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martes, 1 de octubre de 2019

ARTÍCULO (Magazine No. 608)

¿POR QUÉ LEEMOS POESÍA EN LAS CLASES DE TAIJI-QIGONG? (y Fin)

Poiesis y poesía en una época impoética

“El Tai Chi Chuan
es a las artes marciales
lo que la poesía
es a la literatura.”
Tomado de “Chi Kung Hilos de Luz”


“El Wushu es la poesía en movimiento,
es el alma de un artista
con la disciplina de un atleta.”
Tomado de “Centro de Entrenamiento Personalizado”

En Chenjiagou, la aldea de la familia Chen, donde se inició el Taijiquan hace más de 500 años, para los estudiantes de Chen Taijiquan, como parte esencial de su formación, se imparten también clases de caligrafía y de teatro. No se trata de estudios para “culturizar” a los artistas marciales (más preocupados en romper tablas con la cabeza que en hacer poesía, según Dave Landsberger), sino estudios esenciales para desarrollar el arte marcial. El cultivo de la caligrafía enseña la espontaneidad del gesto y la continuidad del trazo. En el teatro se trabajan las actitudes y sus “energías” (estados de ánimo), la improvisación, el escuchar al otro (diálogo) y el sentido que se revela en la voz poética.

Gran maestro Chen Xiaowang haciendo caligrafía en Chenjiagou.

Los artistas marciales chinos, a lo largo de la historia, siempre estuvieron en contacto con la ópera china, aportando a la fusión de poesía, música y teatro propios de la ópera, la coreografía marcial y la acrobacia. En esto podemos ver la imbricación y correspondencias de las artes chinas, en cuyo universo, regido por la poesía, tiene un puesto relevante el arte marcial.

A propósito de la MTC y la poesía, el maestro Nan Lu dice:

“La MTC es un subproducto de una práctica espiritual. Los antiguos médicos chinos tenían que ser maestros de alto nivel de Qigong. Su comprensión espiritual del Qi, sus talentos y habilidades contribuyeron a muchas formas de arte. Culturalmente, todas las bellas artes de China: pintura, escultura, caligrafía, literatura, poesía, danza, teatro y más están arraigadas en la expresión de Qi o espíritu. Muchos practicantes de la medicina tradicional china de hace mucho tiempo tenían el talento para crear una hermosa poesía para promover su medicina. Más que libros u otras formas literarias que requieren muchas palabras para transmitir conocimiento, los poemas concentran el significado, evocan emociones y transmiten espíritu. Detrás de cada oración hay una imagen. La gran poesía puede conmovernos de maneras profundas.” (1)

Por eso he insistido en esta serie de escritos en hablar de Tai Chi Chuan como una “poética” y de las artes marciales chinas (Kungfu/Wushu) como un compendio de Ars Poética. En nuestro fragmentado mundo impoético, signado por el nihilismo, tendemos a reducir todo lo corporal a lo biológico (cada vez más restringida a la bioquímica genética) y a la mecánica (etimológicamente: la técnica para construir una máquina), las leyes causales que rigen el orbe de los objetos inanimados. En ese mundo cartesiano, la psique, reducida a res cogitans (intelecto o “sustancia mental”), está totalmente separada, inconexa, con el mundo corporal.

El Tai Chi Chuan es entonces descrito reductora y unidimensionalmente en términos “bio-mecánicos”. Aún en el caso de que se haga una crítica de la biomecánica clásica a través de de la biotensegridad, por ejemplo, siempre vamos a caer en las trampas de la causalidad, el mundo objetual enfrentado a lo subjetivo, la legitimación cientificista, etc. En pocas palabras, vamos a convertir a Tai Chi Chuan en una práctica artística reducida a nada, movilizada y consumida, por la metafísica occidental.

Como ya expuse en mi ensayo Cuerpo e idea del cuerpo, parte esencial del trabajo en el aprendizaje del Taijiquan es, dicho en términos actuales, deconstruir la idea (Eidos) del cuerpo. Jan Diepersloot lo dijo de un modo más poético –de manera que resalta la poiesis implícita en toda deconstrucción verdadera-, cuando dijo “que tenemos que considerar lo físico como una metáfora de nuestra presencia en el mundo”, palabras que constituyen el epígrafe de todo este ensayo.

