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miércoles, 18 de marzo de 2020

TAI CHI SOUL Roberto Chacón (Magazine No. 614)


LA PAZ SEA CONTIGO (VII)

“Si no tenemos paz dentro de nosotros,
de nada sirve buscarla fuera.”
François de la Rochefoucauld

“La paz comienza con una sonrisa”
Madre Teresa de Calcuta

“El suicidio más largo de la historia”, eso se ha dicho de la muerte de Bill Evans. Escribe su biógrafo Pettinger, que “quienes acudían a sus conciertos eran conscientes de que cualquier noche podía ser la última”. El alcohol y, sobre todo, la heroína, terminarán con su vida el 15 de septiembre de 1980. Éstas fueron las armas. El motivo…: la vida y su sino trágico. Un año antes, su entrañable hermano y supervisor musical, Harry, recibió un diagnóstico terrible: era esquizofrénico. Se internó en una clínica de la que salió sólo para suicidarse. Con anterioridad, la esposa de Bill, Ellaine, se había lanzado a los rieles del tren cuando éste la dejó por Nenette Zazzara. Está, a su vez, lo abandonó en 1978, al saber que el jazzista había vuelto a la heroína. No olvidemos el terrible golpe que para Evans significó la muerte del bajista Scott La Faro.

Nuestra cultura cristiana/moderna ha condenado y trivializado a la vez al suicidio. Albert Camus, conectado con los antiguos como ninguno, dijo: “No hay sino un problema filosófico verdaderamente serio, y es el suicidio.” Devolviéndole toda su dignidad y profundidad a tan viejo cuestión.

Hay artistas en los cuales el trabajo que realiza la muerte sobre ellos se nos muestra como una exquisita danza. De ese tango bailado al filo de la navaja el artista afina sus dones y nos entrega sus más maravillosos regalos. Pero un día la muerte da el paso conclusivo y la exquisita danza finaliza. Pensemos en París era una fiesta, un libro cuya lectura nos entrega de inmediato la más vivaz y sensual alegría de vivir; obra que Hemingway escribió poco antes de suicidarse, atormentado por la depresión. Para Evans se trató de un vals, un largo vals con el Señor de las Tinieblas. Su primer éxito fue Waltz for Debby (1956), su último álbum: “The Last Waltz: The Final Recordings” (1980).

Bill Evans: “The Last Waltz: The Final Recordings” (Agosto 31 de 1980 / Milestone Records)

Gilles Deleuze afirma que los pensadores y los escritores tienen mala salud (física y mental) –con sus excepciones, por supuesto- porque están demasiado expuestos a la vida, andan en medio de la corriente más tortuosa y violenta del torrente del vivir. Especialmente los poetas de nuestro tiempo sufren en una proporción importante una verdadera epidemia de enfermedades mentales, o sucumben ante vicios desmedidos, lastrados por tragedias personales y colectivas. “Cada uno arriesgaba algo, ha ido lo más lejos posible en este riesgo, y extrae de ahí un derecho imprescriptible”, escribe Deleuze en su libro Lógica del sentido, hablando de Artaud, Fitzgerald, Nietzsche, Lowry y Bousquet.

El artista y el pensador bajan al Hades a través de sus propias heridas. Lo que entregan a los demás, los tesoros robados al dios del inframundo, tiene como posibilidad única el hecho de que tales heridas nunca sanen, de que nunca cierren. Puede que las heridas mejoren, o puede que se conviertan en una rasgadura tal que se termina tragado y regurgitado por los mil demonios del Averno.

SANACIÓN

No soy un mecanismo,
no soy un conjunto de partes diversas,
ni estoy enfermo porque el mecanismo
funcione mal.

Estoy enfermo de heridas del alma,
hasta el yo emocional profundo.
Las heridas del alma duran mucho, mucho tiempo,
sólo el tiempo las puede curar,
y la paciencia, y cierto difícil arrepentimiento,
largo y difícil arrepentimiento,
y la comprensión del error de la vida,
y la liberación de la eterna repetición
del error que la humanidad
ha decidido santificar.

D. H. Lawrence

Al escribir estas últimas líneas, recuerdo el verso de Emily Dickinson: “La paz se revela por las batallas”. En el Bhavagad Gita, el gran guerrero Aryuna (o Arjuna), cavila sobre la batalla que se aproxima: el inicio del mitológico enfrentamiento de Kuruksheta, donde medirán fuerzas los clanes reales emparentados de los Pándavas y el de los Kauravas. Aryuna, príncipe Pándava, tiene dudas sobre la confrontación que se avecina y su papel en ésta. Sus contrincantes son parientes, amigos y maestros muy queridos. Pide consejo a su auriga, quien resulta ser nada menos que el dios Krishna.

El dios le dice que tiene que cumplir su deber de príncipe y guerrero, que le es imposible rehuir su destino. Pero también le enseña la vía de la liberación (moksha) a través del nishkam karma yoga, el Yoga de la acción desinteresada, sin apegos, es decir, sin karma (no condicionada por los frutos de la acción). Sólo a través del nishkam karma, Aryuna estará en paz consigo mismo, y podrá entrar a la batalla en ciernes develándola en lo que verdaderamente es: un juego divino, Maya.

GRODECK
Hacia la noche, los bosques otoñales resuenan
con armas mortales
Sobre las doradas llanuras, los azules lagos
el más obscuro sol, gira.
La noche envuelve guerreros moribundos y
al salvaje lamento de sus fragmentadas bocas.
Quieta en el espesor de los sauces
–Nube roja habitada por un dios iracundo–
la sangre es vertida en el frío de la luna.
Todos los caminos desembocan en negra podredumbre.
Sobre las ramas de oro de la noche y las estrellas
ondea la sombra de la hermana por el mudo bosque.
Para saludar los espíritus de los héroes, las cabezas de sangre.
Y suavemente entre los rojos otoñales suenan oscuras flautas.
¡Oh, más soberbio duelo! Tus altares de bronce
la llama ardiente del espíritu nutre ahora un tremendo dolor:
…los nietos nonatos.
Georg Trakl

La paz se revela por las batallas”.

En el arte del Tai Chi Chuan, cada practicante sincero es Aryuna, intentando aprender y poner en práctica el arte mistérico de la acción virtuosa (excelencia [areté] / potencia-eficacia [/]) sin apego, espontánea y plena de atención. En tanto el combate Tai Chi es hacer Tao (Dao) con el contrincante, la misma naturaleza aparente de dicha confrontación la devela como una ilusión (en el sentido de juego divino), que no hay nadie luchando. Sólo así se entiende que el Tai Chi sea un arte marcial que cultiva la serenidad. Desde el punto de vista del pensamiento hinduista, el tipo de acción que induce la práctica del Tai Chi es denominada Sattva (acción pura), la acción que se traduce en calma.

En el Chi Kung (Qigong) de origen taoísta, una de las practicas más sanadoras lo constituye la de la “Sonrisa Interior”. Esta práctica es como una gran caricia del alma para el cuerpo, estableciéndose una relación activa y amorosa entre ambos polos de lo que somos. Es una forma de agradecer a nuestros órganos por sus funciones, y, al liberarlos de tensiones, se alegra todo nuestro ser. La sonrisa es una poderosa forma de transmutar nuestra energía positivamente y enriquecer nuestro ánimo. “Lo que el sol es para las flores, la sonrisa es para la humanidad”, escribió el ensayista inglés Joseph Addison.

