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martes, 15 de octubre de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 609)

EL ZORRO Y EL CENTAURO (y Fin)

El Tai Chi, además, es la puerta de entrada a nuestro mundo contemporáneo, para el resto de las artes de vivir taoístas, en especial para las “artes de cámara”, y más específicamente las referidas a los biorritmos humanos. El taoísmo, a través de sus artes de vida, pone énfasis en la armonía del hombre y sus ritmos (desde los pulsos y la respiración a las fases de la vida humana) con los diversos ciclos naturales (día y noche, mes lunar, estaciones, etc.).

Karl Kraus

Si las citadas artes del Camino (Tao) abren las puertas para un “cuidado colectivo de los ritmos y tempos”, el cultivo del conjunto de todas las artes ayudará, en general, a un cuidado profundo e intenso del lenguaje y las imágenes. Karl Kraus dijo alguna vez, que un signo de puntuación correctamente colocado pudo haber evitado que los japoneses bombardearan Shanghai (1937). Esto, que puede parecer una hiperbólica exageración, valga la redundancia, es verdaderamente una afirmación sobre la responsabilidad ante la vida de la escritura y el arte. Luego, Elías Canetti expresará esto mismo de la siguiente manera: * “Ya no hay nada que hacer. Pero si de verdad fuera escritor, debería poder impedir la guerra.”.* El maltrato y devaluación del lenguaje y de las imágenes por los medios de comunicación es el fundamento de sus usos perversos por parte de políticos y empresarios. Así, por ejemplo, al aniquilamiento de un pueblo se le llama “limpieza étnica”; y a una guerra de conquista se la nombra “Operación Libertad”, del mismo modo que un slogan de comida chatarra dice “Me encanta”, mostrando la imagen jugosa de una hamburguesa que ningún consumidor llegará a ver jamás; o como una transnacional maderera altamente contaminante, lanza una propaganda donde aparece un hermoso bosque repleto de animales en vías de extinción.

Elías Canetti

Canetti, entre otros escritores, nos dice que todo artista es un guardián de las metamorfosis, las imágenes y los mitos, de aquellos primordiales (arquetipos) encarnadas en los avatares del devenir humano y natural. Ante el atropello de las imágenes por los mass-media, el artista debe ayudar a las comunidades a resguardar el misterio y la revelación profunda que encierran, desarmando también el engaño y la burla de la propaganda, y dando aliento, además, a sus semejantes ante la violencia del terror y el anonadamiento psíquico.

La cultura verdadera entreteje las almas a través de formas y símbolos, y por ello tiene como centro al arte. Lo militar sustituye las formas por el orden, la más de las veces arbitrario y mecánico, y por ello tiene como obsesión la velocidad. La cultura centra sus valores en la creatividad y el buen vivir. Lo militar es la cumbre del poder ligado a destrucción, muerte, avasallamiento y terror (lo que es lo mismo que decir, el poder anti divino, demoníaco, que no crea ni da vida, sino destruye y mata). Es la versión moderna e inconsciente de la Guerra Santa, donde no se mata y se destruye en nombre de Dios, sino en nombre del hombre que creyéndose señor de la Creación, pero no encontrando sentido en su vivir, prefiere la destrucción, y matar o dejarse matar.

El nihilismo, entonces, es la gran lógica que legitima el exterminio, del mismo modo que nuestra civilidad está fundamentada y agenciada por las lógicas de poder como dominio geo estratégico del modelo militar. Sólo así se comprende que en un marco de precaria sustentabilidad de nuestra especie sobre el planeta Tierra, hayamos derivado en una “sociedad de consumo”, que no es sino la manera “civil” de realizar la producción continua y su inmediata destrucción (en este caso por “consumación” y vencimiento programado), que los nazis tenían como meta industrial-militar de las guerras interminables que preparaban (contra “enemigos hereditarios”, razas inferiores, por “espacio vital”, etc.).

Esto sin contar todas las búsquedas militares actuales para el exterminio o el control máximo: guerra climática y geo-guerra (usar con fines militares huracanes, inundaciones, terremotos, etc.), guerra biológica, guerra química, guerra electroquímica (control genético), control mental con ondas electromagnéticas, control de los alimentos a escala mundial a través de transgénicos, etc.

Albert Camus

El pensamiento de Albert Camus vio en este dilema entre el poder-control asesino, y la fertilidad vital de la cultura, la diferencia fundamental entre el “espíritu histórico” y el alma del artista, entre el nihilista y el rebelde. En el pensamiento nihilista, se es capaz de matar al hombre de hoy, en nombre de alguna ideología, para que pueda nacer el hombre que ésta promete para el mañana. En el alma del rebelde, se prefiere sacrificar la propia vida hoy, si así se salva la vida de otro hombre, cualquiera, aquí y ahora.

La verdadera lucha asimétrica estriba ahora no en ganar guerras sin ganar batallas, como expreso Kutusov, sino en ganar la paz sin guerras (expresas o solapadas), en transmutar el “campo” del modelo militar dominante, en un fértil campo de civilidad y cultura, de dinámicas de paz, creatividad y libertad. En este sentido, cada uno de nosotros como individuo y como colectividad, debe hacer todo lo posible por mesurar el lenguaje elevándolo por sobre la pugna descalificadora y la amenaza de muerte social y política, por rescatar la conversación abierta y fructífera, la tolerancia y el buen vivir, de una manera artística, buscando el desmontaje del modelo militar en toda mente y corazón, y en las prácticas cotidianas. Para así comenzar a resolver las diferencias y conflictos que nos separan en tanto hombres, no sólo restringiendo las posibilidades de la violencia sino generando, a partir de las diferencias, cooperación, civismo y mutua comprensión.

Nuestra civilización industrial, tal como hoy se desarrolla no es sustentable. Esto se sabe desde el siglo XIX, cuando Thomas Malthus alertó sobre el crecimiento geométrico de la población y el crecimiento aritmético de los recursos alimenticios. Resolver este callejón sin salida evolutivo e histórico, es la misión más importante de la humanidad actual. Como hace 80.000 años, cuando una catástrofe prehistórica puso en peligro a la especie humana, son las facultades de comunicación auténtica y de cooperación las que pueden sacarnos del atolladero donde estamos. No la guerra, ni el genocidio, ni la extinción masiva.

El general de la antigua China, Sun Tzu (722-481 a. C.) no conoció las posibilidades del exterminio bélico que hoy nos amenaza. Sin embargo, sus palabras sobre los resultados de la guerra siguen teniendo validez en nuestra actualidad:

“Un soberano no puede poner en pie un ejército en arrebato de ira, ni un general debe luchar sobrecogido por el resentimiento. Porque si es posible que un hombre irritado recobre su serenidad y que el que padece úlceras sea curado, un Estado que ha sido aniquilado no puede rehacerse, y los muertos no pueden volver a la vida” (Sun Tzu. El arte de la guerra).

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AMA TU RITMO
Ama tu ritmo y rima tus acciones, bajo
su ley, así como tus versos; eres un
universo de universos y tu alma una
fuente de canciones.

La celeste unidad que presupones,
hará brotar en ti mundos diversos, y al
resonar tus números dispersos
pitagoriza en tus constelaciones.