Si a la poesía le es esencial el ritmo, el complemento de éste no es otra cosa que la imagen. Pero la imagen poética es algo totalmente ajeno al Eidos (idea platónica), que es su remedo hiperbolizado. Según la poetiza María Fernanda Palacios:

“[…] la imagen […] en el contexto artístico, no tiene el sentido que normalmente le damos, de representación visual. Significaría, más bien, la tensión dinámica donde se le des-oculta la ‘verdad’ –profunda e inmediata- a cada hombre, que posibilita y modula su experiencia con el mundo, rigiendo sus transformaciones”. (María Fernanda Palacios: Saber y sabor de la lengua).

Para Lezama Lima, la imagen poética tiene más que ver con la verdad como el “velarse” u “ocultarse” del ser en su de-velamiento (Aletheia), en la escucha de las resonancias de la “oscuridad audible” (el magma poiético). En esa esencial operación metafórica, sólo pueden surgir figuraciones temporales, o, mejor dicho, tiempo figurado, cuerpos (mortales).

“Ya la forma no puede ser definida como la etapa última de la materia, sino como el momento más eficaz para que el movimiento pueda ser captado sin ser detenido”. (Lezama Lima, J . 2009. Tratados en La Habana. La Habana: Editorial Letras Cubanas.)

En comparación con la imagen como copia sensible de un Eidos –imagen metafísica-, la imagen de Lezama danza, baila, es rítmica y eurítmica. Como su maestro el gran poeta Mallarmé dijo: “los puros motivos rítmicos del ser, que son sus reconocibles signos; me place por todas partes descifrarlos”. (2) Por eso Nietzsche dirá que sólo creería en un dios que supiera bailar.

Es aquí donde entendemos un poco más el dicho heideggeriano de que la poesía nombra lo sagrado. Y escribe Sarduy sobre el tema (recordando las palabras de Diepersloot):

“[…] en oriente encontramos, en el centro de las grandes teogonías –budismo, taoísmo-, no una presencia plena, dios, hombre, logos, sino una vacuidad germinadora cuya metáfora y simulación es la realidad visible, y cuya vivencia y comprensión verdadera son la liberación”.

En ese sentido, la poesía, el arte (poiésis), no sólo nos hace recordar lo originario, sino que en sí mismo es origen.

“La palabra origen mienta el hacer brotar algo, el traerlo hacia el ser en el salto fundador desde la fuente esencial.[...] Esto es así, porque el arte es en su esencia un origen: una manera excepcional como la verdad llega a ser, esto es, como deviene histórica”. (Martín Heidegger. El origen de la obra de arte. Cursivas nuestras).

Por ser origen la poesía des-pliega el ser como tiempo y sentido. Nos hace memorar y al mismo tiempo es oracular, profética. La poesía verdadera actúa como los semasiogramas del lenguaje “escrito” de los alienígenas heptápodos (la escritura “Heptapod”), de la película La llegada (Denis Villeneuve): los ideogramas circulares donde el sentido y el tiempo están unidos inextricablemente, y donde el sendero de la vida aparece enteramente como un Uroboros, una serpiente que se muerde la cola, órbita, anillo, toroide: el camino de retorno (el eterno retorno de lo mismo).

El lenguaje (la escritura) es la casa del ser (Heidegger). El cuerpo, a su vez, es el hogar del lenguaje. Me-morar al ser (poetizar) es habitar su casa, y encender los fuegos de su hogar, para que los dioses moren en sus santuarios. Me-morar el ser significa también una aptitud para el olvido, el dejar que el pasado se convierta en inconsciente, para que pueda transmutarse en imagen.

