avatares de la guerra y la venganza. Recordemos que Dis es la deidad romana del inframundo, de modo que podemos decir, que “dis-cordia” puede entenderse como el corazón y el “acorde” (armonía / concordia) en su tránsito por el Hades, por el reino de los muertos.

En la fiesta de la paz no puede excluirse ni a Eris ni a Hades ni al diablo. El que comprende a fondo el fenómeno humano sabe que bien y mal están entrañablemente unidos y tienen fronteras borrosas y permeables. En el Fausto de Goethe leemos, ante la pregunta que inquiere sobre la identidad de Mefistófeles:

“-Una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre practica el bien”.

En el Prólogo de José María Guelbenzu a El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov, aparece el siguiente texto:

“El diablo representa aquí [en la novela de Bulgákov] algo más que la malicia y la sátira, es la representación de lo imprevisto, de lo no planificable, del poder del misterio en la vida de los seres humanos y, probablemente, de la fuerza de la imaginación.”

Pax tragicae, paz trágica. Aquella que vivimos al momento porque sabemos que no existió nunca una paz edénica, ni existirá en el futuro, al menos que nos refiramos a la paz de los sepulcros. “La paz se revela por las batallas”. Tragedia también significa contemplarse y templarse en lo infernal. “Alma serena, como la calma de los mares” escribe el trágico Esquilo, describiendo la entrada de la bella Helena en Troya, preludio de una guerra de diez años y de una leyenda que resuena a través de los siglos.

Transfigurar el sufrimiento en virtud. Esa es la esencia del pathos y pensamiento trágicos. El consuelo tiene la mala consciencia de intentar librarse del sufrimiento depreciándolo a través de la minusvalía del sufriente mismo, banalizando su destino (su “camino”). Como alguien dijo, la bondad es la más egoísta de las virtudes, pues la más de las veces no es otra cosa que una cómoda indulgencia, una proyección de la lástima por uno mismo, de auto indulgencia, es decir, de la ceguera ante lo sacro. En cambio, la tragedia es un logro verdaderamente formativo, la esencia de la paideia, al forjar el ánimo a través del sufrimiento inherente a la condición mortal, revelando su carácter de don divino.

The Peace Piece. Bob Cruise. Álbum “Jazzhouse Vol. 1” (Oh Yes Records / 2016)

Nietzsche escribe: “alimento una gran tolerancia, es decir, me hago generosamente violencia a mí mismo”. El Tai Chi Chuan, según el maestro Tew Bunnag, es un “lenguaje” (poiético) que permite realizar la alquimia de la violencia. Nuestro cuerpo y psiquismo tienden a guardar (como imitando las prácticas acumulativas del capital) los excesos de ira, la rabia contenida, convirtiéndolas en resentimiento y odio, los cuales finalmente causan enfermedad. El Tai Chi devuelve esa rabia a la acción, y más allá aún, la codifica y transfigura en un elegante lenguaje de movimientos y transformaciones de energía. Al practicar este arte marcial, el cuerpo psico-físico se relaja integralmente, se desanuda, haciéndose más fluido en sus desplazamientos, y a la vez, más aplomado en su estar. El Tai Chi, el arte de la “generosa violencia”.

(Continuará…)

Notas:

Roberto Chacón



TAI CHI SOUL (ÍNDICE)