Mostrando las entradas con la etiqueta Historia militar. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Historia militar. Mostrar todas las entradas

martes, 3 de septiembre de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 606)

EL ZORRO Y EL CENTAURO (II)

Emblema del Afrikakorps

Pero la campaña de Francia de 1940 sólo fue el comienzo de la leyenda de Rommel, que se forjaría completamente cuando en 1941 recibe el mando del Afrikakorps, la unidad alemana que debía ayudar a los italianos que luchaban en Libia contra el ejército británico. Rommel nunca fue muy apreciado por sus pares de Wehrmacht, entre ellos otros famosos comandantes de panzertruppe, como Karl Heinz Guderian, Hermann Hoth y Paul Von Kleist, quienes criticaban su excesiva temeridad y el uso desmesurado que hacía de sus dotes de improvisador en el campo de batalla.* Tampoco sus subalternos inmediatos lo querían mucho, por su forma de mandar dura y exigente. Pero en África, no sólo consiguió que lo veneraran sus hombres, la tropa de alemanes e italianos bajo su mando, sino también sus enemigos, los soldados aliados (neozelandeses, australianos, canadienses, indios, sudafricanos, rodhesianos, franceses y británicos) que combatían en la Fuerza del Desierto Occidental, lo que más tarde sería el VIII Ejército británico, al punto que durante buena parte de la campaña del Norte de África, cuando se les preguntaba a los soldados aliados por cuál comandante querían ser dirigidos, contestaban sin pensarlo dos veces: Erwin Rommel.


En aquellos días aciagos, Rommel capturó la imaginación del público occidental (aliado, neutral y del Eje), que siguió atentamente y con admiración la saga del “Zorro del Desierto”, al punto que hasta Sir Winston Churchill, anti nazi a más no poder, tuvo que confesar en la Cámara de los Comunes, su admiración por el general germano. Son varios los factores que convergen en la leyenda de Rommel y el Afrikakorps. La primera es la humanidad que exhibieron durante la contienda. A diferencia del frente ruso, donde se libraba una guerra de exterminio, racial e ideológica, sin cuartel, la guerra en el desierto fue denominada una “guerra de caballeros”. Rommel era el primero en acudir a saludar a los prisioneros aliados capturados y rendirle honores al valor mostrado en batalla, cuando así lo merecían. Siguiendo el ejemplo igualitario de Paul Emil Lettow-Vorveck, Rommel repartía iguales raciones de agua y comida para sus prisioneros, fueran blancos, indostanos o negros, que las que recibían sus hombres y él mismo. Rommel, fiel a sus antecedentes de insubordinación, se negó a seguir las directrices políticas nazis, como hacer redadas de judíos en territorio ocupado, fusilar soldados judíos, o discriminar prisioneros según su raza. De más está decir, que el desierto, con sus temperaturas extremas, donde todo lo necesario para vivir y combatir había que traerlo desde bases situadas a miles de kilómetros, constituía un escenario inhóspito y terrible que hermanaba extrañamente a los bandos rivales.**

Rommel con la XV panzerdivision

También estaba la disparidad de las fuerzas enfrentadas. El Afrikakorps, formado principalmente por la XV panzerdivision, la V ligera (transformada luego en la XXI panzerdivision) y la XC ligera, rara vez llegó a desplegar a la vez más de 25 mil hombres, poco más de una división alemana con sus efectivos completos. Sólo en la fase final de la campaña africana, Rommel desplegaría una mayor cantidad de tropa. Pero ya era demasiado tarde para que dichos refuerzos compensaran en algo la superioridad en efectivos, armamento y suministros de los aliados.

 El grueso de las tropas del Eje en el sector lo formaba el contingente italiano, muy mal entrenado y equipado, y peor dirigido y motivado. De las divisiones italianas, Rommel destacaría a la División acorazada Ariete (que se sacrificó en El Alamein para salvar los restos del Afrikakorps), la motorizada Trieste, y los paracaidistas de la Folgore. Sus rivales británicos no sólo tenían más hombres, cañones y tanques (en El Alamein tendrían un cuarto de millón de hombres), sino la disponibilidad de reservas abundantes, mejores bases de apoyo en Egipto, y superiores recursos logísticos, contando además con el dominio de la Royal Navy en el Mediterráneo.

