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martes, 20 de noviembre de 2018

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 599)

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LOS PÁJAROS Y LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS (y Fin)

Por Christopher M. Moreman
Universidad de California, East Bay


Sostengo que esta última incertidumbre es, de hecho, la más profunda de toda la humanidad. Que los pájaros puedan saber lo incognoscible, puede ser la base de la primera de las tres asociaciones con la muerte, descritas antes. Si sus vuelos les permiten acceso a información de los mundos desconocidos,  esa posibilidad de acceso puede llevar a que se piense que pueden también llevar las almas a esos lugares.

Sin embargo, ni las experiencias fuera del cuerpo, ni los vuelos shamánicos, incluyen la posibilidad de ser llevados por un pájaro, de modo que la conexión permanece en nivel simbólico.

Dar un salto, hasta asumir que el alma se convierte en un pájaro, supone que debemos aceptarlo sólo como una metáfora de la habilidad del alma de volar, o quizás de que uno tiene la sensación de tener una que puede hacerlo. La mujer mencionada al comienzo de este ensayo no me preguntó si el pájaro representaba simbólicamente el espíritu de su padre, sino que expresó que había sentido que el pájaro era su padre, de la misma manera en que el folklore y las tradiciones son tenidas como ciertas y no como metáforas.

Tiene que haber algo más en la relación pájaro-muerte de lo que ha sido mencionado, para que una persona experimente esa conexión como más que simbólica. La importancia puede encontrarse en una exploración más profunda del simbolismo de los pájaros en el contexto, no sólo de la muerte, sino también de la vida.

Uno de los arquetipos centrales de Jung es el del renacimiento. Jung lamenta que la mente moderna ha olvidado esas viejas verdades que hablan de la muerte de un viejo y de la hechura de uno nuevo, del renacimiento espiritual y similares antiguos “absurdos místicos”. El instinto humano, sin embargo, emerge del inconsciente colectivo individual en momentos de necesidad emocional, como cuando uno es confrontado por el hecho de la mortalidad personal. El arquetipo del renacimiento incorpora los elementos de transcendencia de la vida y de transformación personal. Esos elementos son ambos necesarios para evitar caer en un vacío de desesperación acerca de nuestra inevitable extinción.  

Acerca de la Conexión Simbólica entre los Pájaros y la Vida
Un área final de importancia central es la conexión pájaro-vida. Es exactamente esta conexión la que mejor ilumina el arquetipo pájaro-muerte.

Los pájaros migratorios están asociados con el ciclo de las estaciones. Algunas veces se lamenta que causen el invierno, como sucede con el ampelis suizo ya citado, pero más a menudo son celebrados como anuncio de la primavera, como las cigüeñas, las garzas o los cucús (que regulan las estaciones hasta el punto de haberse convertido en ubicuos guardianes del tiempo). Los patrones migratorios, como otras explicaciones naturalísticas, no pueden explicar todo, sin embargo, porque no todos los pájaros tienen migraciones relacionadas con las estaciones.

El vibrante colorido de algunos pájaros, la fuerza de sus cantos y la rapidez de sus vuelos sugieren fortaleza y vigor vitales. El signo mayor del carácter generativo de los pájaros, sin embargo, está es sus huevos. Los huevos son centrales en los mitos de creación del mundo, por todas partes. El dios egipcio Seb puso un huevo que produjo el sol; los dioses creadores indios y chinos (Brahma y P’an lu, respectivamente) nacieron de huevos cósmicos y el Dogon africano describe cómo Amma, el dios creador, se fertilizó a sí mismo en la forma de un gran huevo. Los huevos son también considerados como afrodisíacos. Por extensión, los pájaros también influyen en el lenguaje del sexo y la fertilidad con varias palabras relacionadas con los pájaros que transculturalmente tienen un doble sentido. Los pájaros claramente ejemplifican el vigor de la vida de muchas maneras, pero queda sin explicación por qué también comparten una asociación con la muerte.

La asociación, prácticamente universal, entre pájaros y por igual vida y muerte, nacen de una tendencia humana muy arraigada de negar la mortalidad personal. No pretendo implicar que la mujer con cuya mención comencé este ensayo estaba metida en alguna forma de auto engaño acerca de la muerte de su padre; ella estaba perfectamente consciente de que su padre había muerto y que el pájaro, físicamente, no era él.

A pesar de este conocimiento sin embargo, ella (alineada con la larga tradición global de asociación de los pájaros con los muertos) también sintió que el pájaro era la persona. Para explicar esta paradoja, retorno a los arquetipos de Jung.

Como elementos instintivos de la psique humana, en lo que Jung llamó el inconsciente colectivo, los arquetipos son únicos para cada individuo, y cuando aparecen en nuestras mentes conscientes, nos parecen extraños porque conscientemente no los creamos, y por eso sentimos como si ellos tienen su propio origen. Como mensajeros de nuestras mentes inconscientes, los arquetipos tienen un carácter inherentemente numinoso, residiendo dentro de nosotros y siendo también “otros” para nosotros. Al sentir como si ellos vinieran de alguna parte “otra” con respecto a nosotros, la cualidad numinosa sugiere algo más grande que nosotros, lo que se llama el Otro Total.

Jung explicó cómo los mundos  interior subjetivo y exterior objetivo, se funden en un tipo de “matriz psíquica” ya que nuestra propia comprensión del mundo exterior está limitada por constreñimientos enteramente subjetivos. Lo que uno experimenta o comprende del mundo exterior está realmente basado en una comprensión puramente subjetiva. Una comprensión realmente objetiva permanece inaccesible para cualquier sujeto individual. Una matriz se forma, sin embargo, cuando los contenidos inconscientes en la forma de arquetipos borran la realidad objetiva y aparecen a la mente consciente. De esta manera los contenidos inconscientes se revelan al individuo. Así, cuando uno ve, digamos, un pájaro uno debe reconocer que uno está encontrando, no la totalidad de ese Otro, sino más bien un aspecto de nuestro propio inconsciente reflejado en su lugar. Cuando uno encuentra un Otro, no siempre puede tener una plena, completa y total comprensión, pues nuestra propia experiencia está limitada a nuestra propia perspectiva y a nuestra propia capacidad para comprender. Como tal, la totalidad del pájaro nunca puede ser conocida, pero en su lugar uno puede verdaderamente saber lo que el pájaro significa para el individuo que lo experimenta, o, arquetípicamente, que puede significar el pájaro para la humanidad.