Escucha la retórica divina, del pájaro
del aire y la nocturna irradiación
geométrica adivina;

Mata la indiferencia taciturna
y engarza perla y perla cristalina en
donde la verdad vuelca su urna.
Rubén Darío

Comenzamos este texto rapsódico con la Guerra Asimétrica, la cual quería relacionar de cierta manera con características del Tai Chi Chuan. Ahí quedó flotando esa importante frase de Kutusov, de que se pueden ganar guerras sin ganar batallas. Luego aparecieron Rommel y Pancho Villa. Uno, porque al llevar la blitzkrieg hasta sus límites llegó a las fronteras de la Guerra de 4ta generación; y el otro, porque viniendo de la guerrilla, también llevó tácticas de guerra irregular al terreno de la guerra convencional. Luego derivamos hacia el pensamiento de Paul Virilio y su reflexión sobre el modelo militar subyacente a nuestra civilización actual. Lo cual nos permitió hablar de algunas de las características del Tai Chi Chuan y del arte en general, en cuanto a la regeneración cultural necesaria para desactivar el modelo militar civilizatorio moderno, cuyo núcleo lo conforman la velocidad, la manipulación mediática y el terror.

Un amigo mío, Oscar González B., sostiene la teoría de que el arquetipo del Centauro, a través de la importancia de los llaneros en nuestra historia, tiene mucho que ver con el alma colectiva de los venezolanos, para bien y para mal. Dada la importancia de los “hombres a caballo” (gauchos, llaneros, vaqueros) desde la Texas mejicana hasta la Patagonia, bien pudiéramos extender esta idea a casi toda Latinoamérica. De ahí el Centauro de los Llanos (José Antonio Páez) y el Centauro del Norte (Pancho Villa), entre otros. En la mitología griega, los centauros, mitad hombres y mitad caballos, son los protagonistas de una serie de confrontaciones, la “centauromaquia”, que simbolizan el enfrentamiento del hombre civilizado con la naturaleza salvaje. Los centauros son una raza salvaje, brutal y pendenciera. La alegría, simpatía y buen humor que se les adjudica a los del signo astrológico de Sagitario, no hace más que disimular estas características. ¿No somos “un poco” así, nosotros, los latinoamericanos?

Sólo dos centauros mitológicos poseen características distintas de sus hermanos de raza: Folo y Quirón. Quirón es hijo del titán Cronos (transformado en caballo en el momento de la concepción) y la oceánide Fílira. Este centauro era inteligente, sabio, y de carácter afable. Fue preceptor de los grandes héroes mitológicos griegos, como Aquiles, Áyax, Teseo, Jasón, Aristeo, Acteón y Heracles (Hércules). También lo fue del sanador divino, Asclepios. En una pelea contra los centauros, Hércules lo hiere sin querer, con una flecha untada con la sangre de Hydra, un veneno mortal. Dado que Quirón era inmortal, la herida de la flecha no lo mató, pero nunca pudo curar la herida producida. Así se transformó en el “curador herido”, aquel que buscando los remedios para curar su herida incurable, consigue formas de sanar a los otros.

Desde un punto de vista imaginal, Pancho Villa -un Quirón inconsciente- puede ser visto como el “preceptor” de Rommel, el héroe por antonomasia de la Alemania Nazi y también, de la resistencia a Hitler y su régimen. Como todos los héroes mitológicos, el final de Rommel no pudiera ser más trágico.** Sin embargo, hay que considerar que él era un héroe más al estilo de Odiseo (Ulises), cuyas virtudes estriban más en la inteligencia y la astucia, que en la fuerza y el coraje, como es el caso de Heracles o Áyax. Los latinoamericanos nos identificamos más con estas virtudes típicas del zorro, o del conejo, tal como aparecen en los cuentos de Tío Tigre y Tío Conejo, donde éste último burla la fuerza y ferocidad del primero gracias a su inteligencia y zamarrería.

La viveza y pillería del latinoamericano, es también una puerta al cultivo del pensamiento lateral, no lineal, como una forma no sólo de parodia de las formas dominantes de pensamiento, sino del desmontaje de las lógicas lineales del poder producidas por el modelo militar civilizatorio. Pero a veces, esa pillería y viveza se vuelve contra nosotros mismos, como en esas fábulas donde el zorro se pasa de astuto y cae víctima de sus propias estratagemas. En especial, el engañarse a sí mismo es la peor astucia que puede idear el zorro, tal como la podemos leer en la fábula de “El Zorro y las Uvas”.

Los latinoamericanos gustamos de considerar que otros pueblos son tontos, que son “pendejos” (por supuesto, esto también se aplica a otras naciones hermanas, y en una misma nación, a los habitantes de otras comarcas). Esto no hace sino incrementar el resentimiento contra los extranjeros, porque es obvio que estos “pendejos”, especialmente cuando vienen de países del primer mundo, explotan y sacan provecho de los nativos, en una medida tal que ninguna burla o engaño que se les haga puede resarcir de modo alguno.

Latinoamérica es un continente rico en materias primas, acuíferos y biodiversidad, codiciados por los imperios mundiales. Hoy día nos estamos uniendo bajo el temor de que cada país del continente, por sí solo, sería totalmente incapaz de defenderse ante un ataque de alguna potencia determinada a controlar alguna fuente de materia prima, agua o recursos biológicos. Estamos entonces ante el dilema clásico de hacer una “muralla” que nos defienda de enemigos potenciales, es decir, de crear nuestro propio complejo tecnológico-industrial-militar-mediático***; o de seguir creando y armonizando una cultura superior, que nos dé primeramente riquezas de vida y convivencia, y que también pueda asimilar y transmutar en aliado y amigo a cualquier invasor.

Es un dilema porque las posibilidades reales de la cultura, del hacer alma colectiva, estriban en el desmantelamiento del modelo militar subyacente y sus desalmadas lógicas de dominio (velocidad, engaño, terror). Solo así tendremos una cultura que sea norte y fundamento de una auténtica civilización, y no un remedo material de civilidad que se erige titánicamente contra toda cultura y vida.

Kitsune

Así como de China nos vienen los mitos del dragón celeste de la buena suerte y amigo de los hombres, del Japón nos viene la leyenda de Kitsune, el benévolo y mágico zorro de nueve colas. Hace travesuras y a veces hasta se convierte en embaucador, como todos los zorros, pero son animales iluminados, de gran sabiduría y longevidad, que poseen el don de la metamorfosis y de la videncia, de penetrar los sueños de los humanos, de volverse invisibles y de crear ilusiones casi indistinguibles de la realidad. Son además, de buen augurio, y entre sus virtudes está la de ser fiel guardián y amigo. Son especialmente invocados para cuidar templos y ayudar a los lugareños contra espíritus malignos. Los kitsune son los sirvientes de Inari, Diosa shinto de la fertilidad, el arroz, los zorros y la agricultura. Hasta tal punto se relacionan, que en ciertos santuarios, Inari se representa como un zorro.

Si es verdad que el Centauro y el Zorro, como arquetipos, nos tocan como latinoamericanos, hemos de ser capaces de realizar una poderosísima alquimia para transmutar el mero salvajismo y el carácter pendenciero de los centauros, en la imagen altamente pedagógica de un Quirón, un sanador colectivo y preceptor de sanadores. Del mismo modo, en lugar de cultivar una viveza y una astucia vuelta contra nosotros hasta el punto del autoengaño, quizá tendríamos que poder invocar a un kitsune criollo, guardián de nuestra alma colectiva, cuidador de nuestros dones de metamorfosis, fertilidad y sabiduría, y dador de virtudes fundamentales como la amistad.