Sin embargo, el Afrikakorps era el vivo ejemplo de que un contingente pequeño pero rápido y bien organizado, puede ser superior a un ejército mucho mayor pero lento y poco coordinado. Los soldados de Rommel eran expertos en la blitzkrieg (guerra mecanizada de movimientos), y las tropas aliados tardaron en aprender, tras duras lecciones, como pelear este tipo de guerra. Por ejemplo, los británicos tuvieron en muchas oportunidades, más tanques y en gran medida hasta mejores que los de Rommel.*** Pero no se trataba de la calidad ni la cantidad, sino de cómo eran utilizados en el campo de batalla. Los ingleses buscaban siempre una especie de “gran batalla naval” entre tanques, para aprovechar su superioridad numérica y dirimir a su favor la contienda. Rommel, que apreciaba sus escasos panzers, no los utilizaba para eso. Su táctica preferida era la del “escudo y la espada”: detenía y mermaba los tanques británicos con baterías de cañones anticarros y luego mandaba sus panzers intactos, a toda velocidad hacia la retaguardia enemiga, en pos de sus vulnerables zonas de aprovisionamiento, dejando al ejército enemigo sin recursos para proseguir la batalla. De ese modo se produjeron derrotas humillantes, como la caída de Tobruk en 1942, donde 33.000 soldados británicos y de la Commonwealth, se rindieron ante 15.000 alemanes.

Pero por sobre todas las cosas, en el mito del “Zorro del Desierto” y su Afrikakorps estaba el carisma y liderazgo de Rommel. Debido a su visión táctica de que debía estar a la cabeza de sus tropas para tener información de primera mano sobre lo que pasaba en el campo de batalla y así poder decidir con rapidez, Rommel se destacaba no sólo por su arrojo y coraje, sino por la calma que mantenía bajo fuego enemigo. Esto hizo que muchas veces quedara expuesto a ser capturado o se encontrara temporalmente tras las líneas enemigas, cosa que ya le había sucedido en la campaña de Francia. En las frías y estrelladas noches del desierto, los soldados –aliados y del Eje-, en torno a sus fogatas o acurrucados en sus trincheras, se contaban una y otra vez, llenos de admiración, las anécdotas de guerra del valeroso “Zorro del Desierto”, de como se había salvado de tal o cual peligro, de sus gestos caballerosos y compasivos para con sus contrarios, o como se había burlado de sus rivales con tal o cual estratagema. Por ejemplo, una vez Rommel visitó un hospital de campaña neozelandés, y prometió enviarles equipo médico que necesitaban. Resulta que el hospital estaba tras las líneas aliadas, pero nadie hizo nada por capturar al general germano. Y tiempo después, éste mandó al hospital lo prometido.

El apodo de “Zorro del Desierto”, dado por los ingleses, le fue puesto por la astucia, audacia y el oportunismo que extensamente desplegaba en cada batalla, sorprendiendo siempre a los lentos comandantes británicos que, en lastimosa sucesión, intentaron oponérsele.


Se dice que muchas de sus tácticas poco convencionales las había aprendido estudiando las campañas de otro legendario comandante, nada menos que del mexicano Pancho Villa (1878-1923) y su División del Norte. Esto se considera un mito, aunque no sería nada extraño que las tácticas de Pancho Villa fueran estudiadas por militares europeos unas décadas después de terminar la Revolución Mexicana, en el siglo XX, si ya en el siglo XIX, un mariscal ruso había estudiado las campañas de George Washington, ocurridas casi treinta y cinco años antes, a finales del siglo XVIII.

Mariscal Mijail Tujachevski

Así como el francés Charles de Gaulle y el ruso Mijail Tujachevski (y más tarde, a partir de ellos, Karl Heinz Guderian), visionarios de la guerra de movimientos mecanizada, llegaron a sus propuestas innovadoras estudiando las campañas de la Revolución Rusa (donde se destacó el ejército de caballería bolchevique de Budionni) y, sobre todo, observando la guerra polaco-soviética (1918-1921), con los rápidos y profundos movimientos de los ejércitos de caballería de ambos bandos; de un modo semejante, es posible que Rommel haya estudiado el otro gran escenario de guerra de movimientos del siglo XX: los desiertos y planicies del norte de México durante la primera revolución social de la centuria, la Revolución Mexicana; donde combatió uno de los mayores ejércitos de la historia de latinoamericana, la División del Norte, que comandó el general Pancho Villa.