Esto no significa que desde una psicología centrada en el hombre estemos forzados a considerar necesariamente que ella reduce a los pájaros, o a cualquier otra criatura, a ser meros objetos simbólicos. Más bien, el hecho de que elementos de la psique humana puedan ser reflejados en otras criaturas ilustra la interrelación entre nosotros y ellos. Si los pájaros, por ejemplo, tienen tal significación simbólica importante, sus ausencias marcarían una severa laguna en la experiencia de la humanidad. Que ningún otro animal encarne la dualidad vida-muerte tan completa y universalmente como los pájaros, indica la importancia de ellos para la capacidad de la humanidad de entenderse a sí misma y a su lugar en el mundo.

Berger señala un número de puntos importantes en la exploración de los animales como metáforas. Apunta a la misteriosa similitud entre humanos y animales no humanos, notando sus diferencias predominantemente mientras viven, mientras que en la muerte, todos los mortales son lo mismo. Los animales individuales, Berger sugiere, no estaban diferenciados entre ellos, y así, enfrentan la mortalidad en forma diferente a como lo hacen los humanos individualizados. Específicamente, los individuos mueren mientras que las especies siguen viviendo. “La sangre de un animal fluye como la sangre humana, pero la especie sigue viviendo y cada león es el  León y cada  buey es el Buey . Esto, tal vez el primer dualismo existencial, se reflejó en el tratamiento de los animales. Fueron dominados y reverenciados, alimentados y sacrificados. Por supuesto, la continuación de la especie humana, a pesar de las muerte de innumerables individuos se refleja claramente en la asociación entre muerte y renacimiento, y se encuentra más explícitamente en el pájaro.

Berger continúa: “Entre dos hombres los dos abismos (de entendimiento) en principio son conectados por el lenguaje (…). La falta del lenguaje del animal, su silencio, garantiza su distancia, sus diferencias, su exclusión del y por el hombre”. Por supuesto podemos encontrar falta de entendimiento mutuo, aún con la falta de un lenguaje común, así como uno puede no entender a otro aún cuando exista un lenguaje común. Cuando uno acepta que nuestra propia experiencia limita nuestra habilidad para entender plenamente el mundo objetivo, entonces uno debe también que nunca podemos transmitir plenamente nuestras intenciones precisas sin la mediación de un sujeto que las reciba. Berger ofrece la perspectiva de que los animales también deben ser vistos como capaces de tener conocimientos propios y que los humanos fallan en comprenderlos.

Hillman está de acuerdo: “Los animales fueron los primeros psicoanalistas. …Ellos podían hacernos conscientes de nosotros mismos. No necesitan palabras para revelarse mutuamente su naturaleza. Es nuestro deber escucharlos, no con “meros moralismos alegóricos o metáforas… Es necesario redescubrir el ojo animal del cavernícola, frente a la pared de la cueva, esa percepción estética que responde al significado y al poder de la forma desplegada”. Esencialmente, no debemos imponer significados al animal, sino darnos cuenta de que el animal habla, no con palabras sino con los instintos inconscientes comunes a todos los animales. Debemos desaprender una de las lecciones básicas de la subjetividad humana: para ser una persona, no debemos ser un animal” y más bien reconocer el carácter único del animal y del humano.

Como tal, el mundo de la experiencia humana puede ser visto como una matriz de sujetos interconectados viendo mutuamente cada uno las reflexiones de sí mismo en otro.

Nadie puede vencer completamente su antropocentrismo pues difícilmente podemos dejar de lado nuestra propia humanidad. Los animales no son cosas que están por ahí en el mundo, dados simplemente a nuestros sentidos. Todas las representaciones de animales son constructos humanos, pero algunos dejan más espacio que otros, para que el animal Otro constituya su propio mundo. Hillman sugiere sin embargo que el antropomorfismo puede liberar a los animales de la condición que desde hace tiempo hemos llamado “muda” (a causa de nuestra sordera) y a liberarnos de la prisión de nuestra subjetividad. El antropomorfismo reconoce que humanos y animales participan en un mundo común de significaciones. El elemento importante para Jung es el juego entre la observación y los contenidos inconscientes. Si los animales no humanos pueden ser considerados agentes conscientes, entonces uno puede asumir que ellos, también, tienen sus propias matrices psíquicas específicas de sus especies, y una especulación más amplia puede llevar a una matriz aún más grande de consciencia transcultural.  

Conclusión
Retornando específicamente al presente ensayo, ya que es durante los estados límites que las fronteras borrosas entre el sí mismo y el otro son más pronunciadas, el carácter intersticial de los pájaros los sitúa aparte como un locus apropiado para esta misteriosa mezcla de opuestos interconectados. En mi historia introductoria, la asociación del pájaro con el padre puede ser visto como una suerte de aparición tranquilizadora, temáticamente, una constante en el folklore mundial, aunque en este caso en forma física, presente, no como una aparición.

La presencia del padre de la mujer sin embargo, fue subjetiva. El aspecto subjetivo de la experiencia es indicativo del arquetipo, por su necesidad del pájaro físico para conformar significado. Como un símbolo de transcendencia, el arquetipo pájaro hace más que simplemente consolar.

Para Jung la “función transcendente de la psique” es la plena realización del ser individual a través de la aceptación del inconsciente por el consciente, en un proceso llamado “individuación”. La interrogante permanece acerca de cuáles contenidos inconscientes deben ser aceptados conscientemente a través del reconocimiento de este arquetipo particular.  