La verdadera cultura abriga y se decanta por el “amor fati”, un verdadero sentido del destino (el sentido del camino). En cambio, toda guerra representa un albur, un ciego arrojarse al azar. La “fe de la espada” es lo mismo que declararse esclavo de las contingencias. Ya lo señaló hace más de 2.000 años el Oráculo de Delfos, cuando el Rey Creso, de Lidia, lo consultó, preguntándole si debía ir a la guerra contra Persia. El oráculo le respondió: “Creso, si cruzas el río Halys (que hace frontera entre Lidia y Persia), destruirás un gran imperio”. Creso lo interpretó favorablemente e invadió Persia, pero fue derrotado y Lidia terminó cayendo en manos persas. Quizá, el oráculo pudiera interpretarse como que el imperio que se iba a perder era el de la paz, porque, como se dice en artes marciales, el mejor combate es aquel que se evita.

Joseph Goebbels

La Alemania nazi sigue seduciendo nuestros corazones, al decir de Otto Dietrich zur Linde, porque en un mundo nihilista la única fe que subsiste es la de la espada, la fe en el poder brutal y en el mero caos. Es la fe inhumana en un dios ciego y sin mente como Nyarlathotep, el Caos Reptante, de los Mitos de Cthulhu de H.P. Lovecraft. Por eso todavía hoy, ese mago negro llamado Joseph Goebbels nos interpela, como a su auditorio nacionalsocialista de febrero de 1943, sobre la guerra total:

“-¿Quieren ustedes la guerra total?
-Si fuera necesario, ¿quieren ustedes una guerra más total y más radical que lo que hoy no podríamos ni siquiera imaginar?
[…]
-Yo les pregunto: ¿Aprueban ustedes las más radicales medidas en contra de ese pequeño grupo de farsantes traficantes quienes pretenden hacer creer que hay paz en medio de la guerra y que usan las necesidades de las naciones para sus egoístas propósitos personales? ¿Están ustedes de acuerdo que aquellos que menoscaban el esfuerzo de la guerra deban perder sus cabezas?
[…]
-Hagamos que nuestra consigna sea: ¡Pueblo levántate y haz que la tormenta se desate!”
(Discurso sobre la Guerra Total. 18-02-1943)

Goebbels interpela al “lado oscuro de la fuerza” que hay en cada uno de nosotros. La guerra se libra entonces en nuestros corazones, donde el mal acecha al alma solitaria, al decir de Arthur Machen. Quizá debamos entonces recordar las palabras del Dr. Malcolm Sayer (Robin Williams), al final de la película Despertares (Penny Marshall), para poder decirle “¡No!”, de corazón, sin dudas y temores, a esa encarnación moderna del Dr. Fausto, que fue el reichminister Goebbels:

“El espíritu humano es más poderoso que cualquier droga y eso es lo que debemos alimentar. Trabajo, familia… son las cosas más importantes, las que tenemos olvidadas, las más sencillas. Y es verdad, sin tener enfermedad alguna, estamos dormidos, hacemos las cosas mecánicas, no nos sorprendemos de las cosas cotidianas, no nos maravillamos como si fuera la primera vez que la viéramos, las cosas más sencillas las tenemos olvidadas. Hay que alimentar nuestro espíritu, en las cosas que nos gustan, trabajo, familia, leer un libro, pasear, bailar, descubrir cosas nuevas, sacar fotos, pintar, ver un cuadro, hacer deporte, soñar, pensar, un baño en la playa, ver un amanecer o un atardecer, ayudar al prójimo…”
Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No.361 (01-05-12)
Sección "Artículos"

Notas:
*“La profesión de escritor” (ensayo). Elías Canetti. Siguiendo el sentido de estas ideas, un artista marcial del Tai Chi pudiera decir que un movimiento correctamente bien ejecutado pudiera evitar la guerra que cada minuto nos amenaza. Es el “efecto mariposa” llevado al espíritu humano: si el aleteo de una mariposa en Brasil puede provocar un tifón en Japón, como afirma la física del caos, entonces también es posible que un movimiento de Tai Chi bien ejecutado (así como una coma bien puesta, una nota bien tocada, una palabra bien pronunciada, un trazo bien dibujado, etc.) provoque un proceso de paz y reconciliación de magnitud mundial.
**Rommel fue acusado por sus enemigos en el partido nazi como participante en la conspiración para matar a Hitler, en 1944. Se le indujo al suicidio como un modo de proteger su nombre de la acusación de traición, y a su familia de posibles retaliaciones. “Trágico” apunta aquí a todos aquellos dilemas sin solución que jalonan la vida de los hombres: es evidente que el suicidio obligado de Rommel está enmarcado en el dilema básico de que no se puede ser, a la vez, el héroe de una tiranía y el héroe de los que luchan en su contra.
***Nada menos que Dwigth D. Eisenhower, al terminar su segundo mandato como presidente de los EEUU, alertó sobre el inmenso poder del complejo militar-industrial, y el peligro que esto representaba para la democracia y las libertades civiles. Al respecto dijo: “Sólo una ciudadanía alerta e informada puede obligar al engranaje de la inmensa maquinaria industrial y militar de defensa con nuestros métodos y objetivos pacíficos, de modo que la seguridad y la libertad puedan prosperar juntas.” De manera que, recordando la “muralla china” y uniéndolo con lo que dijo Eisenhower, quizá las primeras víctimas de tal complejo industrial-militar-tecnológico-mediático latinoamericano, seamos nosotros mismos.



ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (ÍNDICE)

martes, 17 de septiembre de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 607)

EL ZORRO Y EL CENTAURO (III)
No hay que olvidar, sin embargo, que tanto Rommel como Villa, tuvieron brillantes oficiales bajo su mando, cuya visión estratégico-táctica, un poco más sistemática u ortodoxa, compensaba en buena parte, las virtudes militares heterodoxas de ambos comandantes, que de tan exitosas que resultaban corrían el riesgo de hacerse unilaterales y tendenciosas, y, por tanto, predecibles.

Felipe Ángeles

Villa contó con el general de división Felipe Ángeles (1859-1919), un militar de carrera y hábil estratega, quien fungió como jefe de artillería de la División del Norte. Los análisis de las victorias villistas de 1914, que condujeron a la toma de Ciudad de México, nos hablan de la importante contribución de Ángeles en las mismas. En 1915, Ángeles aconsejó a Villa no atacar a las fuerzas de Álvaro Obregón en Celaya (El Bajío), donde estaban atrincherados las fuerzas federales al estilo del frente occidental europeo (casamatas con ametralladoras, campos de minas, alambradas de púas, etc.). Villa, demasiado confiado de sus dotes tácticas, no le escuchó. El resultado fue la primera de una serie de derrotas que acabaron finalmente con la División del Norte, y más tarde, con el propio Villa y Ángeles.* Demás está decir, que las derrotas y asesinatos de Villa y Zapata truncaron las posibilidades de éxito verdadero de la Gran Revolución Mexicana.

Ludwig Crüwell

El general de panzertruppen Ludwig Crüwell fue personalmente solicitado por Rommel para conducir el Afrikakorps, en 1941, luego de estar bajo las órdenes de Kleist y destacarse en las campañas de Yugoeslavia y Ucrania. Dicen los estudiosos militares, que Crüwell tendió una trampa perfecta para destruir al VIII Ejército británico cuando éste lanzó la Operación Cruzader, una ofensiva aliada destinada a liberar Tobruk a principios de 1942 (por aquel entonces sitiada por Rommel); la misma fracasó cuando impulsivamente Rommel lanzó una temeraria incursión hacia la frontera egipcia, la cual originó una serie de percances que culminaron en la primera derrota del Afrikakorps ante los británicos; y, quizá, en la pérdida de la única oportunidad verdadera de acabar de una vez para siempre con el VIII Ejército, y así poder tomar rápidamente Egipto y el canal de Suez. Tiempo después, conduciendo magistralmente al Afrikakorps en la victoria de Ain El Gazala, fue derribado cuando iba en su avioneta de observación y cayó prisionero de los ingleses. Rommel debe haberlo echado mucho de menos durante los duros encuentros en El Alamein.