Si esto no fue así, entonces es sorprende los paralelismos entre las estratagemas usadas por el Centauro de Norte y el Zorro del Desierto, en sus respectivas campañas. Quisiéramos creer que es así, que Rommel estudió las campañas de Villa, pues no está mal que, de vez en cuando, América tenga algo que enseñar a los maestros europeos, como humildemente hizo Kutuzov, vencedor de Napoleón, con George Washington. ¿Por qué no?

Ahora bien, la mayor parte del repertorio táctico de burla y decepción del enemigo exhibido por Villa, provenía de los tiempos en que había sido guerrillero, trasladándolos luego a una guerra más convencional, conforme su guerrilla se transformó en un ejército propiamente dicho. Muchas de esas estratagemas provenían de los apaches chiricahuas, que habían combatido a los mexicanos, y, también, convivido con ellos, en la frontera norte del país.

Paradójicamente, Rommel, un militar de carrera, era contrario a la guerra irregular. Por esa causa no aprobó el uso de comandos y saboteadores contra las líneas de suministro británicas hasta que comprobó los excelentes resultados de los ataques británicos de ese tipo contra su propia red logística.


La principal estrategia usada por Rommel que lo asemeja a Pancho Villa, fue el que un ejército debe poder hacerse invisible. En 1916, Villa ordenó una incursión contra la ciudad fronteriza estadounidense de Columbus. Como resultado de esa incursión, se mandó una expedición punitiva a México para capturar a Villa. Una columna de 10.000 hombres al mando del general John Pershing (quien luego sería comandante de las fuerzas estadounidenses en Europa durante la primera guerra mundial) persiguió a Villa y sus soldados. La columna era principalmente de tropas de caballería, pero también iban unidades motorizadas y vehículos blindados, así como aviones. Acosado por los estadounidenses y los federales mexicanos, Villa simplemente desapareció junto con sus tropas en las serranías del norte de México. Entre las estratagemas que se dice uso el Centauro del Norte para burlar a los gringos, estaba la de hacer caminar a sus caballos de retroceso, para engañarlos sobre la dirección hacia la cual se movía (también se dice que ponía las herraduras al revés a sus caballos). Al final la expedición fracasó, haciendo decir a Pershing: ****

General John Pershing

“Cuando la historia verdadera sea escrita, no será un capítulo muy inspirador para ser contemplado por niños escolares, o inclusive adultos mayores. Habiendo ingresado raudamente a México con la intención de comernos a los Mexicanos crudos, nos regresamos a la primera repulsa y ahora estamos regresando a hurtadillas a casa, como un can callejero fustigado y con la cola entre sus patas”.

Como hemos visto, Rommel sabía hacer desaparecer un ejército, en parte moviéndolo a gran velocidad, y por otra, haciéndose inubicable, tanto por silencio radial como a través de movimientos inesperados, incluso hasta para su propio estado mayor y sus superiores. Por supuesto, en el desierto norafricano, a Rommel le era imposible hacer como Villa, que en caso de extrema necesidad “disolvía” su ejército entre el pueblo, desmovilizándolo en espera de un tiempo propicio para volver a llamarlo a las armas, dejando activo, mientras tanto, sólo un pequeño y móvil grupo guerrillero. Este era el máximo don de prestidigitación del Centauro mexicano.

Francisco Villa y sus “Dorados”

Villa también apreciaba la velocidad, siendo el núcleo de su ejército la caballería, entre los que se destacaba su guardia personal: “Los Dorados”. Además, tanto Villa como Rommel gustaban en particular de los ataques nocturnos sorpresa, ejecutados con rapidez y en el máximo silencio posible.

Otra de las estratagemas de Villa era la de hacer ver que una pequeña parte de su ejército era muy grande (mientras ocultaba los movimientos verdaderos de sus tropas) o que todo su ejército era de mucho mayor tamaño de lo que suponían sus contrarios. Así, amarró ramas a las colas de sus caballos para luego ponerlos a correr (para simular grandes movimientos por el polvo levantado); encendía numerosas fogatas para hacer ver un campamento militar gigantesco; puso sombreros en hileras de estacas para simular contingentes de hombres atrincherados; y, para hacer ver que tenía mucha más tropa, ponía a su caballería a correr en torno a un cerro indefinidamente.