Von Franz concluye; “todos los sueños de las personas que están enfrentando la muerte indican que el inconsciente, es decir, nuestro mundo instintivo, no se prepara para un final definitivo, sino para una profunda transformación y para una suerte de continuación del proceso vital, el cual, sin embargo, es inimaginable para la consciencia diaria”. Es decir, el arquetipo de renacimiento se consolida cuando la mente consciente confronta su propia mortalidad. Como explica Kubler-Ross: “para nuestro inconsciente, la muerte nunca es posible en lo que a nosotros concierne, y sin embargo cada uno de nosotros sabe que moriremos. Uno puede aceptar racionalmente el concepto de mortalidad. Conceptualmente sin embargo, para nosotros nuestro propio final es algo imposible.

El conocimiento paradójico de nuestra propia muerte, coexistiendo con una abierta inhabilidad para concebir este hecho como una realidad, tiene una ventaja práctica importante. Ha sido sugerido que nunca está una persona tan envuelta en sí misma como cuando teme a la muerte. El miedo a la muerte lleva al egoísmo en su forma más profunda, mientra que la sociedad humana requiere una cooperación que no siempre es tan obvio en el mejor interés para cada individuo en un punto determinado En este caso el arquetipo de renacimiento sirve para calmar los temores de la extinción personal a través de la negación inconsciente de nuestra propia mortalidad, por la evocación de sentimientos de transcendencia y transformación, explícitamente en las características repetidamente  mencionadas.

Los pájaros combinan muchos factores que lo hacen el arquetipo por excelencia del miedo a la muerte y del egoísmo resultante. Con su alada rapidez para alcanzar lugares y ver paisajes a los que el hombre atado a la tierra no puede ver, los pájaros son el mensajero ideal, entre los hombres y los dioses o entre el ser consciente y el inconsciente. Los pájaros están asociados con la muerte, no porque algunos sean negros, coman carroña, o tengan hábitos nocturnos, sino porque encarnan la plenitud de la vida. Por lo tanto, si uno siente en un pájaro la presencia de un ser querido fallecido, está oyendo la voz del inconsciente llamando al individuo a vivir plena y generosamente, sin temores por su propia mortalidad individual.
Traducción MM



DEL DIARIO DE NANI (ÍNDICE)

martes, 19 de junio de 2018

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 595)

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LOS PÁJAROS Y LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS (II)

Por Christopher M. Moreman
Universidad de California, East Bay


Pájaros de Vida y de Muerte
La conexión dual de los pájaros con la vida y con la muerte, es común. Los buitres, por ejemplo, juegan un papel central en costumbres funerarias que comprenden la exposición del cuerpo, tal como en la “torre del silencio” zoroastriana y los “entierros celestes” del budismo tibetano. El gran carroñero está también asociado con el simbolismo de la vida.

Los árabeas pre-islámicos reconocían al buitre por su longevidad, cualidad que obtenían devorando la sangre de los cadáveres; para quizás encarnar a los ancestros fallecidos, devoraban las comidas que como sacrificios eran preparadas a sus nombres.

En el folklore tibetano, a través del acto de consumir el cadáver, se creía que los buitres llevaban al muerto a un sitio transitorio en el cielo, antes del renacimiento, y se consideraba que eran la encarnación terrenal del principio femenino divino, dakini. La diosa madre egipcia, Mut, está también asociada con el buitre. Se ha sugerido que la asociación entre maternidad y el buitre, nace de un tiempo en el que no se comprendía el papel del hombre en el proceso creativo. Creyéndose que el consumo de la carne llevaba a la gestación de una nueva vida. También se creyó que los buitres eran hembras y las impregnaba el viento.

La historia del legendario flautista Lan Tsái-ho es sobre una cigüeña tan encantada con la música del hombre, que lo sacó de la tierra para que tocara en el cielo. Por igual en China y en Japón, se dice que las grullas llevan las almas de aquellos que han alcanzado la inmortalidad, a los cielos.

Las cigüeñas (que traen los bebés, no sólo en el folklore europeo sino también entre los Sioux) y las grullas están también entre los pájaros que más a menudo simbolizan fertilidad y longevidad. 

Algunos investigadores han sugerido que el patrón migratorio de las cigüeñas, que indica el retorno de la primavera, puede ser el origen de su asociación con la fertilidad, pero esa sugerencia puede también aplicarse a un amplio espectro de pájaros. Las grullas le añaden a su patrón migratorio una peculiar danza de acoplamiento asociada con varios ciclos de la naturaleza, incluyen los de las estaciones y los de vida y muerte.

La danza ha sido también imitada por humanos, siendo “comunes a los rituales que tienen lugar en laberintos funerarios y en túmulos en varias partes del mundo. Todavía en el siglo dieciocho los Ostiks de Siberia vestían a los que danzaban con pieles de grullas. La dualidad de significado ha hecho “difícil y algunas veces imposible distinguir elementos funerarios y de fertilidad”, según alguna opinión. El cucú comúnmente es reconocido en Europa como el emisario de la primavera, porque es visto como responsable por el retorno del sol, el triunfo de la vida sobre la muerte y las esperanzas de una abundante cosecha por venir. A pesar de las asociaciones afirmativas de la vida, una superstición inglesa afirma que el que oye la primera llamada del cucú, estando todavía en la cama, debe prepararse para morir. Un informe del siglo XIX opina que esta creencia pudo haber sido una agradable fábula inventada para que las ordeñadoras se levantaran temprano en la mañana.

Justamente lo que parece haber sido una yuxtaposición paradójica de vida y muerte tiene sentido cuando la llamada fúnebre del cucú es vista más positivamente como una llamada a una actividad que afirma la vida.

En otras instancias, en las islas Faroe, Siberia, y entre los Ipiutak de Alaska, por ejemplo, se piensa que los pájaros que se zambullen transportan los espíritus de los muertos al próximo mundo, situado bajo el agua y no en el cielo. Es importante notar que las mismas culturas tienen mitos del origen en los que los pájaros que se zambullen crean la tierra, trayéndola del fondo del mar; leyendas similares persisten en otras culturas, como por ejemplo en Sonora, México, que le otorgan al pelícano un papel central en la Creación.
Mientras que los pájaros actúan como psycopompos, a menudo pueden ser aptos para representar vida, como lo son para representar muerte.

