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martes, 4 de junio de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 603)

LOS 5 ANIMALES DEL DR. HUA TO Y LAS ESFERAS FUNCIONALES FÍSICAS, EMOCIONALES Y MENTALES

Hua Tuo (145-208)

Núria Leonelli
El doctor Hua To fue un médico taoista que vivió durante el siglo II. Se inspiró en las principales cualidades motrices y el comportamiento del tigre, ciervo, oso, mono y pájaro para crear, en base a sus conocimientos de Medicina Tradicional China (MTC) y Qigong, una serie de ejercicios que, a través de la imitación de estos animales, se correspondiesen y actuasen sobre cada uno de los cinco órganos y, por tanto, sobre cada esfera funcional física, emocional y mental. Hoy en día estos ejercicios son todo un clásico en la medicina preventiva de China.

Desde siempre los taoístas comprendieron gracias a la simple observación de lo que sucedía en la naturaleza que el movimiento es una característica fundamental de la vida. Observaban los ciclos del sol y de la luna, el suceder de las estaciones, el crecimiento de las plantas, e identificaron en el reino animal algunas cualidades motrices que destacaban en algunas especies. Todo en el universo es una manifestación de energía polarizada y en movimiento que busca el equilibrio en su dinamismo.

Al Doctor Hua To se le atribuye un popular adagio: “agua que corre, no pudre”, y bien sabemos todos que el agua estancada consigue destruir incluso los puentes. En su biografía se recoge una interesante prescripción indicada a un discípulo llamado Wu Pu: “Es importante hacer ejercicio físico diariamente pero de manera moderada, no hay que excederse”. Un aspecto sorprendente a la vez que lógico de la sociedad oriental es que los chinos pagaban una cuota al médico siempre y cuando se mantuvieran en un estado saludable. En el momento que caían enfermos dejaban de pagarle, dado que ya no podían trabajar. Por este motivo el estudio sobre la prevención de enfermedades primó sobre el aspecto decuración y alcanzó gran desarrollo, al contrario de lo sucedido en Occidente.

La MTC analiza cada uno de los órganos del cuerpo humano desde una perspectiva diferente de la medicina occidental. La razón principal es que la cultura oriental interpreta el cuerpo y la mente como una sola unidad psicofísica. Cada uno de los cinco órganos principales se identifica con uno de los cinco movimientos o comportamientos básicos de energía denominados madera, fuego, tierra, metal y agua. Recordemos que el ser humano es un microcosmos reflejo del macrocosmos, por tanto también es energía polarizada que actúa siguiendo los cinco patrones básicos. Los órganos principales, además de tener funciones fisiológicas que regulan el organismo, albergan todo lo que en el ser humano tiene su mismo comportamiento energético, sean emociones, facultades mentales, niveles de conciencia o rasgos de personalidad. Así, los órganos se comprenden como esferas funcionales físicas, emocionales y mentales, y cada uno de ellos contribuye a modelar el carácter de la persona. La interactuación operante entre todos los órganos revela la más compleja personalidad del individuo.

Cuando la energía de un órgano sufre una disfunción surgen problemas de salud física, emocional y mental. Las emociones negativas son producto de estos desequilibrios funcionales. Así, por tratarse de una pareja de órganos a los pulmones y riñones se les asocia también una pareja de emociones: la tristeza y la melancolía, y el miedo y el terror respectivamente. Al bazo no se le asigna una emoción, sino una facultad intelectiva. Este órgano, que se identifica con el movimiento básico de la energía de la tierra, se sitúa en el centro y guarda relación con la reflexión. El corazón se vincula con la euforia y el hígado con la ira.

Como unidad psicofísica que es el ser humano, todo lo que le acontece es evidentemente psicosomático o somatopsíquico, no es posible separar estos dos campos. El desequilibrio de una parte afecta a la entera unidad del sistema energético y por eso la energía estará comprometida tanto en las manifestaciones orgánicas como emocionales, suponiendo una crisis en la biografía de la persona. Se puede estar hablando de psicosomática o de somatopsíquica, es lo mismo, no hay un predominio establecido. Lo cierto es que en función de la historia de cada persona y del tipo de patologías que presenta existe una mayor o menor tendencia hacia las causas internas o las externas. El sistema mantiene un cierto equilibrio y cuando éste se rompe aparece el trastorno, que repercute a todos los niveles del individuo. Entonces es necesario comprender lo que está ocurriendo desde el punto de vista psicosomático.


EL TIGRE


La cualidad motriz más relevante del tigre es la fuerza tendínea y muscular. Cuando identifica a su presa la mira con mucha concentración y camina sigilosamente hacia ella. El felino demuestra un espíritu valiente y fiero. El ejercicio físico del tigre activa el riñón, cuyo movimiento de energía es unificador y con tendencia al descenso. Este órgano se identifica con el agua, caracterizada por un comportamiento energético mínimo pero que encierra el máximo potencial.