Rommel utilizó todas estas tretas. Apenas llegó a Trípoli en 1941, hizo un desfile militar, y puso a sus pocos tanques a darle la vuelta indefinidamente a una manzana, de modo que la inteligencia enemiga creyera que tenía más armas de las que realmente habían llegado (este truco también fue utilizado por las S.A. y su “Marcha de las antorchas” cuando Hitler fue nombrado Canciller en 1933). Para simular que tenía más tanques o para engañar al enemigo con ataques falsos, amarró troncos a camiones para levantar grandes cantidades de polvo (con ese mismo fin uso luego motores de aviones, colocados en la parte de atrás de camiones), y sobre automóviles de campaña montó falsos tanques de madera y lona. También desplegó campos de minas falsos para retardar los avances enemigos, así como trincheras con maquetas de artillería y muñecos vestidos de soldados, creando falsas posiciones para burlar a la inteligencia aliada.

Pero la táctica preferida de Rommel y Villa era el ataque simulado, seguido de una falsa retirada para llevar a los contrarios a una emboscada hábilmente tendida. En el desierto norafricano, Rommel enterraba sus poderosos cañones antitanque de 88 mm, cubriéndolos con lonas para que simularan dunas. Desde estas posiciones camufladas, se infligían enormes bajas a los tanques enemigos que acudían a las trampas del “Zorro del Desierto”, casi siempre en persecución de una fuerza de panzers rápidos y falsos tanques enviada como señuelo.

Otra táctica dónde Villa era maestro era la del “Caballo de Troya”, disfrazando a sus hombres de soldados federales o usando trenes del gobierno donde se escondían unidades especiales de los suyos, para así sorprender al enemigo y poder abrir una brecha en las defensas contrarias. Rommel adaptó esta táctica a la guerra del desierto africano, lanzando columnas de ataque a cuya cabeza iban tanques y vehículos capturados al enemigo, con sus insignias, y con tripulantes usando uniformes aliados, de modo de confundir las defensas del rival, y así tomarlos por sorpresa.

Pero lo que hacía a Villa y a Rommel unos inigualables líderes tácticos era un especial don de intuición, lo que los alemanes llaman Fingerspitzengefühl: un sexto sentido en la punta de los dedos. El cual permite “leer” el terreno, las posiciones propias y del enemigo, y también el nivel moral (el ánimo) de unos y otros. Sobran las anécdotas en ambos comandantes, donde esa intuición permitió anticipar acciones del enemigo de una manera tan sobrenatural, que inducía a los hombres bajo su mando a una ciega lealtad y una admiración sin límite; mientras que en el enemigo provocaba zozobra y horror. Debido a esa virtud, Villa y Rommel preferían el caos en la batalla, de donde podían sacar el máximo provecho de su intuición, su don de la improvisación y audacia, que la disposición concienzuda y el orden táctico que otros comandantes tienen por ejes imprescindibles de toda acción militar. Esto no quiere decir que todo lo que hacían estuviese bajo el dominio del desorden y la desidia. Al contrario, ambos generales se caracterizaron por preparar muy bien a sus dirigidos, tanto en lo que atañe a disciplina, como a medios materiales y anímicos. Del mismo modo, sus estratagemas y otras acciones militares eran preparadas muy cuidadosamente y con la debida antelación. Además, parte de sus virtudes tácticas provenían de tener excelentes redes de informantes en el propio campo enemigo, y de manejar magistralmente rumores y supuestas “fugas” de información, sólo para engañar a sus contrarios. Todo lo cual necesita tiempo para dar los frutos esperados. Pero todos estos recursos no eran puestos al servicio de un plan rígido y mecánico, conducido desde un cuartel alejado del frente, de espaldas al desenvolvimiento de los acontecimientos, sino que, en sus mejores momentos, la División del Norte y el Afrikakorps, estaban diseñados de la manera más adecuada para adaptarse lo más rápidamente posible a las circunstancias cambiantes de la batalla, y responder con la mayor desenvoltura, fluidez y flexibilidad, a las oportunidades que las mismas brindaban. De modo que muchas de las estratagemas que Villa y Rommel usaron, fueron creadas para un momento determinado, improvisadas casi al instante, para transmutar un problema planteado por el enemigo, en una opción de victoria: recordemos la Batalla de Ciudad Juárez, donde Villa hace avanzar a sus hombres por el interior de las casas, demoliendo con dinamita las paredes, y así evitar las calles y los emplazamientos de ametralladoras federales que las dominaban. En el caso de Rommel, sus contra ataques envolventes, relampagueantes, realizados ante una maniobra similar del enemigo (a la cual un general convencional, en su situación, respondería casi seguramente con una retirada).