Los Pájaros como encarnación de los Espíritus de los Muertos
A menudo los pájaros se les cree realmente capaces de encarnar los espíritus de los muertos, creencia muy antigua y muy esparcida en el mundo.

Un autor describe cómo las ofrendas de arroz que los budistas hacen a los espíritus ancestrales del hogar, son consumidas por los pájaros. En partes de la India son los cuervos los que las consumen.

En la parte norte de la India, los búhos y los murciélagos pueden encarnar a los “muertos malévolos”.Los mongoles Buryats de Siberia creen que sus seres queridos pueden retornar en la forma de pájaros que se zambullen y los soldados aztecas, como pájaros pica flor. Entre los tlascaltecas de Centro América, la transmigración estaba estratificada de acuerdo con las clases: los comunes se convertían en escarabajos y los nobles, en pájaros hermosos. Algunos indios Pima creían que el alma encarnaba en el cuerpo de un búho, cuyo ulular anuncia muerte, pues está llamando a un alma para que habite en él. Creencias similares pueden también encontrarse en culturas normalmente no asociadas con la reencarnación. Ezequiel 13:20 iguala el nephesh (el alma o principio animador) con los pájaros, por lo que, si son capturados, se les libera. El folklore de Virginia describe los gritos de los búhos como “viejos conversando”.

Varias clases de pájaros encarnan los espíritus de los muertos en Brasil y Paraguay y entre los asabano de Papúa Nueva Guinea. El norte americano Osage describe varios mundos del espíritu, el más alto de los cuales está poblado por pájaros que encarnan almas humanas. Las gaviotas, y otros pájaros del mar, a menudo son tenidos, en muchas culturas modernas y antiguas, como espíritus de marineros fallecidos.

En Suecia, los cuervos graznando en la noche son las almas de las víctimas de asesinatos, ocultas en los bosques, mientras que una tradición de Nueva Inglaterra sostiene que los azulejos canadienses encarnan a los leñadores muertos mientras trabajaban.

Los Siete Silbadores mencionados antes son a veces descritos como las almas de los bebés muertos sin bautizo o como las almas de los siete judíos que ayudaron en la crucifixión de Cristo. En Inglaterra, Cornwall e Irlanda, del legendario rey Arturo se dice que había sido transformado en cuervo, chova piquirroja o frailecillo. En el folklore irlandés, los frailecillos son la reecarnación de los espíritus de los monjes, mientras que en Francia, los cuervos son los espíritus de las monjas y sacerdotes corruptos.

De acuerdo con el folklore de Eslovenia, los niños se manifiestan como pajaritos y en Rusia, los niños fallecidos regresan como golondrinas para consolar a sus padres. Una leyenda de Yorkshire explica alternativamente que los niños no bautizados regresan como aguaitacaminos y en las noches gritan lamentando su destino.

Entre los daneses, se dice que las aves frías son las almas de las mujeres que murieron solteronas, mientras que los pájaros lavandera verdes son las almas de los solterones; se entiende que los gritos de los pájaros dicen, respectivamente: “Por qué?’ y ‘Porque no nos atrevimos”.

Una tradición pre-islámica que ha sobrevivido en algunas partes del mundo árabe explican que la víctima de un homicidio regresará como un búho blanco, chillando para vengarse. Más aún, los mártires islámicos son descritos como bandadas de pájaros verdes.

A los espíritus se les describe como si fueran pájaros: para los hawaianos las almas “aletean” fuera del cuerpo; en la Ilíada de Homero, “aletean”, liberadas del cuerpo para volar al inframundo; y en Fedra, Platón describe la lucha del alma para tener de nuevo sus alas. Las leyendas de Algonquin, finlandesas y polinesias, todas, describen fantasmas que chillan, silban o crirrían.  

El alma egipcia, llamada ba, se describe como un pájaro con cabeza humana. Entre los antiguos griegos, los pájaros con cabeza humana también aparecen como sirenas, o pájaros-(seelenvogel).


Discusión
Explicando la Conexión entre Pájaros y Muerte
Muchos investigadores han explicado esa relación en términos naturalísticos, un acercamiento limitado, sin embargo, a pájaros específicos, ignorando en consecuencia el problema de la universalidad de esa relación. El búho, por ejemplo, aparece como el más común de los símbolos de la muerte. Algún autor explica: “Las características naturales del búho, su repentino abalanzarse sobre sus víctimas, su grito misterioso, su preferencia por la oscuridad y el olor a carroña de su nido, hacen de él un siniestro mensajero”.

Otros pájaros como el zarapito, el atajacaminos y el avetorillo, también están relacionados con la muerte, no sólo porque están activos en la noche, sino también porque tienen voces siniestras.

Se sugiere que la similitud de las voces de algunos pájaros con las voces humanas, causan una perturbadora sensación de afinidad, que se acrecienta por el bipedalismo de los pájaros, y el hecho de que algunos pájaros, con su visión binocular, pueden mirar a una persona directo en el rostro. Esas explicaciones naturalísticas sirven para puntualizar que ninguna de ellas se aplica universalmente a todos los pájaros.

Sin duda podrían encontrarse explicaciones individualizadas para cada pájaro, y ciertamente aquellos interesados en culturas específicas, encontrarán útiles tales particularidades, pero son inútiles para determinar una explicación general para la asociación pájaro-muerte, arriba identificada.

Una respuesta alternativa de sentido común sugeriría que la conexión es simple: los pájaros vuelan lejos, hacia el cielo. Sus alas les bastarían para conectarlos con la muerte. Impresionan su movimientos rápidos, sus apariciones y desapariciones repentinas y la sugerida comunión con poderes que están en lo alto, implícitos en su poder de vuelo.

Se ha llegado a sugerir, incluso, que los pájaros fueron la causa de que el hombre mirara más allá de sus entornos inmediatos y que en último término, fueron los que originaron la creencia de que el alma vuela hacia los cielos.