A nivel físico los riñones almacenan la esencia y controlan la reproducción, el crecimiento y el desarrollo. Producen médula y sangre, controlan el tejido óseo y también se relacionan con las glándulas suprarrenales.

Los riñones emergen en los oídos. Su víscera asociada es la vejiga, que almacena la orina y controla la excreción. A nivel psicosomático, el miedo paraliza y bloquea la energía renal. Si éste es repentino provoca tal desajuste en la energía de la vejiga que hace evacuarla inmediatamente. El miedo es un código biológico para la supervivencia ante una amenaza o peligro, activa el mecanismo de la autodefensa bien con una acción de huida o de ataque. Por tanto, al miedo se le puede considerar como un excelente amigo que vela por la seguridad y que solamente es negativo cuando se siente a raíz de situaciones de peligro imaginarias. La demanda neurótica de cosas, el apego y aferramiento a lo material, es una búsqueda de seguridad que encubre esta emoción.

A nivel somatopsíquico, la energía renal equilibrada desarrolla con su comportamiento unificador una gran confianza en las propias capacidades y favorece una personalidad con gran fuerza de voluntad, como es el caso de personajes muy activos que empujan siempre los asuntos hacia delante. Cuando se origina un trastorno, la energía de los riñones baja y la persona siente pesadez en los miembros inferiores a la vez que es presa del miedo y del pánico. Todas las fobias, como el miedo a los espacios cerrados de la claustrofobia o a los espacios abiertos de la agorafobia, tienen su origen en una disfunción energética de este órgano. Cuando la energía renal es débil aparece la timidez y la persona se asusta de todos y de todo. Los riñones son la casa de la intención y la volición, así como de la libido o Zhi, que descendiende en caso de desequilibrio energético.

EL CIERVO


El ciervo, animal herbívoro, mantiene en todo momento un comportamiento tranquilo y contemplativo, ladea el cuerpo con sencillez y facilidad para admirar el paisaje. El ciervo se relaciona con el órgano del hígado y se identifica con el movimiento básico de la madera, distinguido por un carácter energético generador y elástico que crece hacia arriba. A nivel físico el hígado almacena la sangre y regula la circulación y distribución uniforme del Qi. También ejerce una función de control sobre el tejido tendíneo y sobre la uñas y emerge en los ojos. Su pareja es la vesícula biliar, que almacena y excreta la bilis. A nivel psicosomático se sabe que los frecuentes ataques de ira dañan al hígado, que a su vez provoca una mayor tendencia a la irascibilidad. De ese modo se establece una rueda sin fin de energía emocional destructiva que se auto perpetúa.

A nivel somatopsíquico el equilibrio de la energía hepática remarca las cualidades de amabilidad y bondad. Una carencia de la energía yin facilita que la energía yang del hígado empiece a quemar como un incendio descontrolado, provocando ira y agresividad. La energía yang asciende en pequeñas descargas que llegan hasta el corazón, residencia del espíritu, y produce migrañas, dolor de cabeza, mareo y confusión mental. Si la hiperfunción energética persiste se pueden generar piedras en la vesícula biliar. Por otro lado, la carencia de energía yang acrecienta el yin del hígado y esto se traduce en incapacidad para encolerizarse, lo que origina una actitud ante la vida irónica, sarcástica y cínica. La irritabilidad no manifestada se puede convertir también en frustración. El sujeto que expresa una ira violenta y agresiva desencadena afán de venganza, resentimientos y culpabilidad.

El comportamiento energético generador del hígado cuando está equilibrado favorece una personalidad con gusto por el crecimiento, entendido como trabajo de superación o ambición sana. Aporta una clara perspectiva de futuro con gran capacidad para planear y tomar decisiones. Como el hígado está relacionado con la visión, favorece la memoria visual, la fantasía y la imaginación. Es el espíritu de iniciativa, emprendedor y explorador. El hígado es la casa del alma, Hun, nivel psíquico que desvía hacia el cuerpo los excesos de las emociones, es decir, los somatiza, con la misión de proteger al corazón.