Como podemos constatar, una serie de semejanzas y paralelismos unen a los dos legendarios comandantes de los que hablamos, cuyo papel histórico es todavía hoy objeto de fuerte controversia. Pancho Villa: paladín de la revolución o bandido, “Robin Hood” moderno o asesino despiadado, hábil táctico o militar improvisado. Erwin Rommel: general nazi o caballero de la guerra, gran capitán o comandante sobreestimado**, héroe del Tercer Reich y, también, de la resistencia al régimen.***

Además, no hay duda del importante aporte a la leyenda de estos hombres brindado por sus enemigos, en vida y luego de sus decesos. La prensa estadounidense convirtió a Villa de bandido en héroe (y luego del ataque a Columbus, otra vez en villano y asesino), y hasta una película holliwoodense con Villa de protagonista comenzó a ser filmada en plena revolución. En el cenit de su carrera revolucionaria, Villa fue a USA para reunirse con Pershing (quien luego lo perseguiría infructuosamente por el norte de México) y otros altos comandantes de EEUU, debido a que estos estaban entusiasmados con las brillantes tácticas de Villa y querían conocerle personalmente. Luego de su muerte, las fuerzas conservadoras triunfantes de la revolución mexicana, se apoderaron del mito revolucionario, entronizando a Villa en el panteón de los héroes de la Revolución…

Antes de que el mismo Goebbels, Ministro de Propaganda del Reich, lo encumbrara como héroe de guerra, la prensa británica, de la Commonwealth y estadounidense ya había hecho del “Desert Fox” un gran comandante y un caballero cabal en medio de los horrores de la guerra moderna. Como ya señalamos, Churchill le alabó sorpresivamente en la Cámara de los Comunes diciendo que era un “gran general”. Luego, en el 3er Volumen de su obra La segunda guerra mundial, Churchill escribió sobre Rommel:

“También merece nuestro respeto, porque, a pesar de ser un soldado alemán leal, llegó a odiar a Hitler y todas sus obras, tomando parte en la conspiración para rescatar a Alemania, desplazando al maniático tirano. Por ello, pagó el precio más alto con su vida. En las sombrías guerras de la democracia moderna, hay muy poco lugar para la caballerosidad.”

Los generales británicos en Egipto llegaron a sentir una especie de paralizante admiración, que les hacia disculparse de sus derrotas señalando someramente que “bueno, se trataba de Rommel”. Bernard Montgomery, el general británico que finalmente derrotó a Rommel, y quien fuera nombrado en el comando del VIII Ejército justamente porque era “inmune” a la leyenda del “Zorro del Desierto”, lo encumbraría luego como gran estratega por sobre todos los demás grandes generales del conflicto, llegando a colocar en su vehículo de comando un retrato del general germano, para que le sirviese de motivo de emulación y de recordatorio de la envergadura de su rival. Monty quizá siguió el ejemplo de los antiguos griegos, para quien la gloria sólo es alcanzable por la grandeza del contrincante vencido. George Patton llegó a sentir una fijación similar por Rommel, y lo tenía como el vivo ejemplo del ejecutor ideal del tipo de operaciones con blindados, a máxima velocidad, que a él le gustaba comandar.

Bernard Montgomery

A Villa y Rommel, los enlaza, más que nada, el mito trágico que acompaña a los más brillantes comandantes, como Aníbal Barca o Napoleón Bonaparte, que a pesar de la importancia de sus victorias, no lograron cambiar definitivamente una situación estratégica global desfavorable. Villa, junto a Zapata, llegaron a cumplir el sueño de todo revolucionario en armas: la toma del Estado (el poder). Pero, ajenos a ambiciones personales, creyeron que esto bastaba y no aprovecharon sus triunfos para levantar un Estado revolucionario y así sustituir el ejército nacional por uno revolucionario. Cuando quisieron enmendar el error, la situación favorable a la revolución había pasado, y ambos sucumbieron en medio del reflujo revolucionario y el ascenso de las fuerzas conservadoras nacionales e internacionales.

George Patton

En la guerra del desierto nor-africano, Rommel fracasó no sólo porque nunca tuvo los suministros que realmente necesitaba o porque Hitler no concedió importancia al frente libio. Ya en Francia, Rommel había llevado a sus límites la blitzkrieg, y había comprobado que Alemania no estaba preparada plenamente para tal cosa. La motorización parcial de la Wehrmatch, que tantos problemas causaría en la guerra contra Rusia, se debía a insuficiencias estructurales en la industria automotriz del Reich, insuficiencias que ni las industrias automotrices francesa y checa, puestas al servicio de la Alemania nazi, pudieron solventar. Y más problemática aún era la carencia europea de petróleo, materia prima indispensable para llevar a cabo a cabalidad una guerra mecanizada. Estas insuficiencias estructurales industriales y el escaso acceso a materias primas estratégicas, tal como ocurrió en la 1era Guerra Mundial, hacían impracticable una victoria alemana en una guerra mecanizada global. Alemania, la nación del Eje más industrializada, produjo mucho menos aviones y barcos que Gran Bretaña, y mucho menos aviones y tanques que la Rusia soviética. Esto sin nombrar a los EEUU, el “arsenal de las democracias”, país que para entonces producía el 65% de las mercaderías industriales del orbe.

Pero otra cosa también los hermana: ambos estuvieron muy cerca de darse cuenta de un hecho que ahora salta a la vista: que toda guerra es, en esencia, asimétrica; que toda guerra presupone no sólo diferenciales de potencial bélico entre los rivales, sino también, ambigüedades y vacíos interpretativos –llenos de posibilidades de innovación- en las llamadas convenciones de la guerra, que pueden ser ampliamente explotados por un contendor en detrimento del otro. Y debía ser así en estos dos hombres de recorridos singulares. Uno, “prestado” a la guerra convencional desde el bandidaje y la guerrilla; el otro, que desde la profesión militar se fue acercando cada vez más a la tenue y borrosa línea que separa la guerra convencional de los recursos bélicos no convencionales y la creatividad heterodoxa.

Pero justamente las mismas dotes del genio militar le enceguecen a la hora de darse plenamente cuenta de ese descubrimiento crucial. Siente que cada batalla le abre nuevas posibilidades que debe aprovechar en su totalidad. Día a día asume que sólo en la batalla puede cambiarse la situación global desfavorable; que si se aprovechan a plenitud las oportunidades que brinda cada victoria, finalmente la situación estratégica total se tornará a su favor. Un genio militar puede constatar, en una determinada oportunidad, que carece de suficientes pertrechos, pero vence al enemigo y se apodera de los suyos…; de modo que se va convenciendo así mismo de que la respuesta para cambiar el curso desfavorable de la guerra también tiene que estar en una batalla, una batalla decisiva… Esta es la tentación mayúscula que va cegando al genio militar y no le permite descubrir las implicaciones de la guerra y sus asimetrías constitutivas. Así, Villa se apresura a entablar combate con Obregón, debido a que sabe que sus suministros de armas están bloqueados por los estadounidenses. Rommel anticipa que pronto van a llegar los estadounidenses a África, así que no puede perder tiempo y marcha hacia Alejandría, haciendo colapsar así a su endeble red logística. Ambos brillantes comandantes son forzados así a dar batallas “cruciales” y son derrotados decisivamente en las mismas.