La lengua es el centro de toda cultura (Cadenas) y sólo en cuanto a conversación es esencial el lenguaje (Heidegger). La conversación, hoy un arte perdido (según Stephen Miller [3]), es esencial porque configura el intento humano por armonizar y re-armonizar su cosmos. La conversación llegó a su cenit poiético en la Atenas de Pericles (Siglo V a. C.), durante el califato de los Abasidas (Siglo VIII d. C.), la dinastía Tang China (618-907 d. C.), el Renacimiento italiano (Siglos XIV y XV d. C.), el Imperio Mogol de la India durante los reinados de Abkar, Janhagir y Shah Janan I (desde 1550 aprox., hasta 1666 d. C.), y la ciudad de París entre los años 1860 hasta los años treinta del Siglo XX (La Belle Époque y el período entre guerras). Los momentos de mayor creatividad durante la historia humana, también fueron los de la más plural y abierta conversación entre creadores. (4)

“El poetizar es el originario dejar habitar”, nos dice Heidegger (…Poéticamente habita el hombre…). Sólo podemos habitar desde el origen, fecundando nuestro hábitat con lo más originario. El Tai Chi Chuan en particular, y las artes marciales en general, son artes aplicadas, poéticas del combate que se constituyen en caminos para habitar el cuerpo, el primer sitial sagrado que hemos de memorar durante nuestra estancia en la existencia.

Sólo desde el habitar puede levantarse una auténtica paideia, una cultura formativa, una cultura poetizante, poiética. La cultura implica no sólo una amplia y sugestiva conversación con nuestros contemporáneos, sino también con nuestros antepasados. Al contrario de lo que cree el hombre moderno, destruir el pasado nos condena a la barbarie nihilista, puesto que echaríamos al olvido todo el acervo cultural de la humanidad. La cultura es una herencia y la tradición es lo que nos vincula a los orígenes, nos recuerda Hannah Arendt.

Bruce Lee, en tanto hombre moderno, creía poder prescindir del acervo marcial, de la tradición:

“Estilísticamente, Lee estaba junto a sus compañeros de los años 60 y 70. Quería destruir tradiciones, formas y estilos. Lee se entristeció al ver filas de hombres jóvenes siendo taladrados por opresivos sensei en movimientos que no hablaban más que de repetición y conformidad. ‘El estilo concluye. El hombre crece’, dijo Lee famoso. ‘El hombre, el ser humano, es más importante que cualquier estilo"’. Esto también fue un principio fundamental de Jeet Kune Do. Si tu oponente te agarra del cuello, no le quites la mano. Dáselo, ya lo tiene. Solo golpéalo en la nariz.” (Dave Landsberger, Op. Cit.)

El ir contra formas y estilos está en la raíz de nihilismo, y revela lo que se esconde tras la busca de “liberación” moderna. Para Nietzsche, “voluntad de poder” significa que las diversas tendencias que pueden aparecer en determinado ser, son domeñadas y armonizadas en pos de la unidad y consolidación de ese ser. El tigre, por ejemplo, lo que quiere en primera instancia es ser más y mejor tigre.

El impulso más alto y refinado de la voluntad de poder es el arte. (5) La forma artística no es otra cosa que el ejercicio más puro y delicado (en el sentido de Michel de Onfray: contraponer a lo vulgar y ordinario, la belleza y la elegancia) de la voluntad de poder. Por eso, el primer indicio del rechazo metafísico del arte es contraponer forma a materia, esto ya implica una incomprensión y una depreciación del sentido verdadero del término “forma”. Lo que Nietzsche llama “gran estilo” es el logro más elevado del arte como voluntad de poder: “Lo que hace el gran estilo: convertirse en amo tanto de la propia dicha como de la propia desdicha”.

De ahí que la poesía trágica sea el modo más elevado de arte, para el filósofo alemán. El hombre moderno es impoético y anti trágico. Su repulsión por las formas y estilos nos habla de una voluntad de poder enferma; más que de un psiquismo o cuerpo enfermo, indica un daño profundo en su vitalidad. Sus instintos están mermados y es incapaz de soportar el dolor de vivir, así como de sublimarlo y transfigurarlo a través del arte. No nos extrañe entonces que el Tai Chi Chuan y el Chi Kung (Arte del aliento), artes de la vitalidad, hayan venido al encuentro del hombre moderno desde el orbe casi extinto de la China tradicional.