(Continuará…)

Notas:
*Estos tres grandes comandantes de panzertruppe, entre otros, ya en Polonia y, luego en Francia, tuvieron que hacer frente a superiores conservadores que les ordenaban detenerse de modo inoportuno. Es famosa la controversia entre Guderian y su superior Von Kluge, la cual se agravaría durante la campaña rusa de 1941. Guderian terminó por acostumbrarse a no obedecer a Kluge. Pero cuando vino la contraofensiva rusa de invierno y Guderian se vio obligado a retirarse, Kluge lo culpó de la derrota e hizo que lo relevaran del mando de la II Panzerarmee, impidiendo así el ascenso a Mariscal de uno de los militares más notables que ha dado Alemania.
**Una anécdota que se cuenta sobre Rommel cuando cayó Tobruk: entre las unidades enemigas capturadas se encontraba una división sudafricana. Los oficiales blancos sudafricanos pidieron que no se mezclaran blancos con negros en el campo de prisioneros. Rommel les contestó que todos habían sido capturados como soldados y como tales serían tratados todos ellos. ¡Imagínense!: un oficial representante de la Alemania Nazi dándole una lección de igualdad a militares de una democracia anglosajona occidental…
***Los tanques Mark III Especial y Mark IV eran superiores a los tanques aliados, pero nunca llegaron a constituir más del 25%, si acaso, de la fuerza blindada de Rommel. Durante la mayor parte de la campaña africana, la fuerza blindada a disposición de Rommel estuvo constituida por un 50% (más o menos) de anticuados tanques italianos, muy inferiores a los modelos aliados.
****Se dice que Villa observó a la columna de Pershing cuando se retiraba y dijo: “Vinieron como águilas y se fueron como gallinas mojadas”. Los partes diarios de Pershing a su presidente decían: “Tengo el honor de informarle a usted que Francisco Villa se encuentra en todas partes y en ninguna”. Bajo las órdenes de Pershing en México estuvieron los futuros protagonistas estadounidenses de la 2da guerra mundial en Europa: Dwight J. Eisenhower y George Patton.

Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No. 358 (10-04-12)
Sección: "Artículos"




ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (ÍNDICE)

martes, 20 de agosto de 2019

ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 605)

EL ZORRO Y EL CENTAURO (I)

“Sostengo que el ejército alemán perdió dos guerras mundiales
por obra del paso de ganso, de la pompa y la jactancia militares,
por obra de cosas tales como las bandas militares y las formaciones
en columna cerrada. Porque un ejército realmente eficaz debería
ser invisible e inaudible.
Alan Watts
Nueve Meditaciones

La guerra de guerrillas –eso que ahora llaman algo pomposamente como “guerra asimétrica”- ha existido desde los albores de la civilización misma, como último recurso de poblaciones inferiores desde el punto de vista militar, acosadas por un enemigo con ejércitos y recursos muy superiores. Para nosotros los latinoamericanos, nombres como los de Ernesto “Che” Guevara, Camilo Cienfuegos, Augusto César Sandino y Antonio Marín alias “Manuel Marulanda”, están unidos indisolublemente a la noción de la lucha guerrillera, dado que fueron grandes capitanes en este tipo de combate. Del mismo modo, más allá de nuestro continente, los nombres del líder chino Mao Zedong, el general vietnamita Vo Nguyen Giap, y, más recientemente, el líder talibán afgano, Mulá (Mohammad) Omar, siguen siendo íconos modernos de la lucha guerrillera.

Por otra parte, se olvida que la mayoría de los comandantes de las guerras de independencia americanas, fueran del norte o del sur, por razones obvias, fueron también maestros destacados de la guerra de guerrillas; siendo este tipo de guerra, más que las grandes batallas que tanto son ensalzadas por las historiografías oficiales, las que decidieron las derrotas de los ejércitos coloniales.

También es bueno recordar que los grandes jefes de la revolución mexicana, como José Doroteo Arango Arámbula, alias Francisco “Pancho” Villa, y Emiliano Zapata, antes de ser los afamados conductores de los grandes ejércitos revolucionarios que entraron en Ciudad de México en 1914, fueron durante gran parte de su vida militar eximios comandantes guerrilleros.