Una batalla “crucial” es una convención –principalmente una apuesta psicológica- entre los contendientes sobre la importancia decisiva de un encuentro. ¿Por qué la batalla de Kiev de 1941, no fue una “batalla decisiva”, tratándose de la capital económica de la URSS, defendida por un héroe de la revolución de 1918, el Mariscal Simeón Budionni, y siendo capturados más de 600 mil soldados del Ejército Rojo (para muchos, el peor desastre militar de la historia), y si lo fue la batalla de Stalingrado, una ciudad de menor importancia a orillas del lejano Volga, que acabó con la destrucción del VI Ejército alemán, pero al costo de un millón de bajas por parte soviética? Parte de la respuesta proviene que a los rusos el desastre de Kiev les proporcionó el tiempo que necesitaban para defender Moscú, su capital política y centro de su red de comunicaciones. En cuanto a Stalingrado, la respuesta estriba en la importancia simbólica de la ciudad, dado su nombre (la ciudad de Stalin), del encono puesto durante largos meses no sólo por las tropas combatientes, sino también por las maquinarias de propaganda rivales, y, por supuesto, por el calificativo de desastre que le confirió Goebbels (declarando hasta un duelo nacional), en su intento maquiavélico de usar la derrota para lanzar un equivalente nazi del “sangre, sudor y lágrimas” de Churchill, y empujar así a una Alemania “resteada” en la vorágine de la “guerra total”.

Nguyen Giap

El comandante vietnamita Nguyen Giap, un gran estratega y logístico, pero pésimo táctico, venció a los franceses en una “batalla decisiva”: Dien Bien Phu. Pero años después, contra los estadounidenses, primera potencia del orbe, desarrolló todos los recursos de las “tácticas fabianas”**** y otras posibilidades de la guerra asimétrica, y se dio el lujo de ganar una guerra perdiendo todas las batallas importantes, y es más, transformó en “decisiva” a su favor, una derrota mayúscula, como lo fue la de la Ofensiva del Tet.

“Guerra asimétrica” pudiera entenderse, entonces, como aquella en la cual uno de los contendores, el que es tomado como más débil, desde el punto de vista convencional (inferioridad numérica, escasa preparación militar, menor poder de fuego, inferior tecnología bélica, menores recursos industriales, etc.), tiene la primera opción de ganar la guerra, aún perdiendo todas las batallas, las cuales fungen de escenario ideal para dirimir los encuentros en los términos militares convencionales, pero que no constituyen ni de cerca la totalidad de las posibilidades del acontecer bélico, ni tienen de suyo un carácter “decisivo” en cuanto a determinar al ganador y al perdedor dentro de un conflicto determinado.

El arte marcial del Tai Chi Chuan, pudiera ser entendido así, como una figura arquetípica de toda “guerra asimétrica”. Dichos del arte como “lo débil vence a lo fuerte” o “se empieza después pero se llega antes”, pudieran servir igualmente como lemas instructivos en cualquier curso sobre tácticas guerrilleras. En el Tai Chi, la esencia del combate es una alquimia en la cual el agredido convierte sus supuestas desventajas en puntos fuertes, y el agresor cae derrotado por su misma fuerza, tamaño y rapidez. Entonces, la “asimetría” es esencial para este tipo de combate, pues sin ella sería imposible la alquimia antes descrita.

Esto confiere al Tai Chi, y la cultura que le es concomitante, una cierta importancia desde el punto de vista de la encrucijada civilizatoria en la cual nos encontramos actualmente. Llamamos a nuestra civilización “moderna” y al “sistema” imperante “capitalismo”, como si estas palabras encerraran la verdad simple e inteligible de lo que somos; como si nosotros pudiéramos ver a la sociedad y el tiempo en que estamos inmersos con la misma objetividad y certeza con que estudiamos otras culturas o períodos históricos (si es que esto es igualmente posible). Usando una metáfora cara a las medicinas tradicionales, la “locura económica” que llamamos “capitalismo”, tal como Carl Marx la estudió, tal vez sea el nombre de un síntoma importante, más no la descripción absoluta del síndrome -el mal civilizatorio- que padecemos colectivamente.

Desde que Louis Althusser no pudo demostrar convincentemente en qué consistía la determinación en nuestra sociedad de la infraestructura económica “en última instancia”, que el marxismo, como “ciencia” se adjudica conocer, han surgido diversos y divergentes estudios para tratar de descifrar las compulsiones secretas que motorizan los procesos “civilizatorios” que nos constituyen. Uno de esos estudiosos heterodoxos de nuestro tiempo es el francés Paul Virilio (1932-).

Paul Virilio

En su niñez (1940), Virilio, quien residía en Nantes (puerto sobre el Canal de la Mancha, en Bretaña), fue sorprendido y marcado profundamente por la bliztkrieg del panzergruppe de Hermann Hoth, justamente donde estaba encuadrada la VII panzerdivision de Rommel. De sus reflexiones sobre la velocidad y la guerra, la política y la tecnología, surgiría uno de sus libros más conocidos: Velocidad y política (1977). En el mismo, establece la preeminencia del modelo militar, en la organización de masas y las políticas demográficas civilizatorias (especialmente las modernas), así como la lógica industrial capitalista que es necesaria para alimentar tal modelo en nuestro tiempo. Para Virilio, la busca tecnológica-militar de velocidad y aceleración, es la condición de posibilidad de la acumulación de riquezas y la circulación de mercancías, más que derivar de éstas, de manera que la economía capitalista es una suerte de “economía de guerra”, una economía total, de exterminio. Lo más inquietante de las reflexiones críticas de Virilio, es que la fascinación tecnológica-militar por la velocidad y la aceleración, es solidaria con las tendencias civilizatorias modernas de carácter despótico (totalitarismos). Como han señalado otros importantes pensadores desde otras perspectivas de estudio, ***** la Alemania nazi (como modelo de estado despótico), no es una anormalidad en la historia contemporánea, es un probable destino civilizatorio, a menos que los ciudadanos tomen consciencia de las lógicas mecánicas que preparan, justifican y conducen al arribo de tal posibilidad funesta, y sean así desarmadas por el colectivo.

En su cuento “Deutches Requiem”, J. L. Borges, a través del relato de su personaje, el nazi Otto Dietrich zur Linde, afirma que el Tercer Reich triunfó finalmente, a pesar de su aniquilamiento por los aliados, porque logró imponer su propia lógica constitutiva –la guerra total; la guerra de exterminio- a sus rivales. Estos no convencieron a los nazis de las bondades y conveniencias del cristianismo o de las ideas modernas de “libertad, igualdad y fraternidad”, de los “derechos del hombre y el ciudadano”; no, los sometieron a fuerza de bombardeos indiscriminados, de bloqueo económico contra toda la población enemiga, de velocidad y aceleración máximas de sus ejércitos mecanizados, de propaganda incesante y manipuladora, y finalmente –para sus aliados nipones- terror nuclear. Al respecto Otto zur Linde declara:

“El mundo se moría de judaísmo y de esa enfermedad del judaísmo, que es la fe de Jesús; nosotros le enseñamos la violencia y la fe de la espada. […]. Se cierne ahora sobre el mundo una época implacable. Nosotros la forjamos, nosotros que ya somos sus víctimas. […].”