EL OSO


La motricidad del oso cuando se yergue sobre sus dos patas sólo es torpe en apariencia, pues esconde dos cualidades excepcionales como son la estabilidad y el aplomo. Su espíritu es firme y seguro. El oso se relaciona con el bazo-páncreas cuya energía estabilizadora se identifica con el movimiento básico de la tierra. Se caracteriza por un comportamiento energético que sube y baja uniformemente. A nivel físico, el bazo-páncreas se localiza justo en el centro del tronco, regula la transformación y el transporte de la energía vital, y además controla el tejido muscular. El bazo-páncreas emerge en la boca y se asocia al estómago, que recibe y procesa los alimentos, así como a la glándula timo. La energía ascendente del bazo-páncreas y la descendente del estómago, confiere equilibrio energético a todo el sistema. A nivel psicosomático la medicina occidental reconoce la conexión entre preocupación crónica y trastornos estomacales tales como úlceras e indigestión.

A nivel somatopsíquico, el equilibrio de la energía del bazo-páncreas alimenta las virtudes de la compasión y empatía. El bazo páncreas es la casa del Intelecto, Yi, donde reside el pensamiento lógico y la razón, la crítica constructiva, la reflexión y la memoria. Así, vemos que no se encuentra asociado a ninguna emoción, sino a aspectos intelectivos.

De hecho, cuando sucede un desajuste energético y el bazo-páncreas está en vacío, se desarrolla una excesiva preocupación y fijación persistente en algún problema concreto, que mantiene a la mente ocupada de manera constante. Esto puede volverse una actitud crónica que desemboca en la obsesión si el trastorno es extremo. El desequilibrio acrecienta la intolerancia, el individuo se aísla y no desea relacionarse. El desajuste energético priva al cuerpo de la energía vital nutritiva, perjudica la digestión, provoca dolor abdominal y baja la resistencia. La consecuencia de todo ello es fatiga y letargo.

Sin embargo, cuando el comportamiento energético estabilizador del bazo-páncreas está equilibrado predispone a tener una personalidad con sentido de la realidad, con los pies en el suelo y una muy buena capacidad de adaptación al entorno. La persona analiza, sintetiza y procesa todo tipo de conocimiento transformándolo en experiencia, que utiliza para superar cualquier situación difícil que se presenta en la vida.

EL MONO


Son muchas las cualidades motrices que posee el mono que siempre está en activo. Es hábil, flexible y rápido en todos sus movimientos, tiene una actitud atenta, alerta y responde con prontitud ante cualquier estimulo. El mono se identifica con el órgano del corazón, energía que se corresponde con el movimiento básico del fuego y se caracteriza por un comportamiento energético radiante y expansivo que tiende a propagarse con rapidez. La energía calienta y tiende a elevarse como las mismas llamas del fuego. A nivel físico el corazón regula la sangre y controla los vasos sanguíneos, emerge en la lengua y se asocia con el intestino delgado, que separa lo puro de lo impuro. El pericardio protege al corazón y forma pareja con el triple calentador, un órgano sin equivalencia en anatomía occidental y con una labor puramente energética, dado que coordina la transformación y el transporte de la energía del cuerpo y de los fluidos, además de regular la función térmica de todo el organismo. A nivel psicosomático los estados de agitación perjudican al corazón, por lo que éste tiene propensión a generar todavía mayor euforia y crear un círculo vicioso que no tiene fin.

A nivel somatopsíquico el equilibrio de la energía cardiaca induce a un estado de serenidad y generosidad en el que uno sabe dar y recibir amor. Si el corazón sufre un desequilibrio energético se origina un comportamiento de sobreexcitación, euforia, agitación o alegría desmesurada. El humor se vuelve variable y va de un extremo a otro, se pueden alcanzar estados de histeria y perder totalmente el control. En un caso límite la persona llega a la pasión desmesurada, al fanatismo y puede volverse influenciable. Además, surgen dificultades para comunicarse de manera comprensible, se balbucea e incluso tartamudea. La energía del corazón fluye más lenta y se congestiona, provocando irregularidades en el ritmo cardiaco que se traducen en palpitaciones, taquicardia, nerviosismo e insomnio.

Cuando está equilibrado, el comportamiento energético expansivo del corazón favorece una personalidad comunicativa, con claridad de ideas y gran facilidad de comprensión y asimilación. El espíritu, Shen, habita en dos residencias, la frente y el corazón. En la primera, el espíritu discierne los acontecimientos de la vida y toma conciencia de ellos. En la segunda, equilibra todos los sentimientos y es capaz de expresarlos con sinceridad. La ausencia de emociones no es una opción acertada para mantenerse en equilibrio, ya que la frialdad e indiferencia son síntomas de ausencia de Shen y, en cambio, su abundancia proporciona serenidad y capacidad de dar y recibir amor.

EL PÁJARO


Desde siempre el pájaro ha sido envidiado por el hombre debido a su capacidad de volar, de moverse hacia cualquier dirección en el inmenso cielo, que corresponde plenamente a la idea de libertad. El pájaro es ligero y grácil, sus movimientos son armónicos y elegantes. La grulla, ave de espíritu sereno símbolo de longevidad en China, se corresponde con los pulmones, cuyo comportamiento energético se identifica con el movimiento básico del metal. Éste se caracteriza por un tipo de condensación de la energía en la que las fuerzas que enfrían se mueven hacia adentro, todo lo contrario de la energía expansiva del elemento fuego.