El amor empieza por casa, digámoslo así. Como observa Osho, el amor a otros sin amarse a uno mismo es una invención del Ego para complacer(se). En el amor hacia uno mismo no hay Ego, de manera que todo en uno importa, en el cuerpo tanto como en el psiquismo. Así como es en el amor, también es en la paz.

Don Sebesky: Peace Piece. Álbum: “I Remember Bill (A Tribute to Bill Evans)”.

Quería que hubiese una especie de paralelismo entre la escritura de esta serie de textos sobre la paz, y mi desentrañar los misterios interpretativos de Peace Piece. Sin embargo, esto a final de cuentas resultó imposible. La pieza parece fácil de interpretar, pero esa sencillez esconde dificultades que sólo la práctica constante y el tiempo pueden resolver. Lo que consideramos una segunda parte de la composición de Evans, esa donde aumentan las disonancias en las notas de la mano derecha y los cambios sutiles del patrón de la mano izquierda, es realmente difícil, pero no por las notas alteradas que se alejan del modo base, sino por la velocidad y el registro en el cual tienen que ser ejecutadas. Al estudiar esa parte observo que Evans usa escalas y arpegios enmarcados dentro de los dos modos de la escala de seis tonos (una segunda mayor entre cada nota), pero los termina en secuencias cromáticas. Debido al registro sobreagudo donde se realiza la mayor parte de ese material melódico, crean una atmósfera que sólo puedo describir como de “otredad amigable”: cantos de Aves del Paraíso Perdido, polvo de estrellas de otros universos que se derraman sobre nosotros, voces que nos interpelan ininteligiblemente, sonidos-metales y sonidos-colores… Brota en medio de esa “otredad celeste”, un arpegio de sol jónico séptima mayor que esparce su magia centelleante desde el registro medio al alto. Todavía mis dedos no son lo suficientemente sabios como para rendir el adecuado homenaje interpretativo a tales maravillas.

Un amigo dice que la puerta a la felicidad se abre en Bye Bye Blackbird, interpretada por el quinteto de Miles Davis y John Coltrane (álbum: “Round About Midnight” / 1957 / Columbia Records), entre el minuto y 10 segundos, y el minuto y treinta y cinco segundos, tiempo en el que comienza el solo de trompeta de Miles Davis. En Peace Piece hay muchas puertas a la bienaventuranza, como el pasaje de quintas y cuartas que va desde el compas 32 al 35 (2’:40’’ a 2’:56’’) o los nueve compases que van desde el número 68 hasta el final, música exquisita y sutil que hubiese provocado la envidia del mismísimo Debussy.

Miles Davis: Bye Bye Blackbird

Se describe a Peace Piece como una improvisación pastoral, de carácter meditativo, introvertido, y de atmósfera reverente, pura “gracia divina” (en el sentido que le da Osho). Pero quizá, lo más interesante que se dice sobre la pieza es que es, sobre todo, más un estado de ánimo que una composición musical.

THE PEACEFUL SHEPHERD
If heaven were to do again,
And on the pasture bars,
I leaned to line the figures in
Between the dotted starts,

I should be tempted to forget,
I fear, the Crown of Rule,
The Scales of Trade, the Cross of Faith,
As hardly worth renewal.

For these have governed in our lives,
And see how men have warred.
The Cross, the Crown, the Scales may all
As well have been the Sword.
Robert Frost

(EL PASTOR PACÍFICO
Si el cielo volviera a hacer,
Y en los pastizales,
Me incliné para alinear las figuras en
Entre los comienzos punteados,

Debería sentir la tentación de olvidar
Me temo, la corona de la regla,
Las escalas del comercio, la cruz de la fe,
Como apenas vale la pena renovarlo.

Porque estos han gobernado en nuestras vidas,
Y mira cómo los hombres han luchado.
La cruz, la corona, las escamas pueden todos
También ha sido la espada.
Robert Frost)

Álbum: “I Play for Peace”. Roy Eaton, piano.


La paz se revela por las batallas”.

Si seguimos al verso de Dickinson, la paz no tendría sentido si no estuviera en relación íntima y necesaria con el espíritu agonal. De ser así, el Tai Chi Chuan y el Aikido, como Artes Marciales de Paz, serían disciplinas absurdas, como lo es un oxímoron con pretensiones de koan. Los antiguos griegos sabían muy bien esto, pues la paz era sagrada: las grandes fiestas sacras panhelénicas, como las Olimpíadas o los Juegos Píticos (Oráculo de Delfos) imponían un período de paz, la “tregua sagrada”, que todos los griegos tenían que respetar. Pero el espíritu agonal era divino, lo que hace decir a Nietzsche que el griego antiguo luchaba como si todas las deidades del Olimpo estuvieran de su lado, porque el combate es la ley severa que rige en Diké (justicia divina), de modo que toda su cosmodicea se fundamenta en lo agonal:

“Las cosas mismas, que la inteligencia limitada del hombre y del animal cree sólidas y constantes, no tienen una existencia real, no son más que el fulgor y la chispa de las espadas desenvainadas, son el resplandor de la victoria en la lucha de las cualidades opuestas.”

Según Heidegger, nuestra misma existencia en tanto Dasein (“ser-ahí”), tiene por condición de posibilidad la lucha entre el “mundo” y la “tierra”. “Mundo” hace referencia a la madeja de usos y significaciones en la cual se encuentra sumergida una colectividad humana histórica. En tanto Dasein, el hombre es eyectado –arrojado- a un “mundo”. La “tierra” no es el planeta, ni el suelo continental ni un hábitat universalizado; es un “país”, una localidad con determinadas características, sobre la que se erige y sostiene un “mundo” histórico determinado.

En la obra de arte acaece la verdad. La verdad acontece como oscilación constante entre visibilidad y ocultamiento. La obra revela “la verdad del ser”: es apertura y ocultamiento en un mismo movimiento. En esa “apertura” que se muestra en la obra de arte, ésta pone al descubierto un mundo, haciéndolo surgir a través de la red de relaciones que urde a su alrededor y a partir de sí misma.

La obra de arte también elabora, hace emerger, a la tierra. La obra se caracteriza en que, a través de sus materiales constitutivos, nos los ofrece y los oculta a la vez. Si el mundo es afín a la apertura, la tierra lo es al ocultamiento, a la reserva de las relaciones y significaciones. El mundo es el horizonte histórico interpretativo que instaura la obra de arte, horizonte que siempre encuentra resistencia en la tierra, cuyo repliegue sobre sí impone límites al interpretar mundano.

Entonces, toda obra de arte pone de manifiesto la “contienda” entre mundo y tierra. Contienda que es análoga a las relaciones complementarias entre el Yin y el Yang en el pensamiento chino, puesto que el mundo reposa sobre la tierra, y ésta lo sostiene retirándose en el combate que soporta con el mundo.