Esa explicación falla porque a través de las culturas, así como existe la creencia en el viaje del alma hacia el cielo, existen las que sitúan a los muertos en el inframundo, como en el ciclo de Homero, o debajo del agua, como en Siberia. El argumento de que el vuelo de los pájaros hacia el cielo indica un vuelo al más allá se afinca en el hecho de que ha sido la explicación más común, pero la conexión pájaro-muerte existe, no importa en dónde se sitúe el más allá, si es que existe un lugar en dónde situarlo.

Permaneciendo en la dimensión “viajes de los pájaros”, su rapidez indica no sólo su sentido hacia arriba, sino su capacidad de cubrir grandes distancias y de ahí, su habilidad para moverse a través de los mundos.

Esto no es enteramente convincente, sin embargo, ya que hay muchos otros animales rápidos que no comparten la ubicuidad de los pájaros entre los símbolos de la muerte;  los caballos y los chitas no llevan a los muertos y los peces no son psycopompos y junto a ellos existen pájaros que se zambullen, cuya locomoción permite sólo un acceso parcial a las profundidades en el agua.

Entonces qué distingue al pájaro de las otras criaturas para que esté más asociado que ellas, y en forma ubícua, con la muerte?

Hay una respuesta que apunta a los arquetipos de Jung. Un análisis transcultural de los pájaros, especialmente en su conexión con el alma humana, invoca los arquetipos, aún cuando no se sugiera qué pueda indicar el arquetipo, pues no es suficiente invocar los arquetipos de Jung para simplemente indicar que hay rasgos comunes a través de las culturas. Más bien, debemos comprender la naturaleza del arquetipo subyacente en lo común. Jung reconoce los pájaros como presagios de muerte, pero usa los ejemplos como ocurrencias de sincronicidad, apuntando, sin elaborarlo, a un arquetipo de renacimiento. En una de las pocas referencias a los pájaros, Jung resalta la presencia de ellos como imágenes del alma, en el sueño de un paciente, aunque su análisis no va más allá que a señalar las asociaciones antes indicadas.

Jung explica los arquetipos como estructuras inherentes compartidas por todos los humanos; la habilidad para crear lenguaje, hacer música, y aún sonreír, son ciertos aspectos de la humanidad, que son instintivos. Jung sugiere que hay estructuras simbólicas instintivamente compartidas. Son los arquetipos. Cuando uno encuentra un símbolo común que es reconocido a través de un amplio espectro de tradiciones culturales, así como la relación de los pájaros con la muerte, estaríamos ante tal arquetipo. Esto no significa que un pájaro es el arquetipo sino que algo acerca de los pájaros manifiesta el arquetipo.

En palabras de Hillman “una serpiente no es un símbolo”. Dar significado al pájaro como si fuera meramente un significante de sentidos proyectados, elimina la necesitad del pájaro mismo. Más bien,  Hillman está de acuerdo en “animar la imagen”, permitiendo al pájaro tener su propia voz, de modo que pueda comunicar su significado efectivamente. No es que haya una imagen instintiva del pájaro metida en la psique humana sino que hay contenidos instintivos inconscientes, particulares, que son evocados por las características propias de los pájaros. No proyectamos significados sobre el animal, sino que reconocemos “la voz del animal, lo que significa, en un nivel inconsciente”.   

Cuál es entonces el arquetipo evocado por los pájaros? La pregunta no puede responderse con términos pertenecientes a las creencias de una cultura determinada, o en términos naturalísticos, sino entendiendo el significado de las interacciones simbólicas, en una forma general. Para entender qué son los animales y qué hacen… primero que todo debemos mirar la imagen y prestar menos atención a nuestras propias reacciones ante ella…Luego debemos ser capaces de entender qué  significa para nosotros…Pero ningún animal significa una sola cosa, y ningún animal significa simplemente muerte…

Otro autor dice que, en vuelo, el pájaro es el símbolo más adecuado de la trascendencia, relacionándolo con los viajes espirituales tipo shamánico, a través de todo el mundo. A través de las culturas las experiencias como viajes espirituales, vuelos shamánicos o viajes astrales, son relativamente comunes. Aún cuando no todas las culturas localizan el mundo de los muertos en el cielo, hay estudios de casos reportados de experiencias “fuera del cuerpo”, que describen, casi universalmente la visión del propio cuerpo desde arriba. Parece que este fenómeno ratifica lo que Eliade llamó vuelo shamánico. La cualidad noética inherente en tal experiencia puede ser lo suficientemente fuerte como para que sea tenida como objetiva, a pesar de evidencias empíricas que la contradicen. Ciertamente una experiencia humana relativamente común, de tener la sensación de volar fuera del cuerpo, lleva la atención hacia una conexión personal con los pájaros.

Queda sin embargo en pie la cuestión de “transcendencia”, dado que los pájaro ascienden pero no transcienden. La experiencia de vuelo fuera del cuerpo ofrece la sensación de transcender los confines del propio cuerpo y si uno hace equivalente esa experiencia al vuelo natural de los pájaros, entonces, nos acercamos a pensar que este último es también transcendente. Pero los pájaros no son las únicas criaturas que vuelan, los insectos y los murciélagos raramente son invocados como espíritus de los muertos, los segundos, como encarnaciones del mal que ha sido castigado.

Para examinar plenamente el significado de pájaros específicos, tenemos que ver todos los aspectos de sus simbolismos y no limitarnos a la conexión ascensión/transcendencia.

Un autor ofrece más detalles acerca del significado transcendente de los pájaros, al explicar que representa la naturaleza peculiar de la intuición que trabaja a través de un médium, es decir, un individuo que es capaz de obtener conocimiento de eventos distantes, o hechos de los que, conscientemente, no sabe nada. Como se ha demostrado, los pájaros se han considerado mensajeros divinos. De la misma manera, los vuelos shamánicos en gran medida tienen por objetivo recolectar información de fuentes oscuras. El vuelo, más que hacer una necesaria conexión con el más allá, provee un fácil acceso hacia lugares de otra manera inaccesibles, y un punto de vista desde lo alto, define una ventaja adicional para la obtención de información.