Asimismo, las guerras de los nativos americanos contra conquistadores, colonizadores, y, luego, contra las repúblicas “civilizadoras”, se llevó en gran medida en la forma de “guerra asimétrica”. Desde el arribo de Colón hasta el tiempo presente, desde Guaicaipuro y Lautaro, pasando por Namuncurá y Gerónimo, hasta el sub-comandante Marcos y el ELZN de Chiapas, la guerra de guerrillas ha sido el medio idóneo de los pueblos ancestrales amenazados, en su enfrentamiento desigual con la moderna civilización depredadora.

Sub-comandante Marcos
Debido a que la lucha guerrillera es por definición, la lucha de pueblos menos desarrollados contra ejércitos poderosos, la mayoría de las veces pertenecientes a potencias mundiales, poco se piensa en las naciones europeas, la mayoría de ellas con un historial imperialista y colonialista, como escenarios de luchas guerrilleras. Pero debido a la gran conflictividad que ha mostrado Europa a lo largo de su historia, también ha sido escenario de “guerras asimétricas” como otras regiones del mundo. Por ejemplo, en la “Guerra de los cien años” (1337-1453) entre Francia e Inglaterra, se destacó Bertrand du Guesclin por su maestría en las tácticas guerrilleras, que terminaron arrojando al invasor anglosajón de las tierras galas.

Son también famosas las luchas guerrilleras de los españoles contra la ocupación napoleónica, donde se destacaron comandantes como Juan Martín “el empecinado”, Francisco Chaleco y Moreno Baptista, entre muchos otros. Cuando la Grande Armée se retiraba de Moscú en 1814, el Mariscal Mijail Kutusov prefirió el hostigamiento continuo e implacable de sus partidas de cosacos sobre las columnas francesas, que sacrificar a sus hombres en batallas frontales (sabiduría militar y humanitaria que muchos le han criticado). Kutusov había estudiado las campañas de George Washington contra los ingleses, especialmente la del año 1776, dónde hizo uso de tácticas de guerra de desgaste y hostigamiento indirecto, lo que hizo decir al militar ruso: “se puede ganar una guerra sin ganar una batalla”.*

En la Segunda Guerra Mundial, los maquis franceses, los partisanos rusos y los guerrilleros yugoeslavos dirigidos por el gran comandante Josip Broz Tito (entre otras fuerzas irregulares de la resistencia europea), serían tan importantes para la derrota final del Tercer Reich como las victorias convencionales de los ejércitos soviéticos y anglo-norteamericanos.

Sin embargo, es poco conocido que grandes capitanes y teóricos importantes de la guerra de guerrillas y el combate no convencional provienen del Imperio Británico y del Reich Alemán. Siendo sus campañas, desarrolladas durante las dos conflagraciones mundiales, de las más exitosas que registre la historia de la “guerra asimétrica”. El más conocido entre éstos es el enigmático galés T. E. Lawrence (1888-1935), mejor conocido como Lawrence de Arabia, cuyas tácticas guerrilleras fueron la base del triunfo de los pueblos árabes en su rebelión contra el imperio otomano durante la primera guerra mundial.

Otro excéntrico militar inglés (nacido en la India), Charles Orde Wingate (1903-1944), comandó la “Fuerza Gedeón”, una unidad irregular compuesta de etíopes, abisinios, sudaneses, y británicos, que se infiltraron en la Etiopía ocupada por la Italia Fascista, y junto a la resistencia local, pusieron en jaque a la guarnición italiana, contribuyendo decisivamente a su derrota final, a su vez, la primera de las victorias aliadas durante la segunda guerra mundial. Luego, en el frente indo-birmano, creó a los “chindits” (fuerza irregular anglo-india), que operó exitosamente tras las líneas japonesas, demostrando que con una fuerza bien entrenada se podía arrebatar el dominio de la jungla a las tropas niponas. Su estrategia de la “penetración profunda” (columnas irregulares abastecidas por aire), que incluso podían construir bases fortificadas semi-permanentes en la retaguardia enemiga, ayudó de manera importante en el desplome final de los ejércitos japoneses en Birmania, junto con la hábil estrategia del mariscal Slim y su Ejército 14 (el “Ejército olvidado”). Murió en un accidente aéreo en 1944, sin ver a plenitud la victoria aliada y el valor de sus teorías militares.