A nivel físico los pulmones regulan el Qi, la respiración y el tránsito de agua en el cuerpo, y también controlan el tejido epidérmico. Los pulmones emergen en la nariz y su órgano asociado es el intestino grueso, que absorbe lo puro y excreta lo impuro. A nivel psicosomático, la respiración superficial y entrecortada que se experimenta durante periodos de ansiedad intensa es un síntoma común conocido tanto por lo médicos occidentales como por los orientales. A nivel somatopsíquico, el equilibrio de la energía de los pulmones alimenta la integridad. De este modo el comportamiento energético condensado de los pulmones predispone a una personalidad que demuestra dignidad y honorabilidad, sabe juzgar con rigor y ecuanimidad y tiene un gran sentido del deber y el sacrificio ejemplar. Los pulmones son la casa del Instinto, Po, el sentido que ayuda a detectar peligros presintiendo lo que es bueno o malo, que gobierna la atracción o repulsión como instinto de supervivencia e intuye las situaciones que están por suceder. Cuando se origina un trastorno yin/yang, el Qi se congestiona, los pulmones se dañan y se desajusta todo el aparato respiratorio. La circulación de la energía altera la respiración y la inhibe, al mismo tiempo que baja la resistencia y debilita el escudo de Qi Protector que rodea el cuerpo. Entonces aflora la tristeza, la melancolía y el sufrimiento, el individuo pierde confianza en la vida y afronta el futuro con pesimismo, vive desesperanzado, tiende al aislamiento y a la soledad.

Como el Doctor Hua To predicaba con el ejemplo, practicaba la serie de ejercicios de imitación a los animales diariamente y sin excederse. Por este motivo vivió de forma equilibrada hasta los 102 años, y su discípulo Wu Pu sólo vivió hasta los 90. Dicen que el Doctor Hua To llegó a ganar mucho dinero, pues sus pacientes se encontraron en plena salud física, emocional y mental, y nunca dejaron de pagarle.

Núria Leonelli es instructora de Taijiquan y Qigong, autora del libro Chi Kung, fisioterapia para el bienestar emocional y mental, en el que está basado el presente artículo.






ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (ÍNDICE)

martes, 20 de marzo de 2018

ARTÍCULO (Magazine No. 591)


DESCUBRIR EL ZHAN ZHUANG GONG


En verano del 2004 viajé por primera vez a China para buscar una formación seria en las prácticas energéticas.
Eso me llevó a descubrir un mundo de total contraste al conocer a profesores de diferentes escuelas y métodos. Unos eran médicos investigadores y otros artistas marciales con habilidades realmente sorprendentes.
Todos ellos basaban su práctica en el Zhan Zhuang.
Para mi sorpresa y frustración descubrí que cada profesor tiene su propia forma de enfocar la práctica, a veces muy distinta de la de otros expertos e incluso, en ocasiones, radicalmente contradictoria.  
Estas diferencias son más acusadas entre las prácticas terapéuticas y las marciales, donde existen puntos considerados esenciales para una de las tendencias que resultan totalmente despreciados por la otra.
Dentro de la rama marcial e incluso de una misma disciplina también encontramos estas diferencias de opinión entre los profesores.
Me encontré entonces frente a una verdadera labor de investigación, en la que aprendía técnicas y después las practicaba a diario durante un año.
De esta manera, al tratar de comprender los motivos por los que un profesor en concreto concedía tanta importancia a un punto u otro de la práctica, pude ir sacando mis propias conclusiones.
Aunque generalmente existen razones puramente marciales que considero poco equilibradas porque me han generado problemas. Suelo valorar también lo que este enfoque pueda tener de positivo y adapto entonces esos aspectos a mi práctica.
Mi idea es presentar el Zhan Zhuang en este artículo siguiendo mi propia experiencia, conclusiones y práctica personal.
Espero dar a conocer de esta forma un enfoque correcto de un sistema mucho más difundido que practicado, y que, en la medida de lo posible, contribuya a proporcionar contenido a la actividad energética que cada cual realiza.