Esto, sumado a la “bomba de tiempo” de Goebbels (los filmes y fotografías nazis de propaganda que todavía causan fascinación y crean una seductora imagen de “Estado perfecto” sobre el Tercer Reich), y a las aseveraciones del sub-comandante Marcos, sobre la “Guerra Fría” como “tercera guerra mundial” (con su amenaza global de exterminio) y la globalización como “cuarta guerra mundial” (con su amenaza global de exterminio de la humanidad en cuanto a su acervo cultural ancestral, a su diversidad cultural y a su sustentabilidad ecológica, a través de una guerra total económica), nos hacen ver que las teorías de Virilio revelan rasgos de nuestra civilización a los que estamos inconscientes, “dormidos”. Aspectos de nuestra vida cotidiana, como la ropa (que desde los trajes de vestir hasta las vestimentas informales derivan de trajes militares), la mayor parte de la tecnología doméstica, el urbanismo, la sistematización de las comunicaciones y la producción, y mucho más, están originados y pertenecen en gran medida a esa maximización de la velocidad y la aceleración que el modelo militar determina y busca obsesivamente. Por eso no nos debería extrañar que mientras otras civilizaciones tuvieron al ágora, o al templo, como centro y corazón de su cultura, la nuestra tenga como núcleo, el complejo militar-tecnológico-industrial-mediático.

(Continuará…)

Notas:
*A raíz de esa derrota, Ángeles se separo de Villa.
**Mientras Montgomery, en sus escritos, declaró que Rommel no había cometido ningún error estratégico de importancia, otros militares británicos han aseverado, que Rommel no estaba apto para conducir una gran unidad militar, como un cuerpo de ejército, y que a lo sumo, sus mejores dotes de comandante táctico hubieran podido destacar si se le hubiese dado el mando de un regimiento, o, como mucho, una división.
***Todavía es objeto de polémica si Rommel fue un nazi o no, y si participó o no en el complot contra Hitler de 1944.
****Quinto Fabio Máximo (280-203 a.C.) fue un político y militar romano que se enfrentó a Aníbal durante la II Guerra Púnica. Dado que cada vez que los romanos daban batalla a Aníbal, éste los derrotaba completamente, Fabio decidió no enfrentarlo en batalla, sino hacerle la guerra por medios indirectos, hostigándolo con tácticas de guerrilla y atacando sus líneas de abastecimiento, campamentos de rezagados y bases de retaguardia.
*****Michael Foucault, por ejemplo, desde la perspectiva de sus estudios sobre el bio-poder, ha aseverado la tendencia moderna a la excesiva identificación político-social a través de la sangre (“raza”) y la discriminación, segregación y exterminio étnico que esto posibilita. Basta contemplar la historia reciente (Bosnia, Ruanda), para ver la concreción de sus vaticinios.

Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No. 359 (17-04-12)
Sección "Artículos"



ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (ÍNDICE)

martes, 3 de septiembre de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 606)

EL ZORRO Y EL CENTAURO (II)

Emblema del Afrikakorps

Pero la campaña de Francia de 1940 sólo fue el comienzo de la leyenda de Rommel, que se forjaría completamente cuando en 1941 recibe el mando del Afrikakorps, la unidad alemana que debía ayudar a los italianos que luchaban en Libia contra el ejército británico. Rommel nunca fue muy apreciado por sus pares de Wehrmacht, entre ellos otros famosos comandantes de panzertruppe, como Karl Heinz Guderian, Hermann Hoth y Paul Von Kleist, quienes criticaban su excesiva temeridad y el uso desmesurado que hacía de sus dotes de improvisador en el campo de batalla.* Tampoco sus subalternos inmediatos lo querían mucho, por su forma de mandar dura y exigente. Pero en África, no sólo consiguió que lo veneraran sus hombres, la tropa de alemanes e italianos bajo su mando, sino también sus enemigos, los soldados aliados (neozelandeses, australianos, canadienses, indios, sudafricanos, rodhesianos, franceses y británicos) que combatían en la Fuerza del Desierto Occidental, lo que más tarde sería el VIII Ejército británico, al punto que durante buena parte de la campaña del Norte de África, cuando se les preguntaba a los soldados aliados por cuál comandante querían ser dirigidos, contestaban sin pensarlo dos veces: Erwin Rommel.


En aquellos días aciagos, Rommel capturó la imaginación del público occidental (aliado, neutral y del Eje), que siguió atentamente y con admiración la saga del “Zorro del Desierto”, al punto que hasta Sir Winston Churchill, anti nazi a más no poder, tuvo que confesar en la Cámara de los Comunes, su admiración por el general germano. Son varios los factores que convergen en la leyenda de Rommel y el Afrikakorps. La primera es la humanidad que exhibieron durante la contienda. A diferencia del frente ruso, donde se libraba una guerra de exterminio, racial e ideológica, sin cuartel, la guerra en el desierto fue denominada una “guerra de caballeros”. Rommel era el primero en acudir a saludar a los prisioneros aliados capturados y rendirle honores al valor mostrado en batalla, cuando así lo merecían. Siguiendo el ejemplo igualitario de Paul Emil Lettow-Vorveck, Rommel repartía iguales raciones de agua y comida para sus prisioneros, fueran blancos, indostanos o negros, que las que recibían sus hombres y él mismo. Rommel, fiel a sus antecedentes de insubordinación, se negó a seguir las directrices políticas nazis, como hacer redadas de judíos en territorio ocupado, fusilar soldados judíos, o discriminar prisioneros según su raza. De más está decir, que el desierto, con sus temperaturas extremas, donde todo lo necesario para vivir y combatir había que traerlo desde bases situadas a miles de kilómetros, constituía un escenario inhóspito y terrible que hermanaba extrañamente a los bandos rivales.**

Rommel con la XV panzerdivision

También estaba la disparidad de las fuerzas enfrentadas. El Afrikakorps, formado principalmente por la XV panzerdivision, la V ligera (transformada luego en la XXI panzerdivision) y la XC ligera, rara vez llegó a desplegar a la vez más de 25 mil hombres, poco más de una división alemana con sus efectivos completos. Sólo en la fase final de la campaña africana, Rommel desplegaría una mayor cantidad de tropa. Pero ya era demasiado tarde para que dichos refuerzos compensaran en algo la superioridad en efectivos, armamento y suministros de los aliados.

 El grueso de las tropas del Eje en el sector lo formaba el contingente italiano, muy mal entrenado y equipado, y peor dirigido y motivado. De las divisiones italianas, Rommel destacaría a la División acorazada Ariete (que se sacrificó en El Alamein para salvar los restos del Afrikakorps), la motorizada Trieste, y los paracaidistas de la Folgore. Sus rivales británicos no sólo tenían más hombres, cañones y tanques (en El Alamein tendrían un cuarto de millón de hombres), sino la disponibilidad de reservas abundantes, mejores bases de apoyo en Egipto, y superiores recursos logísticos, contando además con el dominio de la Royal Navy en el Mediterráneo.