Charles Orde Wingate
Por parte germana, tenemos al carismático Obersrturmbannführer de las Waffen-SS, Otto Skorzeny (1908-1975), creador y jefe de los comandos de las SS. El primer gran éxito que se apuntó fue la liberación de Benito Mussolini, prisionero del nuevo gobierno italiano pro aliado, en 1943. Luego, con menos suerte, puso en marcha un plan para capturar a Josip Broz Tito en su cuartel general, atacándolo con unidades de paracaidistas de las SS. En 1944 fue enviado por Hitler a Hungría para evitar que el regente de ese país, Miklós Horty, pactara con el Ejército Rojo. Skorzeny personalmente comandó la Operación Panzerfaust, un golpe de mano que obligó a Horty a dimitir, dejando el poder en manos del pro nazi Ferenc Szálasi. Luego, organizó a sus comandos para que se infiltraran, vestidos como soldados americanos, tras las líneas aliadas, para sembrar el caos y realizar acciones de sabotaje durante la ofensiva alemana en Las Ardenas (1944-45). Sus hombres consiguieron proezas notables, como montar guardia en un puente sobre el río Mosa durante todo un día, antes de ser capturados. Pero su operación corrió la misma suerte que la malhadada ofensiva germana. Sin embargo, se corrió el rumor de que Skorzeny iba tras el jefe aliado general Eisenhower, lo que obligó al mismo a pasar la Navidad de 1944 en total aislamiento, junto a otros importantes comandantes aliados. En ese entonces la inteligencia aliada lo consideró “el hombre más peligroso de Europa”. Hacia el final del derrumbe de Tercer Reich, Skorzeny se desempeñó como comandante de tropas convencionales en el frente oriental, demostrando gran valor y pericia, lo que le valió recibir la más alta condecoración alemana: La Cruz de Caballero con Hojas de Roble.

Otto Skorzeny
Luego de la guerra, organizó la guerrilla nazi Werwolf y la organización clandestina de ex camaradas ODESSA. Entrenó al ejército egipcio y sus unidades de comando, siendo asesor de Nasser. En Latinoamérica fue asesor de Perón y guardaespaldas de Evita. En 1960 creó y organizó una empresa en España para entrenar guerrillas y comandos, entre sus clientes se encontraban los servicios de seguridad sudafricanos y los de Gaddafi (se dice que también la Legión Extranjera Española y los Boinas Verdes estadounidenses).

Paul Emil Von Lettow-Vorveck
Quizá menos conocido que los anteriormente nombrados, el General-Mayor Paul Emil Von Lettow-Vorveck (1870-1964) es sin duda uno de los más exitosos comandantes de guerra irregular de la historia. En el África sub-sahariana, durante la primera guerra mundial, con trescientos alemanes y unos cinco mil soldados nativos o “askaris” (la Schutztruppe), Lettow-Vorveck no sólo defendió con éxito el territorio a su cargo (Tangañika, hoy parte de Tanzania) sino que se dio el lujo de invadir territorios coloniales vecinos pertenecientes a Inglaterra, Francia y Portugal, tales como Rhodesia, Angola, Zambia, Mozambique y Kenia. Desarrolló magistralmente una guerra de guerrillas con su pequeño ejército, derrotando a todos los comandantes aliados que fueron enviados en su contra, a cuyo mando servían contingentes de tropas aliadas muy superiores, formadas principalmente por ingleses, indios, sudafricanos, australianos, franceses, belgas, portugueses y tropas nativas, más los indispensables porteadores. Se dice que más de ochocientos mil hombres fueron enviados en su contra durante los cuatro años que duró la guerra, número que representó para los aliados una carga onerosa, habida cuenta que, hasta la llegada de las tropas norteamericanas, los aliados estaban en desventaja numérica en el frente occidental europeo. Sólo se rindió a los aliados al saber de la capitulación alemana de 1918, casi un mes después de la misma. Por no haber sido derrotado en el campo de batalla, fue el único comandante germano que hizo el desfile triunfal por la Puerta de Brandenburgo y la avenida Unter den Linden de Berlín en 1919. En la experiencia de su Schutztruppe, basó la Abwehr (Inteligencia de la Wehrmatch) la organización y táctica de los comandos “Brandenburgo”, que lograron sorprendentes éxitos, especialmente en el frente oriental, durante la segunda guerra mundial.