Heidegger es el maestro pensador de los estados de ánimo (temple anímico). En un hermoso texto del filósofo venezolano Numa Tortolero, “La noción de Stimmung de Heidegger: un pitagorismo sin matemática”, (1) se desarrolla la idea de que los estados de ánimo, que para Heidegger son existenciarios –estructuras y estados que son inherentes a nuestro Dasein-, pueden ser entendidos como “estados musicales”, al sumarle la noción pitagórica sobre los afectos y la armonía. La palabra alemana Stimmung nos recuerda esta convergencia de nociones, pues significa “estado de ánimo” y también “afinación”.

“He estado indagando en torno a estos acercamientos a la música en los que sonidos y escalas particulares son utilizadas intencionalmente para producir ciertos significados emocionales [como las ragas]... Me gustaría darles a las personas algo como la felicidad. Me gustaría descubrir un método que me permitiera hacer llover en ese momento, si así lo quisiera. Si uno de mis amigos está enfermo, me gustaría tocar cierta canción para que se curara; cuando no tuviera dinero, llevaría una canción diferente e inmediatamente recibiría el dinero que necesita. Pero cuáles son estas piezas y cuál es el camino que uno debe recorrer para lograr su conocimiento, eso no lo sé. Los verdaderos poderes de la música son todavía desconocidos.”
John Coltrane

Para los griegos, musiké como arte, reunía a la música, la danza y la poesía. En tanto tal, como poiesis, involucraba no sólo aspectos técnicos sino también “la locura divina”: la inspiración sagrada, el entusiasmo, el arrebato, el rapto mediúmnico.

Para suscitar la poiesis, los artistas siempre establecen un diálogo, precario e inconcluso, con lo sagrado (lo ignoto, misterioso, desconocido, lo Otro). A veces ese diálogo se entiende como un mero balbuceo, un entrever, un vislumbrar el sentido (la donación sagrada). Entonces se crean signos, trazos, gestos, que se toman por cifras de lo apenas rozado, símbolos a descifrar o que nos descifran… Dédalos del sentido y el sin sentido. Ese caos está en cada uno de nosotros, pero sólo el artista lo quiere convertir en una “estrella danzarina” (Nietzsche).

Lo sagrado (la Otredad abismal) es un ámbito que se abre primeramente en nuestra interioridad. Es lo misterioso que nos sostiene, y que realmente somos. Tanto más misteriosos y desconocidos porque no hay espejo alguno que refleje apenas una imagen borrosa y fugaz que ilumine el abismo que somos, cual relámpago entre desfiladeros. El artista establece ese diálogo mudo horadando sobre sí mismo, sobre su piel, carne, alma y espíritu. Esculpiendo sobre sus huesos y pintando con su sangre, danzando frenéticamente y gritando por el dolor que produce el éxtasis, el rapto divino. Su abrirse al cielo y al prójimo es un despellejamiento, el exponerse en carne viva y alma viva. Y es sobre eso sobre expuesto, donde se marca la huella sacra como hecha con un hierro candente. Ese es el trazo de sentido que da certeza, temple y autenticidad a su testimonio. El artista es un rastro de sentido perdido y siempre recobrado, la huella palpitante de lo ignoto. “El poeta nombra lo sagrado” (Heidegger).

Stephen Anderson: “Remenbering the rain: the music of Bill Evans” (Art of live records / 2006).

Paradojalmente, es el ámbito de lo sagrado donde todo cobra sentido. Eso puede ser entendido como paz. Entonces, siguiendo a Heidegger y a Dickinson, estar en paz no es evitar la conflictividad inherente al mundo. La paz sólo cobra sentido pleno con respecto al habitar. La paz es parte del cuidado inherente al habitar. Cuidar significa que algo o alguien déjase ser en lo que es en elevada propiedad, en excelencia. En la poiesis de la obra de arte, el artista entrega un arquetipo del cuidado, al develar a través de lo excelente la verdad del ser en la obra. “Poéticamente habita el hombre…” (Hörderlin).

Dice Tortolero en su ensayo, que lo más cercano que podemos encontrar en Heidegger a la armonía pitagórica es el término serenidad (Gelassenheit): “Tal vez la esencia del pensar que aún buscamos está inserta en la serenidad” (Heidegger). La “serenidad” heideggeriana implica armonía y equilibrio entre el afirmar la técnica inherente al mundo moderno, y negarla. Implica otras perspectivas distintas al “im-poner” (Ge-Stellen) propio del mundo técnico, del “nihilismo consumado”.

Esa noción de serenidad heideggeriana, abre las posibilidades para lo pacífico (Wolfgang Sützl) entendido en términos postmetafísicos (postmorales y postestéticos). Como hemos apuntado anteriormente, la paz no puede ser un producto de la violencia (la victoria, la eliminación o asimilación de los contrarios), ni ser un eidos (idea platónica), que siempre tenga por no-lugar un origen perdido (el paraíso religioso o “paleolítico”) o un futuro por construir (los paraísos marxistas o tecnológicos). Esto último refleja la tendencia de querer salir del nihilismo actual buscando reconstruir mundos perdidos (aunque se pongan como objetivos del progreso). Pero, además, esos “paraísos”, por unánimes y unidimensionales, implican violencia y guerra sin límites en pro de su obtención. Nietzsche dice sobre la moral y el tipo de paz que ésta posibilita:

“[…] hasta ahora la moral nunca fue un problema... […], más bien fue, precisamente, aquello en donde luego de toda desconfianza, discordia, contradicción, se llegaba a un acuerdo entre todos, el sagrado lugar de la paz, donde los pensadores descansaban de sí mismos.”

Lo pacífico debe pensarse como acontecimiento, como habilidad para habitar en un mundo inseguro, de “convivir” con éste de forma pacífica, tener la serenidad de aceptar la técnica y poder así vivirla de un modo no técnico. La paz ya no es única ni universal ni perfecta, ni debe ser estable (eternizable) ni total (“muerte de Dios significa la imposibilidad de cualquier totalidad), tiene que ser pensada en términos de pluralidad, localidad, adaptabilidad y evolución temporal.

En el arte, la paz ya no puede representar estados edénicos ni jornadas heroicas de movimientos políticos mesiánicos. Lo pacífico está en el aquí y ahora, en la variopinta, mezclada y contaminada actualidad. La verdad de la obra de arte es el mostrar la oscilación del ser entre visibilidad y ocultamiento, de modo que ésta siempre produce identificación y extrañamiento. Esa oscilación es un juego (Maya) como la obra misma.

En Peace Piece Evans “jugó” al piano, en el sentido de que improvisó, y, también, en que “interpretó” (play) el instrumento. De ninguna manera intentó el jazzista apropiarse de la “paz”, ni definirla, ni representarla. Su pieza es más bien una invitación para que cada cual encuentre el estado de ánimo propicio para el juego de la serenidad, el estado interior pacífico. Esto constituye un verdadero chance a la paz, una ocasión y una posibilidad.