Sin embargo, el Afrikakorps era el vivo ejemplo de que un contingente pequeño pero rápido y bien organizado, puede ser superior a un ejército mucho mayor pero lento y poco coordinado. Los soldados de Rommel eran expertos en la blitzkrieg (guerra mecanizada de movimientos), y las tropas aliados tardaron en aprender, tras duras lecciones, como pelear este tipo de guerra. Por ejemplo, los británicos tuvieron en muchas oportunidades, más tanques y en gran medida hasta mejores que los de Rommel.*** Pero no se trataba de la calidad ni la cantidad, sino de cómo eran utilizados en el campo de batalla. Los ingleses buscaban siempre una especie de “gran batalla naval” entre tanques, para aprovechar su superioridad numérica y dirimir a su favor la contienda. Rommel, que apreciaba sus escasos panzers, no los utilizaba para eso. Su táctica preferida era la del “escudo y la espada”: detenía y mermaba los tanques británicos con baterías de cañones anticarros y luego mandaba sus panzers intactos, a toda velocidad hacia la retaguardia enemiga, en pos de sus vulnerables zonas de aprovisionamiento, dejando al ejército enemigo sin recursos para proseguir la batalla. De ese modo se produjeron derrotas humillantes, como la caída de Tobruk en 1942, donde 33.000 soldados británicos y de la Commonwealth, se rindieron ante 15.000 alemanes.

Pero por sobre todas las cosas, en el mito del “Zorro del Desierto” y su Afrikakorps estaba el carisma y liderazgo de Rommel. Debido a su visión táctica de que debía estar a la cabeza de sus tropas para tener información de primera mano sobre lo que pasaba en el campo de batalla y así poder decidir con rapidez, Rommel se destacaba no sólo por su arrojo y coraje, sino por la calma que mantenía bajo fuego enemigo. Esto hizo que muchas veces quedara expuesto a ser capturado o se encontrara temporalmente tras las líneas enemigas, cosa que ya le había sucedido en la campaña de Francia. En las frías y estrelladas noches del desierto, los soldados –aliados y del Eje-, en torno a sus fogatas o acurrucados en sus trincheras, se contaban una y otra vez, llenos de admiración, las anécdotas de guerra del valeroso “Zorro del Desierto”, de como se había salvado de tal o cual peligro, de sus gestos caballerosos y compasivos para con sus contrarios, o como se había burlado de sus rivales con tal o cual estratagema. Por ejemplo, una vez Rommel visitó un hospital de campaña neozelandés, y prometió enviarles equipo médico que necesitaban. Resulta que el hospital estaba tras las líneas aliadas, pero nadie hizo nada por capturar al general germano. Y tiempo después, éste mandó al hospital lo prometido.

El apodo de “Zorro del Desierto”, dado por los ingleses, le fue puesto por la astucia, audacia y el oportunismo que extensamente desplegaba en cada batalla, sorprendiendo siempre a los lentos comandantes británicos que, en lastimosa sucesión, intentaron oponérsele.


Se dice que muchas de sus tácticas poco convencionales las había aprendido estudiando las campañas de otro legendario comandante, nada menos que del mexicano Pancho Villa (1878-1923) y su División del Norte. Esto se considera un mito, aunque no sería nada extraño que las tácticas de Pancho Villa fueran estudiadas por militares europeos unas décadas después de terminar la Revolución Mexicana, en el siglo XX, si ya en el siglo XIX, un mariscal ruso había estudiado las campañas de George Washington, ocurridas casi treinta y cinco años antes, a finales del siglo XVIII.

Mariscal Mijail Tujachevski

Así como el francés Charles de Gaulle y el ruso Mijail Tujachevski (y más tarde, a partir de ellos, Karl Heinz Guderian), visionarios de la guerra de movimientos mecanizada, llegaron a sus propuestas innovadoras estudiando las campañas de la Revolución Rusa (donde se destacó el ejército de caballería bolchevique de Budionni) y, sobre todo, observando la guerra polaco-soviética (1918-1921), con los rápidos y profundos movimientos de los ejércitos de caballería de ambos bandos; de un modo semejante, es posible que Rommel haya estudiado el otro gran escenario de guerra de movimientos del siglo XX: los desiertos y planicies del norte de México durante la primera revolución social de la centuria, la Revolución Mexicana; donde combatió uno de los mayores ejércitos de la historia de latinoamericana, la División del Norte, que comandó el general Pancho Villa.

Si esto no fue así, entonces es sorprende los paralelismos entre las estratagemas usadas por el Centauro de Norte y el Zorro del Desierto, en sus respectivas campañas. Quisiéramos creer que es así, que Rommel estudió las campañas de Villa, pues no está mal que, de vez en cuando, América tenga algo que enseñar a los maestros europeos, como humildemente hizo Kutuzov, vencedor de Napoleón, con George Washington. ¿Por qué no?

Ahora bien, la mayor parte del repertorio táctico de burla y decepción del enemigo exhibido por Villa, provenía de los tiempos en que había sido guerrillero, trasladándolos luego a una guerra más convencional, conforme su guerrilla se transformó en un ejército propiamente dicho. Muchas de esas estratagemas provenían de los apaches chiricahuas, que habían combatido a los mexicanos, y, también, convivido con ellos, en la frontera norte del país.

Paradójicamente, Rommel, un militar de carrera, era contrario a la guerra irregular. Por esa causa no aprobó el uso de comandos y saboteadores contra las líneas de suministro británicas hasta que comprobó los excelentes resultados de los ataques británicos de ese tipo contra su propia red logística.


La principal estrategia usada por Rommel que lo asemeja a Pancho Villa, fue el que un ejército debe poder hacerse invisible. En 1916, Villa ordenó una incursión contra la ciudad fronteriza estadounidense de Columbus. Como resultado de esa incursión, se mandó una expedición punitiva a México para capturar a Villa. Una columna de 10.000 hombres al mando del general John Pershing (quien luego sería comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa durante la primera guerra mundial) persiguió a Villa y sus soldados. La columna era principalmente de tropas de caballería, pero también iban unidades motorizadas y vehículos blindados, así como aviones. Acosado por los estadounidenses y los federales mexicanos, Villa simplemente desapareció junto con sus tropas en las serranías del norte de México. Entre las estratagemas que se dice uso el Centauro del Norte para burlar a los gringos, estaba la de hacer caminar a sus caballos de retroceso, para engañarlos sobre la dirección hacia la cual se movía (también se dice que ponía las herraduras al revés a sus caballos). Al final la expedición fracasó, haciendo decir a Pershing: ****

General John Pershing

“Cuando la historia verdadera sea escrita, no será un capítulo muy inspirador para ser contemplado por niños escolares, o inclusive adultos mayores. Habiendo ingresado raudamente a México con la intención de comernos a los Mexicanos crudos, nos regresamos a la primera repulsa y ahora estamos regresando a hurtadillas a casa, como un can callejero fustigado y con la cola entre sus patas”.

Como hemos visto, Rommel sabía hacer desaparecer un ejército, en parte moviéndolo a gran velocidad, y por otra, haciéndose inubicable, tanto por silencio radial como a través de movimientos inesperados, incluso hasta para su propio estado mayor y sus superiores. Por supuesto, en el desierto norafricano, a Rommel le era imposible hacer como Villa, que en caso de extrema necesidad “disolvía” su ejército entre el pueblo, desmovilizándolo en espera de un tiempo propicio para volver a llamarlo a las armas, dejando activo, mientras tanto, sólo un pequeño y móvil grupo guerrillero. Este era el máximo don de prestidigitación del Centauro mexicano.

Francisco Villa y sus “Dorados”

Villa también apreciaba la velocidad, siendo el núcleo de su ejército la caballería, entre los que se destacaba su guardia personal: “Los Dorados”. Además, tanto Villa como Rommel gustaban en particular de los ataques nocturnos sorpresa, ejecutados con rapidez y en el máximo silencio posible.