Trataremos ahora de la poca conocida influencia de la “guerra asimétrica” latinoamericana, en uno de los más famosos comandantes de guerra convencional del pasado siglo, heredero indiscutido de las “glorias africanas” de Paul Emil Von Lettow-Vorveck: el Mariscal de Campo alemán Erwin Rommel, el “Zorro del Desierto”.

Erwin Rommel (1891-1944) es quizá el comandante de la segunda guerra mundial que más ha capturado la imaginación de sus contemporáneos y de las generaciones posteriores, a pesar de haber servido bajo las órdenes del abominable régimen nazi, tipificado por la ONU como un “Estado criminal”. Su mítica figura es casi inseparable de una de las unidades militares más admiradas de la historia, el legendario Deutsches Afrikakorps (el cuerpo de ejército blindado alemán en África).

En un principio, allá por los años treinta, parecía que Rommel, dentro de la poderosa Wehrmacht que surgía en el beligerante Tercer Reich, no iba a jugar un papel muy destacado en vista de la futura conflagración europea. La Wehrmatch basaba su poderío en las panzerdivisionen, las novedosas divisiones blindadas que transformarían el arte de la guerra para siempre. Rommel había sido comandante de tropas de montaña durante la primera gran guerra, y quizá a lo que más podía ambicionar, con su hoja de servicio, era al mando de una división de montaña. Incluso, en los años de entre guerra había escrito un libro sobre el arma de infantería: La infantería al ataque. Por pura suerte el libro fue leído y recomendado por Hitler. Así que un buen día fue llamado por el Führer para que organizara el batallón de su guardia personal. Como jefe de esa unidad acompañó a Hitler durante la campaña de Polonia en 1939, constatando de primera mano el impacto bélico causado por las panzerdivisionen. Así que, con vistas a la futura campaña en occidente, pidió a Hitler el mando de una división blindada. Hitler le concedió el mando de la VII Panzerdivisión.

Erwin Rommel
Durante la campaña de Francia, la VII panzerdivisión llegó a ser conocida como “la división fantasma”, debido a que aparecía a cientos de kilómetros de donde suponían los aliados debía estar, y a que en más de una oportunidad el alto mando alemán perdió el contacto con la unidad, siendo difícil seguirle el rastro. Rommel llegó a avanzar 320 kilómetros en un día, un verdadero record en la historia militar. Su división fue la primera unidad germana en cruzar el río Mosa, en llegar al Canal de la Mancha, y en alcanzar Normandía. Al mando de la “división fantasma”, Rommel demostró que había nacido para ser un comandante de panzertruppe (tropas mecanizadas). No sólo entendió sino llevó a límites impensados, el concepto de blitzkrieg o “guerra relámpago”, a pesar de no formar parte del “clan” de Guderian, creador del arma blindada alemana. Tomado por la “locura” del ataque vertiginoso y las penetraciones en profundidad, se preocupó muy poco de mantener el contacto con las otras unidades alemanas, y así mismo se despreocupó de sus flancos y retaguardia expuestos y vulnerables. Mandando a sus tropas desde la misma vanguardia de un modo temerario, duro y enérgico, se dio el lujo, por proseguir su frenético avance, de desobedecer órdenes, cambiar planes de ataque y rutas de penetración, desconectándose a propósito de la comunicación con sus superiores, rayando así la abierta insubordinación (cosa que caracterizaría también a otros grandes comandantes de blindados, alemanes y aliados). Descubrió que la mera velocidad y la sorpresa eran armas en sí mismas, cosa que comprobó al lograr que unidades militares aliadas de mayor envergadura que su división se rindieran ante su inesperada y vertiginosa aparición.

(Continuará…)

*Nota: Al final de la guerra de Vietnam, el ex comandante de las fuerzas estadounidenses, General William Westmoreland, dijo amargamente que las Fuerzas Armadas de su país habían ganado todas las batallas, pero que finalmente habían perdido la guerra. Pensamos que, aún siendo estadounidense, no analizó las campañas militares de George Washington con la misma profundidad que el Mariscal ruso Kutusov; entonces no le habría parecido tan absurdo e injusto perder una guerra a pesar de haber ganado todas las batallas. Estoy seguro que Giap –el comandante vietnamita- compartía completamente la aseveración de Kutusov al respecto.
Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No. 357 (27-03-12) 
Sección: "Artículos"


ARTÍCULOS DEL ARCHIVO NEI DAN (ÍNDICE)