John Lennon and Plastic Ono Band: Give a Peace Chance

Si los estados de ánimo son musicales (poiéticos), Peace Piece es la composición que pone en evidencia esto, puesto que siendo una pieza musical, se nos ofrece como un estado anímico. En ese temple de ánimo pacífico, se entabla una conversación entre el sympathos y el extrañamiento, convocándolos al cuidado en el habitar, aún experimentándolo trágicamente, desde el desarraigo.

Los Estados, los políticos, los movimientos partidistas, las variadas militancias, todos se quieren apropiar de la «PAZ», identificarse con ésta, definirla en sus términos. Paz que se quiere alcanzar o proteger mostrando los filosos dientes de los artefactos bélicos o a través de las retóricas del odio, vanamente camufladas, muchas veces, bajo el lenguaje “políticamente correcto”. Peace Piece, al contrario, nos ofrece un ámbito pacífico, amable y festivo, donde todos estamos invitados, incluso Eris (Discordia). El sentido se presenta ahí, donde hay convergencia y festejo.

La “paz” que todos los discursos del poder-dominio y de las múltiples moralinas que campean en los desiertos nihilistas ventean como bien colectivo, por excluir a Eris, siempre reciben su correspondiente “manzana de la discordia”. Ahí, en la discordia, la armonía del ánimo es expuesta riesgosamente a los avatares de la guerra y la venganza. Recordemos que Dis es la deidad romana del inframundo, de modo que podemos decir, que “dis-cordia” puede entenderse como el corazón y el “acorde” (armonía / concordia) en su tránsito por el Hades, por el reino de los muertos.

En la fiesta de la paz no puede excluirse ni a Eris ni a Hades ni al diablo. El que comprende a fondo el fenómeno humano sabe que bien y mal están entrañablemente unidos y tienen fronteras borrosas y permeables. En el Fausto de Goethe leemos, ante la pregunta que inquiere sobre la identidad de Mefistófeles:

“-Una parte de aquella fuerza que siempre quiere el mal y que siempre practica el bien”.

En el Prólogo de José María Guelbenzu a El maestro y Margarita, de Mijail Bulgákov, aparece el siguiente texto:

“El diablo representa aquí [en la novela de Bulgákov] algo más que la malicia y la sátira, es la representación de lo imprevisto, de lo no planificable, del poder del misterio en la vida de los seres humanos y, probablemente, de la fuerza de la imaginación.”

Pax tragicae, paz trágica. Aquella que vivimos al momento porque sabemos que no existió nunca una paz edénica, ni existirá en el futuro, al menos que nos refiramos a la paz de los sepulcros. “La paz se revela por las batallas”. Tragedia también significa contemplarse y templarse en lo infernal. “Alma serena, como la calma de los mares” escribe el trágico Esquilo, describiendo la entrada de la bella Helena en Troya, preludio de una guerra de diez años y de una leyenda que resuena a través de los siglos.

Transfigurar el sufrimiento en virtud. Esa es la esencia del pathos y pensamiento trágicos. El consuelo tiene la mala consciencia de intentar librarse del sufrimiento depreciándolo a través de la minusvalía del sufriente mismo, banalizando su destino (su “camino”). Como alguien dijo, la bondad es la más egoísta de las virtudes, pues la más de las veces no es otra cosa que una cómoda indulgencia, una proyección de la lástima por uno mismo, de auto indulgencia, es decir, de la ceguera ante lo sacro. En cambio, la tragedia es un logro verdaderamente formativo, la esencia de la paideia, al forjar el ánimo a través del sufrimiento inherente a la condición mortal, revelando su carácter de don divino.

The Peace Piece. Bob Cruise. Álbum “Jazzhouse Vol. 1” (Oh Yes Records / 2016)

Nietzsche escribe: “alimento una gran tolerancia, es decir, me hago generosamente violencia a mí mismo”. El Tai Chi Chuan, según el maestro Tew Bunnag, es un “lenguaje” (poiético) que permite realizar la alquimia de la violencia. Nuestro cuerpo y psiquismo tienden a guardar (como imitando las prácticas acumulativas del capital) los excesos de ira, la rabia contenida, convirtiéndolas en resentimiento y odio, los cuales finalmente causan enfermedad. El Tai Chi devuelve esa rabia a la acción, y más allá aún, la codifica y transfigura en un elegante lenguaje de movimientos y transformaciones de energía. Al practicar este arte marcial, el cuerpo psico-físico se relaja integralmente, se desanuda, haciéndose más fluido en sus desplazamientos, y a la vez, más aplomado en su estar. El Tai Chi, el arte de la “generosa violencia”.

(Continuará…)

Notas:

Roberto Chacón



TAI CHI SOUL (ÍNDICE)

martes, 5 de noviembre de 2019

TAI CHI SOUL Roberto Chacón (Magazine No. 610)


LA PAZ SEA CONTIGO (VI)

“Si no te has vinculado a ti mismo al verdadero vacío,
nunca entenderás el Arte de la Paz.”
Dicho del Aikido

“Nunca podremos obtener la paz en el mundo exterior
 hasta que no hagamos las paces
con nosotros mismos.”
Dalai lama


He podido leer completa la partitura de Peace Piece. No se puede decir todavía que la “interpreto” en alguna medida, y menos aún que la domino. Las dos últimas páginas, con sus escalas y arpegios alterados y mordientes en el registro sobre agudo del piano, muy rápidos para ejecutar, me costaron bastante. Nada comparable a la tranquilidad amable de las primeras páginas. Para los que saben hacer Tai Chi, tocar Peace Piece es como si interpretáramos las dos primeras rutas de la forma 24 manos libres de Yang Simplificado y luego termináramos con las tres últimas rutas de la Forma 56 manos libres del estilo Chen contemporáneo (taolu de competencia).

Según los analistas de la obra de Evans, por los días en que se gestaba Peace Piece, el jazzista escuchó el Cuarteto del fin de los tiempos, de Oliver Messiaen (1908-1992). Esta obra fue escrita y estrenada en un campo de concentración nazi (1941). La pieza está compuesta para clarinete en Si bemol, violín, violonchelo y piano. Parte importante de los recursos musicales de la obra son cantos de pájaros transcritos a notación musical por Messiaen. El compositor era ornitólogo y el uso de cantos de aves en sus creaciones es una característica resaltante en toda su obra.

Parte de la inspiración para sus improvisaciones con escalas y arpegios alterados en registros muy agudos parece deberse a la audición de la pieza de Messiaen. Como si Evans, en su imagen de la paz, se hubiese conectado con la visión paradisíaca de las aves que tenía Oliver Messian, para quien todos los pájaros eran “Aves del Paraíso”. Para él, como para el sufismo, el lenguaje de los pájaros es la lengua de los ángeles.

Oliver Messiaen: Oiseaux Exotiques (1955)

Para los que no lo saben, investigaciones recientes señalan que el lenguaje humano y el canto de las aves tienen un mismo origen evolutivo y que los genes que posibilitan nuestra habla son los mismos que permiten a los pájaros cantar. Son todavía mucho más profusas las relaciones simbólicas que hemos establecido a lo largo de nuestra existencia sobre la Tierra entre el lenguaje humano y el canto de las aves. En todo el mundo, mitos, leyendas, saberes ocultistas, etc., nos refieren que el canto de los pájaros es un lenguaje mágico, secreto, y sólo posible de entender a cabalidad por iniciados o grandes sabios.