Otra de las estratagemas de Villa era la de hacer ver que una pequeña parte de su ejército era muy grande (mientras ocultaba los movimientos verdaderos de sus tropas) o que todo su ejército era de mucho mayor tamaño de lo que suponían sus contrarios. Así, amarró ramas a las colas de sus caballos para luego ponerlos a correr (para simular grandes movimientos por el polvo levantado); encendía numerosas fogatas para hacer ver un campamento militar gigantesco; puso sombreros en hileras de estacas para simular contingentes de hombres atrincherados; y, para hacer ver que tenía mucha más tropa, ponía a su caballería a correr en torno a un cerro indefinidamente.

Rommel utilizó todas estas tretas. Apenas llegó a Trípoli en 1941, hizo un desfile militar, y puso a sus pocos tanques a darle la vuelta indefinidamente a una manzana, de modo que la inteligencia enemiga creyera que tenía más armas de las que realmente habían llegado (este truco también fue utilizado por las S.A. y su “Marcha de las antorchas” cuando Hitler fue nombrado Canciller en 1933). Para simular que tenía más tanques o para engañar al enemigo con ataques falsos, amarró troncos a camiones para levantar grandes cantidades de polvo (con ese mismo fin uso luego motores de aviones, colocados en la parte de atrás de camiones), y sobre automóviles de campaña montó falsos tanques de madera y lona. También desplegó campos de minas falsos para retardar los avances enemigos, así como trincheras con maquetas de artillería y muñecos vestidos de soldados, creando falsas posiciones para burlar a la inteligencia aliada.

Pero la táctica preferida de Rommel y Villa era el ataque simulado, seguido de una falsa retirada para llevar a los contrarios a una emboscada hábilmente tendida. En el desierto norafricano, Rommel enterraba sus poderosos cañones antitanque de 88 mm, cubriéndolos con lonas para que simularan dunas. Desde estas posiciones camufladas, se infligían enormes bajas a los tanques enemigos que acudían a las trampas del “Zorro del Desierto”, casi siempre en persecución de una fuerza de panzers rápidos y falsos tanques enviada como señuelo.

Otra táctica dónde Villa era maestro era la del “Caballo de Troya”, disfrazando a sus hombres de soldados federales o usando trenes del gobierno donde se escondían unidades especiales de los suyos, para así sorprender al enemigo y poder abrir una brecha en las defensas contrarias. Rommel adaptó esta táctica a la guerra del desierto africano, lanzando columnas de ataque a cuya cabeza iban tanques y vehículos capturados al enemigo, con sus insignias, y con tripulantes usando uniformes aliados, de modo de confundir las defensas del rival, y así tomarlos por sorpresa.

Pero lo que hacía a Villa y a Rommel unos inigualables líderes tácticos era un especial don de intuición, lo que los alemanes llaman Fingerspitzengefühl: un sexto sentido en la punta de los dedos. El cual permite “leer” el terreno, las posiciones propias y del enemigo, y también el nivel moral (el ánimo) de unos y otros. Sobran las anécdotas en ambos comandantes, donde esa intuición permitió anticipar acciones del enemigo de una manera tan sobrenatural, que inducía a los hombres bajo su mando a una ciega lealtad y una admiración sin límite; mientras que en el enemigo provocaba zozobra y horror. Debido a esa virtud, Villa y Rommel preferían el caos en la batalla, de donde podían sacar el máximo provecho de su intuición, su don de la improvisación y audacia, que la disposición concienzuda y el orden táctico que otros comandantes tienen por ejes imprescindibles de toda acción militar. Esto no quiere decir que todo lo que hacían estuviese bajo el dominio del desorden y la desidia. Al contrario, ambos generales se caracterizaron por preparar muy bien a sus dirigidos, tanto en lo que atañe a disciplina, como a medios materiales y anímicos. Del mismo modo, sus estratagemas y otras acciones militares eran preparadas muy cuidadosamente y con la debida antelación. Además, parte de sus virtudes tácticas provenían de tener excelentes redes de informantes en el propio campo enemigo, y de manejar magistralmente rumores y supuestas “fugas” de información, sólo para engañar a sus contrarios. Todo lo cual necesita tiempo para dar los frutos esperados. Pero todos estos recursos no eran puestos al servicio de un plan rígido y mecánico, conducido desde un cuartel alejado del frente, de espaldas al desenvolvimiento de los acontecimientos, sino que, en sus mejores momentos, la División del Norte y el Afrikakorps, estaban diseñados de la manera más adecuada para adaptarse lo más rápidamente posible a las circunstancias cambiantes de la batalla, y responder con la mayor desenvoltura, fluidez y flexibilidad, a las oportunidades que las mismas brindaban. De modo que muchas de las estratagemas que Villa y Rommel usaron, fueron creadas para un momento determinado, improvisadas casi al instante, para transmutar un problema planteado por el enemigo, en una opción de victoria: recordemos la Batalla de Ciudad Juárez, donde Villa hace avanzar a sus hombres por el interior de las casas, demoliendo con dinamita las paredes, y así evitar las calles y los emplazamientos de ametralladoras federales que las dominaban. En el caso de Rommel, sus contra ataques envolventes, relampagueantes, realizados ante una maniobra similar del enemigo (a la cual un general convencional, en su situación, respondería casi seguramente con una retirada).

(Continuará…)

Notas:
*Estos tres grandes comandantes de panzertruppe, entre otros, ya en Polonia y, luego en Francia, tuvieron que hacer frente a superiores conservadores que les ordenaban detenerse de modo inoportuno. Es famosa la controversia entre Guderian y su superior Von Kluge, la cual se agravaría durante la campaña rusa de 1941. Guderian terminó por acostumbrarse a no obedecer a Kluge. Pero cuando vino la contraofensiva rusa de invierno y Guderian se vio obligado a retirarse, Kluge lo culpó de la derrota e hizo que lo relevaran del mando de la II Panzerarmee, impidiendo así el ascenso a Mariscal de uno de los militares más notables que ha dado Alemania.
**Una anécdota que se cuenta sobre Rommel cuando cayó Tobruk: entre las unidades enemigas capturadas se encontraba una división sudafricana. Los oficiales blancos sudafricanos pidieron que no se mezclaran blancos con negros en el campo de prisioneros. Rommel les contestó que todos habían sido capturados como soldados y como tales serían tratados todos ellos. ¡Imagínense!: un oficial representante de la Alemania Nazi dándole una lección de igualdad a militares de una democracia anglosajona occidental…
***Los tanques Mark III Especial y Mark IV eran superiores a los tanques aliados, pero nunca llegaron a constituir más del 25%, si acaso, de la fuerza blindada de Rommel. Durante la mayor parte de la campaña africana, la fuerza blindada a disposición de Rommel estuvo constituida por un 50% (más o menos) de anticuados tanques italianos, muy inferiores a los modelos aliados.
****Se dice que Villa observó a la columna de Pershing cuando se retiraba y dijo: “Vinieron como águilas y se fueron como gallinas mojadas”. Los partes diarios de Pershing a su presidente decían: “Tengo el honor de informarle a usted que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna”. Bajo las órdenes de Pershing en México estuvieron los futuros protagonistas estadounidenses de la 2da guerra mundial en Europa: Dwight J. Eisenhower y George Patton.

Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No. 358 (10-04-12)
Sección: "Artículos"




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