Principios fundamentales
La práctica básica del Zhan Zhuang es sencilla, consiste en elegir una postura dentro de la gran variedad existente y mantenerla permaneciendo inmutable durante un tiempo determinado.
Podemos comenzar por cinco o diez minutos hasta llegar a un mínimo de veinte. Lo ideal es permanecer en la postura cuarenta minutos o llegar a completar una hora.
Consiste en «dejar que se haga». Si partimos de la base de que la energía tiene la capacidad de regularse y cultivarse por sí misma, podemos decir que uno de los fundamentos del Zhan Zhuang consiste en «dejar que la práctica se haga sola». Entender esto es el mayor reto con el que nos vamos a encontrar. 
«Si no se hace nada, todo se hace», es una frase que en el Zhan Zhuang de base adquiere un enorme significado. Esto es lo que nos confunde y no terminamos de entender.
Conocemos también la influencia de la mente sobre la actividad energética y sabemos que cuando adoptamos una actitud mental de tensión la energía se estanca en los órganos y en la estructura del cuerpo.
Estas tensiones pueden originarse por diferentes causas que provienen de las situaciones a las que nos vemos expuestos durante nuestra vida diaria. Con la relajación del cuerpo y la mente el Qi puede liberarse, cultivarse y así regular el sistema.
Practicar a partir de la energía, no de la tensión
La tensión produce sensaciones como tirantez, dolor, calor, entumecimiento, emociones bloqueadas, etc... Todas estas manifestaciones tienen que ver con una acumulación de energía que se ha estancado.
En cuanto a la relajación, no consiste solamente en aflojar los músculos. La verdadera relajación es la liberación de la energía en cualquier postura o actividad física.
Por esa razón no podemos empezar a cultivar la energía desde la tensión y, sin embargo, cuando abordamos la práctica de Zhan Zhuang la tendencia general es comenzar con la postura del «abrazo del árbol». 
Esto resulta sorprendente, no tanto por la popularidad de esta postura, sino más bien porque trabajar la energía partiendo de esta base conduce a la mente del practicante a un auténtico campo de batalla.
Solo hay un desafío entre él y la tensión que él mismo genera, y la actividad energética que pueda surgir se queda bloqueada en el pecho y la cabeza.
De esta forma el practicante puede llegar a obtener sensaciones básicas de Chi a las que suele dar una importancia que no tienen realmente y apegarse a ellas sin evolucionar más allá.

Establecer una base sólida
La práctica energética debe comenzar por posiciones básicas, cómodas y estructuralmente correctas, y dejar que la mente sea libre de abandonarse a experimentar, reconocer y descubrir.
La primera etapa consiste en esto, descubrimiento y reconocimiento, y esta fase es primordial puesto que prepara el sistema.
Una vez superada esta etapa, el entrenamiento energético se orienta hacia la práctica personal, bien sea marcial o con otros fines, pero para ello se necesita que el trabajo de preparación sea metódico y muy cuidado.
En esta primera fase surgen los mayores cambios, las sensaciones evolucionan cada día, los órganos internos se activan naturalmente y los canales se desbloquean y preparan para un movimiento energético de mayor volumen.
La energía surge de lugares donde lleva estancada mucho tiempo y esto permite unificar y afianzar la raíz en dan tian. 
Si admitimos que la práctica del Zhan Zhuang es energéticamente eficaz, que nos puede llevar a trabajos realmente fuertes y que se trata de nuestra salud, entenderemos por qué necesitamos un sistema energético adecuado que lo asimile y también la importancia de dedicarle tiempo y atención.
Para ello el sistema del Zhan Zhuang comprende diferentes posturas que podemos adecuar a las limitaciones de cada persona.
Esto puede ir desde adoptar la posición de tumbados o sentados hasta prácticas con un enfoque marcial de alto nivel y dificultad, cada cual, evidentemente, con distintos grados de eficacia. 
En cualquiera de las formas o posturas es importante mantener una estructura física correcta donde los meridianos, los músculos y el esqueleto formen un conjunto idóneo para el movimiento libre del Qi.