La facilidad con la que un pájaro puede llegar a tal visión comparada con los esfuerzos que tiene que hacer una persona para ascender una montaña o trepar un árbol, claramente le dan ventaja al pájaro. Más aún, un murciélago puede volar, pero no llegar a las alturas a las que llega un pájaro; y si los insectos pueden volar tal alto como un pájaro, sus tamaños los hacen invisibles a distancia, otorgándoles entonces a los pájaros una aparente ventaja tanto en altura como en distancia. Que ciertos pájaros también actúen sobre el agua y aún bajo su superficie, les permite un mayor acceso al conocimiento.

Cuando alguien analizó su propia experiencia fuera del cuerpo, se inclinó a probar la validez de la misma, volando a lugares inaccesibles, pero resultó que sus visiones no tenían conexión con la realidad objetiva. 

Los pájaros son emblemáticos en lo que se refiere a lugares y a conocimientos que son difíciles, si no imposibles, para el acceso humano. El misterio de la muerte cabe en esta descripción. 


Traducción MM


(Continuará...)





DEL DIARIO DE NANI (ÍNDICE)

martes, 20 de marzo de 2018

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 591)

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LOS PÁJAROS Y LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS (I)

Por Christopher M. Moreman
Universidad de California, East Bay

Resumen
A lo largo de la historia de la humanidad, en las diferentes culturas los pájaros tienen significados simbólicos ambiguos relacionados con la vida y la muerte; frecuentemente como augurios de calamidades y muerte, pero también  a menudo, como capaces de portar o robar los espíritus de los muertos o de encarnar esos espíritus. Por otra parte, los pájaros están asociados con la vida, la fertilidad y la longevidad.

Este ensayo ofrece evidencias transculturales, de las asociaciones entre los pájaros y la vida y la muerte. Igualmente ofrece una explicación de esta asociación como expresión de la arraigada ambivalencia del hombre ante la mortalidad. Como una forma de arquetipo junguiano los pájaros reflejan un aspecto fundamental de la naturaleza humana, el rechazo de la muerte como finalidad, a través del deseo de renovación, transformación y renacimiento.

Palabras claves
Pájaros, Junguiano, Jung, arquetipos, muerte, renacimiento, psicopompo, comparativo, religión, folklore, transcultural, simbolismo, el más allá, espíritu


Introducción
En una cena, una mujer, que sabía que yo enfocaba mi trabajo académico en el más allá, se acercó a mí y me preguntó sin rodeos si había vida después de la muerte. Evitando el largo discurso que los académicos suelen dar cuando se les pregunta acerca de sus indagaciones, le ofrecí un simple “No”. Esta respuesta, juzgada retrospectivamente, fue insensible. En lugar de  poner punto final al asunto, mi respuesta hizo que los ojos de la mujer se llenaran de lágrimas. Su padre había muerto semanas atrás y explicó que la razón de su pregunta era que había tenido una experiencia extraña. Mientras nadaba en su piscina, un pequeño pájaro se le acercó; ella y el pájaro intercambiaron lo que le pareció un significativo contacto visual que la impulsó a preguntar en voz alta: ¿Padre?  Como respuesta el ave voló, dejándola con la clara impresión de que había sido visitada por su padre fallecido.

Sentí que la conversación me  había dejado una lección acerca de la cualidad sensible de mi propia investigación, y me hice una pregunta peculiar: ¿Por qué alguien reconocería el espíritu de un ser humano fallecido en una criatura tan diferente como un pájaro?

En un gran número de culturas los pájaros están conectados de muchas maneras con la muerte. A menudo son considerados emisarios o presagios de muerte inminente. Se piensa que algunos pájaros roban las almas de las personas que están muriendo, o actúan como psicopompos, llevando las almas de los muertos para “el próximo mundo”. 

Como ilustra lo referido, hay también la creencia de que los pájaros de alguna manera puedan encarnar los espíritus de los muertos. Se ha notado que la creencia en pájaros como “espíritus visibles de los muertos” es “casi universal”.

El lector casual podría estar inclinado a aceptar las tres posibles conexiones de los pájaros con los fallecidos (presagios, portadores y encarnaciones de los muertos), como aspectos de una amplia creencia en una conexión pájaro-muerte, pero voy a demostrar el papel que en cada caso juegan los diferentes factores. Las diversas facetas de la conexión apuntan a un conjunto más complejo de relaciones simbólicas.  

El simbolismo de los pájaros no siempre se enfoca en la muerte, por ejemplo, igualmente se relaciona con la fertilidad, la longevidad y la vida misma. Argumentaré que en realidad esta última conexión es la más útil para entender por qué los pájaros son usualmente asociados a la muerte en el folklore  y en la imaginación popular de los pueblos alrededor del mundo. 

Verdaderamente, usando el concepto de Jung del arquetipo, expresaré que el pájaro simbólicamente encapsula nociones de trascendencia y renacimiento, que son elementos críticos de la tendencia general humana de ignorar o negar nuestra propia mortalidad.

Apuntando a lo que pueda ser tenido como un problema para aplicar la teoría de Jung a los estudios humano-animal, se sugiere que los “teóricos y practicantes psicoanalíticos no deben estudiar directamente las relaciones animales o las humano-animales. En psicoanálisis, un animal no es él mismo, sino un símbolo de procesos psicológicos, típicamente (…) el Inconsciente”.