En particular llama la atención que durante una de las breves cumbres culturales que ha disfrutado la humanidad, la Provenza de la poesía trovadoresca y los cátaros, el lenguaje de los pájaros (la langue des oiseaux) haya sido considerado la lengua secreta de los trovadores y la base del trobar clus, estando estrechamente relacionada con el Tarot. Nuestra palabra “lenguaje” viene del latín lingua y del provenzal lenguatge.

Puede que por esa afinidad del lenguaje, el paraíso y las aves, simbolicemos la paz con una paloma blanca, el ave mensajera por antonomasia. En la Biblia judeo-cristiana, Dios (Jehová) estaba iracundo por la maldad de los hombres, de manera que desencadenó el diluvio universal como castigo, exceptuando a Noé, su familia y los animales del Arca. A los cuarenta días del terrible diluvio, Noé lanzó una paloma para ver si las aguas habían bajado. Al cabo de siete días, la paloma regresó con una rama de olivo en el pico, lo que significaba que Dios estaba en paz con el hombre.


Pablo Picasso (1881-1973): Paloma de la paz (1961)

En la mitología griega, la paloma es el animal que acompaña a Afrodita, la diosa del amor y la belleza. A pesar de ser la gran amante de Ares, el guerrero, Afrodita no es una diosa que guste de la confrontación, aunque ésta la persigue, como en el episodio mitológico de la boda de Peleo y Tetis. A la fiesta no fue invitada la diosa Eris (Discordia). Esta se vengó creando una disputa por la belleza entre Afrodita, Hera y Atenea, que ganó la primera de las diosas nombradas. Dicha disputa se extendería luego al mundo humano por el rapto de la mujer más bella, Helena, lo cual generó la guerra de Troya. Afrodita que había ganado la disputa celeste, perdió la terrestre al ser vencidos los troyanos, muerto Paris, su protegido, y capturada Helena por su esposo Menelao.

La relación entre Afrodita y Ares (Venus y Marte) –los grandes amantes de la mitología- nos recuerda la conexión estrecha que hay entre la cólera y el deseo sexual, y, también, como el amor puede trocarse fácilmente en celos, odio y rivalidad. Los hijos que ambos tuvieron nos muestran estas conexiones: Eros (amor y sexo), Anteros (amor correspondido y vengador del no correspondido), Deimos (terror), Fobos (horror), (1) Harmonía (armonía y concordia) e Hímero (deseo sexual y lujuria).

Sandro Botticelli (1445-1510): Venus y Marte (1483) (2)

A la manera de Montaigne, ensayamos sobre la imagen de paz de Evans, expuesta en su obra Peace Piece. La exploramos esperando des-cubrir algunas resonancias con nuestra propia imagen de paz, y con las posibilidades de la pax en el Imago Mundi. Por imagen entendemos

“[…] la imagen […] en el contexto artístico, no tiene el sentido que normalmente le damos, de representación visual. Significaría, más bien, la tensión dinámica donde se le des-oculta la ‘verdad’ –profunda e inmediata- a cada hombre, que posibilita y modula su experiencia con el mundo, rigiendo sus transformaciones”. (María Fernanda Palacios: Saber y sabor de la lengua).

Según hemos ventilado, en Peace Piece se nos ofrece la malicia (el swing), pero nunca se nos invita al Mal (“la pasión del alma solitaria” / A. Machen), y menos a su “banalidad” (H. Arendt). Como en esa extraordinaria película de Clint Eastwood, Medianoche en el jardín del bien y del mal, al decir de la “hechicera vudú” Minerva, si se llega poco antes de la medianoche al cementerio, puede que te encuentres al daimon, pero si llegas después, de seguro te sorprenderá el demonio.

“(Minerva)

−Muy bien. Ahora tú ya sabes cómo va el tiempo de los muertos. El tiempo de los muertos no dura más de una hora, desde media hora antes de medianoche hasta media hora después. La media hora de antes es para hacer cosas buenas; la media hora de después es para lo malo.”

El daimon reparte los dones, pero el diablo te quita el alma, engañándote con las “cuentas de vidrio” de ilusorios poderes materiales. Bien que Evans conocía a los dos, pero nunca los confundía. ¿Cuántos Raskolnikov conocemos que por jugar a ir más allá del bien y del mal quedaron convertidos en villanos o en desalmados?

Liz Story (“Solid Colors” / Windham Hill Recors): Peace Piece
https://www.youtube.com/watch?v=KYeeNtYH_78

La “banalidad del mal” no está lejos de la ingenuidad del hombre masa. En la película La hora 25 (Henry Verneuil / 1967) observamos los avatares del rumano Janitz Moritz (Anthony Quinn), quien por desposarse con una hermosa mujer (Suzanne, representada por Virna Lisi) es acusado de ser judío, siendo confinado a un campo de trabajos forzados. Luego de una serie de vicisitudes, Janitz llega a un campo de concentración alemán. Ahí, un experto nazi en razas lo cataloga como ario puro, de modo que pasa de prisionero a ser guardia del campo. Es fotografiado con su uniforme de las SS y aparece sonriente en la portada de la revista Signal. Por ello, al caer el Reich hitleriano, es acusado en los Juicios de Nuremberg. Su abogado defensor logra probar que Janitz sólo ha sido una víctima más de las circunstancias extremas y azarosas de la guerra. Pero al volver a su Rumania natal este hombre al inicio ingenuo y risueño, es incapaz de sonreír cuando le van a fotografiar. (3)


De lo que es incapaz el hombre masa es de realizar su destino como amor fati. Como escribió el poeta William Ernest Hensley (1849-1903) en su célebre poema Invictus:


“No importa cuán estrecho sea el camino,
cuán cargado de castigos el viaje...
soy el amo de mi destino,
       soy el capitán de mi alma.”

En la parábola bíblica de “El hijo pródigo”, el primogénito se molesta porque nunca ha hecho nada malo, y no se le premia con festejos, en cambio, su hermano menor pecó, y sí se festeja su regreso. Él es un ingenuo, un buenazo, no ha sido tentado, no ha sido puesto a prueba por el destino. Su hermanó cayó y se levantó, conoció las mieles del mal, pero supo rechazarlo a tiempo y enderezar la ruta. Esa es la diferencia.

J. S. Bach: Jesús Alegría de los hombres, Cantata 147.
Concierto por la paz, Madrid, 2008.


El ingenuo es moralista y cree que el apego a la moralidad compartida por todos, le preservará de conflictos con el prójimo y le asegurará un puesto prominente en su comunidad. El moralista rechaza la ambigüedad del mundo y, con ello, el pathos trágico. Pero en su ingenuidad, se expone a ser seducido y tomado por todo aquello que rechaza y maldice. Unilateral y unidimensional, fácilmente puede ser atrapado por cualquier doctrina con esas mismas características. Así se origina la “banalidad del mal” y el “fascismo ordinario”.