¿Qué sucede entonces?
Los órganos internos se activan y comienzan a mover Qi por los meridianos.
Esto requiere ciertas precauciones, porque al adoptar posturas cómodas las sensaciones que surgen cautivan al principiante y muchas veces alarga demasiado el tiempo de mantenimiento de la postura.
Si esto ocurre puede pasar que al día siguiente o incluso a los dos días no pueda levantarse del sofá, no tenga energía vital ni fuerza para mantenerse en pie y anímicamente se quiera morir. Ha dejado a los órganos internos exhaustos, les ha exigido en exceso.
La práctica correcta se asemeja al desarrollo de la capacidad muscular. Si trabajamos metódicamente, su desarrollo será el adecuado, pero si el primer día hay un exceso de entrenamiento, en los días siguientes los músculos no van a responder.
Aunque no nos damos cuenta, es muy importante saber que estamos solicitando a los órganos internos un verdadero esfuerzo para mover energía. Trabajar con un importante volumen de Qi requiere ejercitarlos con método y ciertos ritmos.
Los órganos activan la energía por los meridianos, que se mantienen relajados y libres de tensiones y dejan espacio al Qi para que llene el cuerpo. 
Entonces comenzamos a percibir con claridad sensaciones que evolucionan continuamente. Por regla general y durante una misma práctica, podemos apreciar un cambio significativo cada diez minutos, pero esto constituye todo un proceso.
Primero necesitamos un tiempo para adquirir la postura correcta y centrarnos en lo que hacemos. Después se activan los órganos y el Qi va abriendo los canales hasta llegar a la piel y al interior del cuerpo y, más tarde, se expande hacia fuera.
Cada fase nos genera unas sensaciones diferentes, que varían en cada práctica y, llegado el momento, hay algunas de ellas que no vuelven a aparecer y otras que parecen estabilizarse. La respiración y el ritmo cardíaco también se estabilizan, esto significa que el sistema está listo y que se pueden acometer trabajos más intensos.
Este proceso, por ser el más delicado y complejo, requiere de la atención y la supervisión de una persona experimentada para no caer en errores que puedan desviarnos. 
Cada día surgen nuevas sensaciones y experiencias, unas agradables y otras no tanto. Muchas veces el principiante queda desconcertado y le surgen dudas, o saca conclusiones propias que le llevan a experimentar por su cuenta apartándose del camino correcto.

La práctica terapéutica
El Chi Kung forma uno de los pilares de la medicina tradicional china junto con la acupuntura, el masaje, la dietética y la fitoterapia.
Se estudia en distintos países con el apoyo de organismos oficiales, tomando técnicas antiguas de salud, prácticas marciales y aquellas orientadas hacia la espiritualidad y la regulación emocional.
La elaboración de sistemas con resultados evidentes proviene de la experiencia con los pacientes. 
De ella se sacan conclusiones, se toma lo que se muestra realmente efectivo y se descartan aspectos considerados más afines a la tradición que a su eficacia real. 
Esto es uno de los motivos por los que la ciencia médica entra en conflicto con las prácticas marciales más tradicionales.
El método terapéutico básico del Zhan Zhuang pretende mantener el sistema energético repleto y activo para evitar disfunciones y potenciar la salud. 
La práctica que yo he estudiado trabaja desde el exterior hacia el interior, evitando que la energía salga del cuerpo y se disperse. Es primordial comenzar con posturas básicas y situar las manos a la altura del vientre para desarrollar una raíz firme en el dan tian.
Al principio, el nivel al que colocamos las manos determina la altura donde se genera una mayor actividad energética.
Esto se debe, entre otras razones, al fuerte vínculo que hemos creado a lo largo de la evolución humana entre la mente y la actividad manual. Inconscientemente las manos mantienen la atención en la zona donde se sitúan y ésta atrae al Qi.
Una práctica con las manos a la altura del pecho sin haber desarrollado primero la raíz en el dan tian genera tensión en los hombros, espalda, costados y pecho.
Esta tensión supone una acumulación de energía en la zona más alta del cuerpo que cuando se libera es atraída por la fuerza del corazón y produce taquicardias.
Si se aloja en la cabeza provoca falta de sueño, nerviosismo, hiperactividad mental, etc... Cuando el volumen energético aumenta puede traer problemas más serios.
Este es un motivo importante por el que debemos comenzar la práctica situando las manos a la altura del vientre durante el tiempo necesario para que la raíz pueda desarrollarse.
Cuando ya es firme podemos adoptar otras posiciones con la seguridad de que la energía está debidamente asentada. De esta forma el Qi permanece unificado y estable y la mente se mantiene muy tranquila y centrada.
Mi profesor, el doctor Han Bin del Beijing Traditional Medicine Training Centre es médico e investigador. Ha dirigido por encargo del gobierno chino programas de investigación sobre los efectos del Chi Kung en determinadas enfermedades.
El profesor insiste en que la práctica debe realizarse en estado de calma. A menudo me dice que debe ser como pasear por un bonito parque, cuando la mente está muy tranquila y abierta observando y disfrutando, uno se siente parte de la experiencia pero sin involucrarse o apegarse a ella, dejando que fluya.
Esa es la manera natural que conduce a grandes logros.