Puede ser verdad que el psicoanálisis no se enfrenta directamente con relaciones humano-animales, pero debe entenderse que, especialmente en la teoría psicoanalítica de Jung, la relación está, inherentemente, en el arquetipo. Nada es un “sí mismo” cuando es percibido por cualquier sujeto, pues toda experiencia está subjetivamente mediada. El sujeto, entonces, media su experiencia del Otro (humano, no humano, animal u otro) con los arquetipos, originados en áreas inherentes, instintivas, de lo que Jung llama el inconsciente colectivo, en las que están establecidos parámetros comunes para la experiencia, permitiendo la comprensión compartida entre los individuos. Nuestra capacidad para comprender y evaluar tales experiencias compartidas está limitada por nuestra habilidad para comunicar; por lo tanto, enfocamos el estudio fenomenológico de la experiencia en el humano, pero no hay razón para excluir a la ligera la posibilidad de extender esa experiencia compartida entre las especies. Por supuesto eso es lo que se ha señalado como el propósito principal de esta publicación: “estimular (…) un campo sustantivo, los estudios animales, que adelantarán la comprensión del aspecto interacciones humana-no humana-animal”’

Jung explicó a través del concepto del inconsciente colectivo que hay ciertas estructuras significativas desde el punto de vista instintivo (arquetipos) comunes a todos los seres humanos. Como contenidos inconscientes de la mente, cuando estas estructuras son reconocidas conscientemente, a menudo evocan una sensación de que han llegado de no se sabe dónde, prestándole a los arquetipos una cualidad numinosa. Cuando la mujer sintió que estaba en contacto con su padre fallecido, en realidad estaba ante el contenido arquetipal inconsciente relacionado con la experiencia humana común de la muerte y de la mortalidad personal a través de la apariencia de un pájaro. Específicamente, ella estaba experimentando el rechazo arquetipal de la muerte como finalidad. Como elementos instintivos del inconsciente humano, los arquetipos a menudos son mal comprendidos y su naturaleza percibe al Otro como irracional, en contraste con el mundo consciente de la racionalidad que comúnmente se nos alienta a no abandonar. El misterioso reconocimiento de lo familiar en el Otro, y especialmente en el animal, indica más acerca del sujeto que percibe al Otro que acerca del objeto (o sujeto) que está siendo percibido. Como significantes arquetipales, los animales son particularmente aptos para los insights, puesto que el inconsciente indica el parentesco evolutivo de lo humano y lo animal.  

Que el pájaro encarne el arquetipo en este caso es frecuente; hay elementos simbólicos que hacen que el pájaro sea especialmente adecuado para tal papel.

La primera parte de este ensayo establecerá el carácter casi universal de la conexión simbólica entre los pájaros y la muerte. Las siguientes darán varios ejemplos de cada tipo de asociación sacadas del folklore, de  supersticiones y tradiciones culturales en todo el mundo, a través de la historia.

En este ensayo no estoy tan interesado en lo específico de por qué cualquier cultura en particular podría haber desarrollado una creencia, más bien mi interés está en demostrar el carácter ubicuo de las conexiones específicas entre pájaros y muerte que han aparecido y continúan apareciendo  a través de las culturas.

Ciertamente, culturas específicas pueden tener explicaciones únicas sobre por qué un determinado pájaro está asociado con la muerte de una manera particular, pero tales explicaciones idiosincráticas no pueden tomar en cuenta el atractivo universal de tal asociación. La parte final de este ensayo tratará de la relación con el pájaro en el contexto de nuestra confrontación con la mortalidad.

Los Pájaros como presagios de Muerte
La idea de que un pájaro que vuela en nuestra casa anuncie una muerte en la familia es una superstición común anglo americana.

Algunas veces los petirrojos son especialmente culpados, mientras que en otras partes una golondrina que baja por la chimenea, predice muerte.

Hay quienes rechazan tener pájaros como mascotas o aún, fotos de pájaros para no invitar alguna calamidad.

El poder predictivo de los pájaros a menudo se extiende más allá de los linderos de la casa; en Virgina, el chotacabras puede predecir la muerte al simplemente acercarse a ella y el cuervo en Inglaterra hace una predicción similar si llega a la verja del jardín. Los pájaros negros en particular originan estas ideas, pues su color está asociado al mal y a la muerte. En Gales hay un proverbio que dice que un cuervo que vuela sobre una casa anuncia una muerte dentro de ella. Los grajos pueden predecir muerte al graznar. Una historia danesa cuenta que la aparición de un grajo anuncia la muerte del sacerdote local.

Los pájaros nocturnos están señalados de la misma manera. La popular leyenda de los Siete Silbadores describe siete pájaros cuyos gritos nocturnos predicen muerte inminente.

En forma similar un dicho en Somersetshire advierte: “si un determinado pájaro nocturno vuela sobre su cabeza, haga su testamento”. Muchas leyendas de nativos americanos se refieren a la ambivalencia hacia los pájaros nocturnos. La explicación puede estar en que los sonidos de las aves nocturnas son generalmente más misteriosos que los sonidos musicales de las aves canoras, y la oscuridad de la noche también ayuda. 

También hay leyendas sobre gallos que cantan en la noche, fuera de lo habitual. En partes de Inglaterra ello indica una muerte inminente, mientras que una variante escocesa especifica que habría que tocar las patas del gallo: si están frías, la predicción es exacta, pero si están tibias, pueden venir buenas noticias.

En general es más bien la oscuridad la que empeora la mala sensación de los gritos de los pájaros, que también pueden ser tomados como malos presagios a cualquier hora en que se produzcan. Leyendas de Carolina del Sur, por ejemplo, incluyen tales cosas como un águila comiendo junto con buitres, un pavo solitario parado bajo un gran roble, o la aparición de un petirrojo.

Una leyenda apalache explica que “si un pájaro anida en su zapato o bolsillo, o en cualquiera de sus ropas, mejor prepárese para morir dentro del año en curso”.

Por otra parte, la conducta rutinaria de algunos pájaros ha contribuido a forjar asociaciones siniestras. El ampelis, por ejemplo, es llamado strebe-vogel  (pájaro muerto) por los suizos debido a su asociación con la llegada del invierno, y a la voracidad conque se comen los frutos que servirían para alimentar a las personas durante los meses sin cosechas. La tradición funeraria de los seguidores de Zoroastro de exponer el cuerpo, incluye la posibilidad de que los pájaros puedan indicar la dirección que ha tomado el alma en el más allá; si el pájaro carroñero mete el pico en el ojo derecho del cadáver, entonces el alma va al paraíso, mientras que si es el izquierdo, el destino del alma es el peor.