Las posturas morales estrechas y fanáticas también son tentadas fuertemente por aquello que rechazan, y, la más de las veces, terminan cediendo ante aquello que más desprecian. En la película Miss Sadie Thompson (Curtis Bernhardt / 1953), basada en el cuento Rain, de Somerset Maugham, un misionero (Alfred Davidson / José Ferrer) quiere –de manera obsesiva- limpiar la isla de Pago Pago (Samoa Americana) expulsando a una prostituta: Sadie Thomson (Rita Hayworth). Si ella vuelve a San Francisco puede ser encarcelada, así que decide cambiar de vida y redimirse sinceramente bajo la guía del misionero. Pero en la cercanía de la mujer, el misionero también cambia, y poco a poco el espíritu de la lujuria lo va carcomiendo. Finalmente, termina violando a Sadie. Luego, al no poder soportar haber cometido tal monstruosidad, contraria a la prédica de toda su vida, se suicida.



Ante las historias sobre los santos tentados por apariciones de mujeres seductoras, Osho dice:



“En realidad a esos santos no se les ha aparecido nadie, lo que ocurre es que están proyectando sus represiones. Se trata de sus deseos, sus deseos reprimidos, los han reprimido durante tanto tiempo que acaban adquiriendo mucha fuerza y les hacen soñar incluso con los ojos abiertos.” (Osho. Bienestar emocional).

El hombre-masa, preso de todos los mitos de restauración (el escape al pasado ante el nihilismo consumado del presente), es dócilmente atraído al mal por los ideales de pureza e inocencia. En la película Cabaret (Bob Fosse), tenemos una imagen de esto cuando en un restaurante de la Alemania de Weimar aparece un joven de la Juventud Hitleriana cantando “El mañana me pertenece”:

“Tomorrow Belongs to Me”

Estremece la escena porque sabemos lo que pasó después, como se quiso purificar el mundo a base de fuego y sangre, en nombre de esos ideales de supuesta inocencia recuperada, puestos al servicio de perversos y demagogos. (4) Nos damos cuenta, entonces, que el decadente y depravado cabaret es mucho mejor que la utopía de mil años soñada por “el hombre que juega con sierpes… es la muerte un maestro venido de Alemania”, de los versos de Paul Celan.

Para esa escena se quiso utilizar la Horst-Wessel Lied, el himno del partido Nazi. Pero problemas con los derechos de autor y la prohibición de la misma en Alemania y Austria, obligaron a usar una pieza similar compuesta para la ocasión.

La música puede unir a las personas y también separarlas; y puede hacer esto al mismo tiempo. La Marsellesa, el himno de Francia, es realmente una marcha de guerra que se popularizó durante la Revolución Francesa, el acontecimiento que abre nuestro tiempo. Himnos y marchas partidistas y nacionales, nos unen para enfrentar a los otros. Y así vamos, “matando canallas con nuestro cañón de futuro”, hasta que el destino nos alcance…

Pero también la música puede unirnos sobre nuestras diferencias, como en la Navidad de 1914, cuando británicos y alemanes entonaron juntos el villancico Noche de paz y salieron de sus trincheras para compartir la maravillosa tregua de Navidad de la Gran Guerra.

Cuando las canciones de Navidad son interpretadas por jazzistas, las mismas se colorean de una intimidad y un pathos que conmueve y hermana aún más los corazones.

Have Yourself A Merry Little Christmas. Cecile McLorin Salvant and Jazz at Lincoln Center Orchestra. 13-12-2013.

En Así habló Zaratustra, Nietzsche nos presenta en imágenes el camino de la humanidad hacia la supra-humanidad, la “humanidad después de la humanidad” (súper-hombre): al principio el hombre es un camello, ingenuo lo carga todo sobre sí, todo lo cree y a todo obedece. Luego se transforma en un león, es el hombre rebelde, que ya nada cree y a todo se opone con su fuerza y poder; pero esto lo condiciona, lo limita y lo hace inflexible. Por último, el león se transfigura en niño. Este es verdaderamente inocente, espontáneo, e incondicionado en gran medida. Él juega y crea, es poiético por propia naturaleza. En la creación todos volvemos a ser niños. Como el “recién nacido” de Lao Tsé, se es puro, sutil y flexible. Como el niño Dioniso de los mitos órficos, sabe huir de los titanes y renacer a cada instante. (5)

Richard Strauss. Also Sprach Zarathustra. Op. 30. Introducción.

Quizá uno de los hechos que demuestra la bajeza a que ha llegado nuestro tiempo es la conversión de los niños en fanáticos y asesinos. Hannah Arendt dice que dos de las tres “liberaciones” modernas (trabajadores y mujeres) han sido correctas y beneficiosas, pero la tercera, la de los niños y jóvenes, no. Esa “liberación” se basa en la no aceptación de ninguna autoridad, incluso un tipo que es esencial para la educación: la autoridad por reconocimiento, la excelencia como valor de valores. Sin ésta dominan el número y la fuerza.

Los totalitarismos clásicos llevaron su control total sobre el hombre a la utilización de los niños, a los cuales pervirtieron con sus ideales torcidos, adoctrinándolos para cumplir misiones abyectas que incluían vigilar y delatar a sus padres y maestros: Hitler Jugend, Giovanni Facisti, Guardias Rojos y Khmers Rojos (Jemeres rojos), son un ejemplo de esto. No obstante, tras la caída de los regímenes asociados a estos “movimientos”, los niños hoy día siguen siendo adoctrinados y usados para la guerra: “niños bomba” (ISIS y otros grupos fundamentalistas islámicos), niños guerrilleros y niños reclutados por ejércitos, grupos paramilitares, etc., pandillas de niños y niños utilizados por organizaciones de narcotráfico, bandas criminales y mafias, y niños entrenados para el sicariato.

Gustav Mahler. Kindertotenlieder (Canciones de los niños muertos), Ciclo de canciones sobre poemas de Friedrich Rückert.

Ciertamente, la familia y la educación están en crisis, pero no parece una solución el lanzarlos a la calle, abandonados a su suerte. En el mundo antiguo, la estepa de los nómadas se oponía a la ciudad de los sedentarios, siendo la estepa donde eran creadas las “máquinas de guerra” (Guilles Deleuze). Hoy día, la estepa está dentro de la ciudad: calles, terrenos baldíos y barrios bajos, las zonas urbanas “sin ley”.

En una inquietante versión cinematográfica del famoso cuento Otra vuelta de tuerca, de Henry James, que hoy podríamos catalogar como una “precuela” -The Nightcomers (Michael Winner / 1971), protagonizada por Marlon Brando (Peter Quinn) y Stephanie Beacham (Jessel)-, dos niños, Flora y Miles, reciben del jardinero de su padre (Quinn), sus ideas bastante extrañas sobre la vida y el amor. Jessel (la institutriz) y Quinn establecen una relación altamente sadomasoquista que los niños imitan, casi hasta poner en peligro sus vidas. Ante la amenaza del ama de llaves de notificar al padre de Flora y Miles lo que sucede entre Jessel y Quinn, de manera que sean despedidos, los niños deciden actuar para evitar la separación de los amantes, según lo aprendido de Quinn: que todo amor es odio y que sólo en la muerte las personas se unen verdaderamente. Bajo esas creencias, terminan asesinando a Jessel y a Quinn.