La práctica del profesor Han
En un principio mantenemos la atención y la respiración en el vientre. Los ojos permanecen cerrados y orientados hacia la punta de la nariz o bien entreabiertos y con la mirada dirigida hacia el suelo, en un punto situado a unos dos metros de distancia.
La finalidad de todo consiste en focalizar la atención y mantener una consciencia del dan tian. Como resultado, la energía se concentra, el sistema energético se vuelve hacia el interior y almacenamos Qi.
En una segunda fase ya tenemos energía disponible, una raíz formada en el dan tian y el sistema repleto.
Entonces podemos llevar la atención al cuerpo de una forma más generalizada, tanto a los músculos, huesos y órganos como a la piel. 
Cuando logramos un estado del sistema energético donde los meridianos están activados y podemos mantener la conciencia del cuerpo físico, el Qi penetra y nutre cada célula, energizando también la sangre y los fluidos corporales.
Hasta este momento hemos estado preparando el sistema interno, el microcosmos, y después pasamos a enfocar el entrenamiento hacia una interacción energética con el universo del que formamos parte y con el que nos relacionamos de manera directa.
Uno de los sistemas de trabajo más conocidos concede un papel relevante a la respiración. La utiliza para mantener la mente centrada en el ejercicio y así darle una referencia importante sobre la actividad que debe llevar a cabo en la expansión y concentración del Qi.
La respiración supone una ayuda inicial para la mente hasta que somos capaces de diferenciar las sensaciones de Qi y trabajar directamente con ellas.
Entonces la respiración pasa a otro plano y podemos emplearla de distintas formas dentro del mismo ejercicio.
Así se induce el movimiento del Qi hacia dentro y hacia fuera buscando una conexión entre lo externo y lo interno por medio de los meridianos.
Una vez lograda esta conexión permanecemos en calma con la atención en el dan tian o en el cuerpo permitiendo que el intercambio de Qi se produzca naturalmente y disfrutando de la sensación de la regulación del sistema «como si observáramos un bonito paisaje».
Cuando somos capaces de centrar la atención en un punto del vientre y al tiempo mantener una conciencia de todo el conjunto, las energías que nos rodean comienzan a fluir en nosotros hacia el dan tian.
Esto es posible desde un estado de conciencia sin pensamientos, donde los sentidos pueden estar ausentes o bien volverse extremadamente agudos y el concepto de tiempo desaparece.
A esto le llamamos «estado Chi Kung»,en el que estamos mirando dentro y descubriendo desde la observación multitud de sensaciones y reacciones internas que practicando de otra manera se pasan por alto.
Eso proporciona mucha información acerca del estado físico, energético y emocional que tenemos.
Dentro de la rama terapéutica se diseñan posturas con la finalidad de estimular los meridianos a partir de la postura estática, teniendo en cuenta la patología, estación del año, la predisposición natural de cada cual, etc.
Muchas veces necesitamos hacer más hincapié en terrenos específicos y para ello combinamos diferentes posturas de brazos y piernas donde queda más patente la estimulación de meridianos concretos.
La mente se dedica a la visualización y relajación de los mismos a la vez que mantenemos un cierto estiramiento, y así estos canales energéticos se activan especialmente sobre el resto del sistema.
Personalmente no me produce gran interés la práctica marcial pero creo que el entrenamiento del Da Cheng Zhuang puede aportar aspectos muy destacables al sistema terapéutico.
Es una práctica que trabaja desde adentro hacia afuera y abre rápidamente los canales, fortalece los órganos internos y permite exteriorizar Qi.
Esto conlleva un efecto de limpieza en todos los sentidos. En esta modalidad los órganos internos movilizan Qi en los meridianos generando una fuerza externa. 
Por eso es importante preparar correctamente el sistema energético y, sobre todo, entrenar la capacidad de los propios órganos, ya que van a estar sometidos a un trabajo considerable.
En un primer nivel de este sistema la actividad mental está centrada únicamente en la relajación del cuerpo y de los pensamientos. 
Entonces la energía surge, llena el cuerpo de manera gradual y ocupa el lugar de las tensiones.
Debido a esto la relajación se hace más natural, y poco a poco la sensación del cuerpo físico y material va siendo sustituida por otra de plenitud, de energía y expansión. 
La mente se transforma en conciencia, ya no hay pensamientos, sólo es conciencia abierta de energía.
Esto también incluye a los sentidos, y podemos llegar a tener los cinco sentidos completamente presentes.
La presencia posibilita el cultivo de un sexto sentido, la intuición, y entonces somos capaces de percibir un ataque inesperado y reaccionar. 
En la práctica marcial es de vital importancia la capacidad de reacción, por eso se diseñan ejercicios para potenciar esta habilidad. El Zhan Zhuang, en sus niveles más elevados, puede dotar al practicante de capacidad de intuición y reacción instintiva.