Muchos presagios de muerte se relacionan con el tipo de pájaros nocturnos, el búho, descrito como avis turpissima, el más vil de los pájaros, profeta de condenación; en Gales como Aderyn y corph, el pájaro muerto.

Virgilio describe cómo el ulular de un búho era como un canto fúnebre cuando Dido cometía suicidio (Eneida); Ovidio consideraba al búho como el presagio más temible para los mortales y se dice que los emperadores Augusto, Valentiniano y Cómodo Antonio murieron luego de que unos búhos se posaron en sus Villas.

En China, se escucha al búho gritar: ¡wa wa!  (excava, excava), expresando la urgencia de abrir una fosa que sería necesaria muy pronto. En el sur de la India predicen el futuro contando los gritos de un búho, uno solo es muerte, y ocho, muerte repentina. Otros números son más auspiciosos. Entre algunos Apaches, los búhos, junto con otras aves nocturnas como los halcones nocturnos y los chotacabras, son sinónimo de muerte pues sus hábitos nocturnos los hacen equivalentes a fantasmas.

Pájaros como portadores de Sabiduría Divina
Los pájaros significan la sabiduría en las formas antiguas de adivinación y a menudo son equivalentes a la profecía y a la iluminación, lo cual tiene su eco en el proverbio moderno: “un pajarito me lo dijo”
Los pájaros están normalmente asociados con dioses como espíritus familiares o avatares. Atenea y Ishtar están ambas asociadas con búhos, Zeus con el águila y Odín con cuervos.

El águila es considerado por muchos pueblos nativos americanos, especialmente los indios de las Planicies y los grupos del suroeste, Hopi y Pueblo, como relacionados con el Gran Espíritu. Los Navajos veían el pájaro azul como heraldo del sol, “la suprema imagen de Dios”. En el folklore tibetano los pájaros son vistos como mensajeros divinos divididos en castas. Los considerados “intocables” incluyen cuervos, buitres, águilas y búhos, que sirven como emisarios de fuerzas oscuras, incluyendo la muerte.

Los buitres representan los clásicos dioses de Veracruz, por su voraz aceptación de las ofrendas sacrificiales. La paloma es sinónimo del Espíritu Santo Cristiano, y se dijo que una hizo revelaciones al profeta Mahoma.

En sus roles como mensajeros divinos, los pájaros son análogos a los ángeles en las tradiciones Abrahámicas; así, cuando se imaginan a los ángeles, a menudo tiene alas de plumas. Se han encontrado descripciones similares en las experiencias de muerte inminente: descripciones del este asiático incluyen “árboles de los que cuelgan joyas, suelos enjoyados, voces de muchos pájaros de variado plumaje”, mientras que las descripciones de cristianos son de puertas de perlas y ángeles alados tañendo arpas.

El “viejo y sabio búho” es reconocido como símbolo de la sagacidad, asociado con la sabiduría de Atenea. Siguiendo la tradición de las explicaciones naturalísticas del folklore, la reputación del búho como poseedor de un conocimiento supernatural es atribuido a sus “ojos luminosos, su habilidad para permanecer despierto en la noche y ver en la oscuridad”. Se ha pensado, sin embargo, que la aparente calmada sabiduría del búho nace simplemente del hecho de que ellos se paralizan ante una repentina luminosidad.

Así como los argumentos que conciernen al sonido o al color de ciertos pájaros, o aún de sus hábitos alimenticios, las explicaciones para una específica asociación de un tipo de pájaro, son innecesarias, dado el número de pájaros asociados no sólo con la muerte sino también más generalmente con el logro de conocimiento. Pudiendo vivir confortablemente en la tierra y en el aire, sin mencionar el agua, los pájaros acceden a lugares donde los hombres sólo llegan con dificultad, si acaso pueden, y son percibidos por tanto, como capaces de tener unas fuentes de información más amplias.

Como seres que viven en intersticios, son simbólicamente apropiados para lograr conocimientos inconscientes. Porque la muerte es un profundo misterio, los pájaros como mensajeros divinos con acceso a información mucho más extensa que los humanos, se les admira como fuentes de iluminación sobre este hecho final.   

Los pájaros como psicopompos
A veces se les describe robando o transportando las almas de los muertos, como psicopompos. Los romanos, en apoteosis, soltaban un águila (asociada con el dios Júpiter) al morir el emperador, para que el águila “condujera su alma a lo más elevado”.

Los mitos hawaianos incluyen pájaros llamados Halulu, Kiwa e Iwa, que llevan las almas a los cielos. Algunos mitos nativos americanos describen a buitres que cargan a las almas en el mundo del espíritu. En Norfolk, las golondrinas que se posan en un hogar predicen muerte y se cree que arrebatan el alma para llevársela; si están posadas en una iglesia, están deliberando acerca de cuál alma tomar.

En leyendas aparece, por igual en China y entre ciertos nativos americanos, que los búhos le arrancan el alma a los moribundos. Hay plegarias de nativos americanos del sureste, que buscan inducir a los búhos a que roben las almas de los enemigos.

En el folklore judío, el búho está asociado con la legendaria Lilith, a quien se inculpa por la muerte de los infantes. Una prescripción judía para sacar de los niños los efectos letales de los sonidos de los búhos, es derramar agua en el patio, como una distracción. Esa tradición no es única, en Filipinas, asuang, una criatura en forma de pájaro, se posa debajo de la cuna para robarse al niño en cuanto nazca.

La diosa mesopotámica también está ligada al búho, pintada en un bajo relieve del siglo VIII BC (actualmente en el Museo Británico) con búhos que flanquean su forma, mitad mujer, mitad pájaro.

Como ella desciende al inframundo y regresa, es una diosa por igual de la muerte y de la vida, un patrón cíclico importante para el simbolismo de pájaros en general.
Traducción MM

(Continuará...)