Formar a un niño no es “informarlo” (la palabra “informar” etimológicamente significa “meter una forma dentro” y al mismo tiempo “sin forma”, informe). La palabra “ingenuo” hace referencia también a la falta de experiencia, sobre todo, a la falta de maceración y destilación de dicha experiencia. Como no se ha formado en el “mundo de la vida” (lebenswelt), iniciándose en el vivir bajo una guía atenta, el joven tiene una deficiente comprensión, hay desinteligencia. Trata de saltar esa carencia siendo literal, pues no se entienden segundos sentidos, sobre entendidos y metáforas, ni se tiene buen criterio sobre nada. Sin límites de ningún tipo, se llega al crimen, aunque los jóvenes, al cometerlos, estén “preñados de buenas intenciones”. Ya sabemos de qué está empedrado el largo y tortuoso camino al infierno.

Antes habíamos hecho referencia a la influencia que tuvo sobre Peace Piece la Berceuse Opus No. 57 de Chopin. Hay algo en la pieza de Evans, daimónico (el swing) y también elegíaco. Pero indudablemente tiene, a la par, algo fresco, inocente y juguetón.

La simbología de elevación espiritual de las aves y la pureza del niño se unen en la iconografía sobre los ángeles. El querubín siempre ha sido representado como un niño angelical, casi un bebé, dotado de pequeñas alas. Esta conexión sacra entre el niño, las aves y lo divino, nos recuerda las palabras de Rilke: “La verdadera patria del hombre es la infancia.”

Johannes Brahms: Lullaby (Wiegenlied / Canción de cuna), Op. 49 No. 4.

Tenemos ángeles que ya no pueden volar, como el de Durero (La melancolía), y también ángeles caídos, como Lucifer. Pero, por otra parte, tenemos a los “ángeles terrestres” de Poe, que habiendo sido humanos alguna vez, se mantienen cerca de los hombres.

La etimología de “ángel” nos revela que también son mensajeros divinos, mensajeros celestes. Un mensajero es una relación en sí mismo, una configuración dada por quien envía el mensaje y por quien lo recibe. Indudablemente esto lo dota de poderes “herméticos”, por más que la pureza del ángel pretenda distanciarse de las cualidades del dios Hermes, el mensajero de los dioses pagano.

En las películas de Wim Wenders El cielo sobre Berlín (1987) y ¡Tan lejos!,¡tan cerca! (1993), se nos narra la historia de ángeles que por amor a la humanidad, abandonan su condición divina y se transforman en hombres comunes. En esas películas, la visión de los ángeles es monocroma, y sólo perciben colores al convertirse en seres humanos, en mortales. Seguramente nuestra mortalidad reduce nuestra perspectiva, en comparación con los divinos, pero nuestra mirada debe ser más vívida.


Parece extraño pues, según García Lorca, en arte, el ángel da el don de las “luces”. Para nosotros, “luces” pueden ser cosas brillantes, como las luces de la bóveda celeste nocturna, y también de colores, como el “traje de luces” del torero. Lo que si es poco factible es que esas “luces” hagan referencia, por lo menos de manera privilegiada o exclusiva, a las luces de la razón, a la “época de las luces” (Ilustración), tal como aparece en la frase de Bolívar “Moral y luces son nuestras primeras necesidades”.


“Mariana, ¿qué es el hombre sin libertad? ¿Sin esa
luz armoniosa y fija que se siente por dentro?
¿Cómo podría quererte no siendo libre, dime?”
Federico García Lorca

“El ángel guía y regala como San Rafael, defiende y evita como San Miguel, y previene como San Gabriel. El ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra o su simpatía o su danza.” (Federico García Lorca. Juego y teoría del duende).

La gracia, el don de la “elevación” de que habla Osho, es un don angelical. El ángel nos alumbra y deslumbra. La Musa da formas (ritmos y euritmia, de ahí los “números” de la “tragedia de la sangre” / Camus) ya que su voz proviene del “velarse” u “ocultarse” del ser en su de-velamiento (Aletheia), de las resonancias de la “oscuridad audible” (el magma poiético). Por ello ambas vienen de “afuera”, al decir de Lorca, el ángel es celeste, y la Musa viene de donde el ser nace de la nada. El duende (daimon), viene del interior, se despierta en las “últimas habitaciones de la sangre”, (6) porque es tan terrestre como nosotros, aunque pueda que esté más cerca de la tierra y de los sitiales sagrados que el Homo Sapiens.

“¡Todo hombre es un ángel! ¡El vago es tan sagrado como el serafín! ¡El demente es tan santo como tú mi alma eres santa!
¡Santos los horribles ángeles humanos!
¡Santo el argonauta solitario!”
(Allen Ginsberg, Sagrado / Aullido)

En el arte del Tai Chi Chuan y también en muchas ejercitaciones Chi Kung (especialmente el Zhan Zhuang), debemos mantenernos enraizados, pegados a la tierra, pero nuestra coronilla tiene que ser literalmente halada desde el cenit de la bóveda celeste. Tierra y Cielo, ser, hombres y divinos entran en juego de mil formas diferentes cuando jugamos al arte, cualquiera.

En Peace Piece sentimos la tierra, lo que cae y se cierra obstinadamente, y también la gracia de los juegos, algunos maliciosos (con swing), y otros más brillantes, como el lenguaje de los pájaros. La mano derecha parece entregarse a improvisaciones que crean atmósferas y momentos, que la mano izquierda, que danza la cadencia del ritual, amarra en ciclos diversos.

André Mehmari: Peace Piece

Un ángel que siempre está cerca de los seres humanos es el “ángel custodio” o “ángel de la guarda”. Especialmente es activo en la niñez, el momento en que somos más vulnerables y necesitamos más protección y guía. Recuerdo que en las “comiquitas” que veía cuando niño, representaban los dilemas de la consciencia como un angelito que te daba consejos buenos, sentado sobre tu hombro derecho, mientras los consejos malos te los daba un diablillo sentado en el izquierdo. Para los darwinianos, esto también pudiera ser representado por un bonobo (el “chimpancé del amor”) a la diestra y un chimpancé a la siniestra. Tiene ahora más sentido la bendición de Zorba: “¡Qué Dios te cuide, y el diablo también!”


El misterio de la poiesis descansa sobre la enigmática Diosa Blanca neolítica, la Diosa Triple (doncella, madre y anciana / bruja). De ahí la Triple Musa de la época arcaica de los griegos. No extrañe que el misterio del arte también repose sobre otra trinidad, la del ángel, la musa y el duende -¿el ser, el cielo y el hombre (ser ahí)?

Existe en Múnich, Alemania, una famosa estatua del Ángel de la Paz. Pero como en casos similares ventilados anteriormente, se trata de una representación de la diosa griega de la victoria, Niké, realizada para conmemorar el triunfo de Prusia sobre Francia en 1871. La estatua celebra la paz del vencedor, no una paz verdadera, más profunda y menos cínica.

En cambio, el Ángel de la Paz se aparece ante unos niños elegidos para anunciar la venida de la Virgen de Fátima. Creamos o no en las apariciones marianas, su Ángel de la Paz simboliza una conexión sacra con la imagen de la paz, que no tienen los monumentos a la paz de los Estados victoriosos.