La práctica del Da Cheng Zhuang genera sólidos vínculos entre el cuerpo, la mente y la energía. En ella mantenemos cada una de las diferentes posturas, la mente las asimila y surge el desarrollo de la energía en sintonía con la estructura física y mental.
Los tres aspectos se fusionan y crecen juntos, creando un conjunto en perfecta armonía de poder y eficacia, de forma que el mínimo estímulo en cualquiera de los tres aspectos hace que surja una reacción instantánea del conjunto, expresándose con fuerza explosiva en un ataque o inhibiéndose y desapareciendo si es atacado.
En este sistema se practican de esta manera diferentes posturas.
No son un gran número habida cuenta de que debe entrenarse cada una durante el tiempo suficiente, en contraste con otros estilos internos donde se invierte mucho tiempo en aprender series de movimientos con todas sus aplicaciones y variantes.
En ellos el practicante invierte su energía en técnicas, agilidad, potencia, elasticidad, movimiento, respiración, ataques y defensas... Sin embargo, las prácticas como el Yi Quan se fundamentan en el desarrollo del verdadero poder en detrimento de la variedad de ejercicios.
Este poder solo puede obtenerse practicando las posturas estáticas con tiempo y dedicación.
Una vez asimilado este trabajo se entrena Shi Li.
Podemos definir este término como la aplicación del Zhan Zhuang al movimiento. 
Practicándolo desarrollamos la capacidad para movilizar todo ese potencial energético en una actividad marcial. Y una vez dominamos el Shi Li llega el Fa Li, o fuerza explosiva.
Shi Li es un entrenamiento de gran dificultad ya que debemos unificar perfectamente el cuerpo y el movimiento manteniendo una actitud mental muy concreta, bien asimilada primero en el Zhan Zhuang, y una armonía total entre el pensamiento y el no pensamiento, entre la actividad y la quietud, el estar y el no estar.
El entrenamiento Shi Li consta de ejercicios de repetición muy básicos que, practicados con disciplina, se convierten en una verdadera expresión del poder interno, de eficacia sorprendente.
Mi maestro Jin me decía: «Shi Li son muchos Zhan Zhuang, uno después del otro. Tai Chi son muchos Shi Li. Se debe comenzar así por la postura estática, luego Shi Li y después el Tai Chi Chuan».
Así, la práctica verdadera y tradicional del Tai Chi Chuan comienza también por desarrollar un buen sistema energético.
Cultivar la energía significa permitir que se desarrolle naturalmente, despacio, con atención constante, cada día durante varios años, hasta que el dan tian y los vasos estén repletos y nuestro Qi se unifique con el de la naturaleza, con el cielo y la tierra. 
Esto ocurre porque los órganos internos se fortalecen, la médula se nutre y el espíritu se eleva.
Los pasos de la práctica del Tai Chi Chuan incluyen el Zhan Zhuang Gong en la postura Ma Bu y la postura Quan en sus diferentes variantes.
En la antigüedad, los practicantes del Tai Chi Chuan debían primero practicar estas posturas durante años para reunir más poder en las extremidades inferiores, y después entrenar con los ejercicios de empuje de manos.
En cualquier arte marcial interno, el practicante debe saber que si no pasa por este refuerzo de habilidades específicas, sus extremidades inferiores carecerán de poder y será muy fácil que su centro de gravedad sea desviado.
En antiguos manuscritos se encuentran referencias al Zhan Zhuang con respecto al Tai Chi como las que siguen:
«Al principio se requerirá sólo cinco minutos de entrenamiento y progresivamente se aumenta la duración. 
Más tarde, después de un largo período de práctica, las extremidades inferiores reunirán un gran poder interno, mientras que el dan tian estará lleno de Qi.»
«Practica esta postura, no importa si puedes dedicar a otro entrenamiento mucho o poco tiempo. Si eres perseverante conseguirás todos sus beneficios al mejorar tus órganos internos y tu mente, y promover la circulación de Qi. 
Tu cuerpo entero ganará poder interno mientras la cintura y las piernas adquieren habilidades físicas para las artes marciales.
El entrenamiento del Zhan Zhuang incluye desplazamientos hacia delante, hacia atrás, derecha e izquierda, centro, ataque y defensa, etc... Todas estas habilidades son esenciales en el Tai Chi Chuan».
La práctica del Tai Chi supone un método muy natural, armónico, suave y equilibrado de regulación en todos los sentidos.
Hay que dedicarle tiempo, ser perseverante y muy celoso en su aprendizaje. El practicante actual busca lo interno desde lo externo, invierte gran dedicación a la correcta ejecución de la forma buscando constantemente relajación y armonía, pero las sensaciones internas no llegan.
Debe saber que se necesitan quince años de práctica diaria de una misma forma de longitud media para que surja por sí solo. 
Por eso creo que el practicante serio actual debe conocer métodos eficaces de desarrollo y manejo de energía como son el Zhan Zhuang y el Shi Li, saber adaptarlos y comenzar un verdadero cultivo interno.
Entonces la práctica tiene sentido.
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