En Inglaterra hay una escultura gigante conocida como el Ángel del Norte, obra de Antony Gormley (1950 -). Esta obra fue realizada con un fin particular: devolver al arte de carácter cívico el trabajo escultórico del cuerpo humano en gran formato. Desde los tiempos del faraón Ramsés II, la escultura de grandes proporciones del cuerpo humano ha servido principalmente como propaganda para el poder de grandes Estados y sus soberanos despóticos. Y esto es la base de “lo enorme” en el arte, que tiene que ser vencido por la belleza para que surja el “gran estilo”, al decir de Nietzsche. En nuestro caso, la representación de la paz de los vencedores, siempre colosal y pomposa, debe ceder ante la “imagen” de paz, más íntima y conmovedora. Puede que por eso capture el alma una obra sin pretensiones como Peace Piece. Como dijera Debussy, este es uno de los casos donde una sencilla pieza de un género popular como el jazz (no por ello menos artístico), llega más al corazón del asunto sugerido, que una rimbombante sinfonía alegórica.

Como artista, Evans era modesto, y siempre trataba de esquivar el remoquete de “genio” que sus admiradores le endilgaban.

“Yo en lo que creo es en las cosas desarrolladas a través del trabajo duro. Siempre simpatizo con quienes se han desarrollado larga y trabajosamente, y especialmente a través de la introspección y mucha dedicación. Creo que lo que logran es algo usualmente mucho más profundo y hermoso que lo logrado por quienes pareciera que tienen esa habilidad y fluidez desde el principio. Digo esto porque es un buen mensaje para los jóvenes talentos que se sienten como yo solía sentirme.”

El genio moderno se cristaliza, como estereotipo, alrededor del intelecto y la voluntad. En la política y en el arte militar surge también como cualidad del genio el instinto, la intuición genial. Como los taoístas, Evans creía que todos tenemos dones, pero que es responsabilidad de cada quien entregarse lo más fiel posible a su pulimento y decantación, lo que en China llaman Gongfu (Kung Fu).

Pero esa larga decantación también es un proceso artístico sobre uno mismo, como si el arte que se practica asiduamente terminara trabajando, a la vez, al artista. Se atisba el interior como si bajásemos al Hades bajo la guía paciente de Homero, el aedo ciego. Mencio dice que la dificultad del autoconocimiento es que comienza sólo después de estar libres de sí mismos y de los demás, cuando podemos vislumbrar más allá de la persona que creemos ser y del Uno, la voz omnipresente del rebaño humano. Sin uno mismo y sin los “otros” entramos a lo desconocido.

Osho, como otros mistagogos, dice que el camino hacia el interior es la vía a lo sagrado. Para los taoístas, el centro de uno mismo es como el centro del todo, Wuji, vacío, nada. Wuji es la isla del paraíso taoísta, en el centro del mar universal con sus infinitos avatares del Yin y del Yang. La paradoja que sabe el taoísta es que para estar en el paraíso no debes concebir ninguna idea de Jardín del Edén y de bienaventuranza: el paraíso es Wuji, el silencio vacío donde se fermentan las infinitas posibilidades.

De ese silencio emerge la palabra poética. El ideograma de poesía (), significa la “palabra” ( / abreviatura) en el “templo” (), un indicativo de la conexión de la poiésis con lo sagrado.

La poesía también es música, canto. El ideograma de Medicina Tradicional, es el mismo que el de música, con la diferencia que el de MTC lleva indicadores de hierbas, ya que esa medicina es, ante todo, una fitoterapia. Esto también señala el papel altamente sanador del arte.

El ideograma de “paz” también es interesante. (), paz, armonía, significa que un grano de cereal () en la boca () es la garantía, la condición de la paz. Parece que apunta a todo lo contrario de lo que dijo Napoleón sobre los ejércitos, que caminaban sobre sus estómagos, lo que demuestra porque China fue un imperio burocrático, más no militar, como el romano.

“Recuerda, la consciencia nace de los alimentos. En Oriente decimos «Annam bram», el alimento es Dios. ¿Cómo es posible afirmar que el alimento es Dios? Lo inferior está ligado a lo más elevado, lo más superficial está ligado a lo más profundo.” (Osho. Ob. Cit.).

Importante acotar que para Osho, la iluminación es encontrar la consciencia.

Si a (Paz) se le agrega el ideograma “Ping” () –“balanza equilibrada”, “nivelado”, “tranquilo”, tenemos “Héping”: paz y tranquilidad

Como no sólo de pan vive el hombre, podemos pensar que el arte es la ambrosía del alma. Peace Piece es el maná que Evans nos ha dejado para que alimentemos esa paz que nos habita e ilumina, pero que fácilmente se extravía en los laberintos recónditos de nuestra psique.

“Los poetas seremos viejos y solitarios.
Bajo el olivo añoso cantaremos la Paz”.
Federico García Lorca

(Continuará…)

Notas:
(1)   Fobos y Deimos son los nombres de los dos satélites de Marte, descubiertos por Asaph Hall (1829-1907) el 18-08-1877. Sin embargo, ambos satélites habían sido descritos con bastante exactitud 200 años antes por Jonathan Swift en su libro Los viajes de Gulliver. Existe una leyenda que dice que Hall no los nombró “Miedo” y “Terror” por ser los hijos mitológicos de Marte (Ares) sino porque el astrónomo conocía la obra de Swift y, además, ambos satélites aparecieron en su telescopio como salidos de la nada.
(2) Como puede verse en la obra de Boticelli, la belleza siempre vence a la guerra.
(3) En la escena final de La hora 25, cuando Janitz Moritz (Anthony Quinn) se encuentra con su esposa Suzanne en una estación de tren, se puede ver un afiche que dice “Sin hogar, Venezuela te da la bienvenida”.



(4) “Un demagogo es aquél que predica doctrinas que sabe que son falsas, a personas que sabe que son idiotas”. H. L. Mencken.
(5) En el Orfismo, los titanes (bestiales y soberbios), capturan al niño Dioniso, lo descuartizan, lo cocinan y se lo comen. Zeus como castigo los fulminó con su rayo, quedando únicamente a salvo el corazón de Dioniso, de donde Zeus lo resucitó íntegramente. De las cenizas de los titanes y del niño Dioniso surgieron los hombres, que por ende son en parte titánicos y en parte dionisiacos, mitad bestiales y mitad divinos. En variantes del mito, el niño Dioniso escapa a tiempo de los titanes.
(6) La tragedia de la sangre dionisiaca tiene mucho de “duende” pero también de Musa, pues gracias a la poesía se hace del lenguaje “la sangre del espíritu” (Unamuno). “Sangre” siempre remitirá a inconsciente colectivo (familia, tribu, paisanos, etc.), a “imágenes compartidas” y a sufrimientos sin nombre. Esta “sangre” no tiene el mismo sentido reductor y disociativo que tiene para Lezama Lima la expresión “mestizaje”, y que se asocia de modo “polar” y especular con la noción de “sangre” tal como era usada en el nacionalsocialismo.




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