El arte marcial es arte de vida porque impone a la violencia una forma, y ésta, como cúspide de la voluntad de poder, la transfigura en excelencia, Gongfu (Kungfu). Se trata por ende de un arte trágico, que al horror de la violencia humana sobrepone hermosas imágenes. Las imágenes sublimadas que produce el arte (poiésis), conforman el más poderoso estimulante que el hombre ha creado para poder vivir y no optar por el suicidio (la verdadera cuestión filosófica, al decir de Camus).

El arte conforma la esencia formativa de toda cultura. La alquimia trágica trata de la transmutación del sufrimiento en virtud (excelencia). El arte trágico y el pensamiento que le es inherente consiguen hacer del sufrimiento intrínseco a nuestra condición, la fragua donde se templa el alma de los hombres, donde los hombres pueden ser formados a cabalidad.

Nuestra sociedad moderna, la sociedad del cansancio, está enferma de desvitalización, de falta de ánimo, de pérdida de alma. Como la voluntad de poder en las grandes mayorías es declinante (síndromes melancólicos, depresión, ansiedad, angustia, etc.), se ve como una solución colectiva el mercado variopinto de los consuelos, mundanos o trascendentes. Siendo el más atrayente de todos el del poder como dominio. A menos voluntad de poder más se ansía el control, el dominio.

SANACIÓN

No soy un mecanismo,
no soy un conjunto de partes diversas,
ni estoy enfermo porque el mecanismo
funcione mal.

Estoy enfermo de heridas del alma,
hasta el yo emocional profundo.
Las heridas del alma duran mucho, mucho tiempo,
sólo el tiempo las puede curar,
y la paciencia, y cierto difícil arrepentimiento,
largo y difícil arrepentimiento,
y la comprensión del error de la vida,
y la liberación de la eterna repetición
del error que la humanidad
ha decidido santificar.

D. H. Lawrence

De ahí nuestra sociedad fáustica, obsesionada con el dominio del mundo material. Estamos inmersos hasta el ahogamiento en una época nihilista, impoética y anti trágica. Un mundo donde se cumplió el imperativo de La república platónica de expulsar a los artistas de su seno. El “espíritu histórico”, donde el poder remeda la grandeza, producto de una bajeza de ánimo que hace admirar primero a Alejandro y César, y luego a Napoleón y afines (Camus dixit), parece haber triunfado por los momentos sobre el artista, el solidario-solitario que combate por la libertad a través de la belleza.

La victoria temporal del espíritu histórico y el delirio fáustico sobre el arte va más allá de lo que el propio Platón hubiese pensado. El artista, el dador de sentido por excelencia (no hablo de los productores de entretenimiento masivo), está en nuestro tiempo signado por el absurdo, olvidado y excluido por las grandes mayorías; la belleza (no lo “arreglado” o “bonito”, el kitsch), se encuentra exiliada del corazón de nuestros contemporáneos. No la reconocemos como tal, no nos rapta ni nos conmueve. Bajo el dominio de las ideologías de las tinieblas, donde se enmascaran todos los desprecios y resentimientos, ya no se cultiva la excelencia ni nos maravillamos ante la poiésis. Enmascaramos nuestras ansias de control y dominio bajo los imperativos de la eficiencia per se o de una justicia abstracta y desmedida.

Pero el artista, que conoce los límites por su propia naturaleza, por su voluntad de poder saludable y sanadora, verá finalmente el término de la época nihilista. “A pesar del precio que les costará tener las manos vacías, bien podemos esperar su victoria”, nos dice Albert Camus en su imprescindible ensayo El destierro de Helena.

La mayoría de las soluciones que se ofrecen en el mercado de las ideologías –el sustituto moderno de las religiones-, no son otra cosa que postulados tan o más nihilistas que los del status quo imperante. Como señaló Foucault, las resistencias forman parte de los campos de dominio, y si llegan a imperar en un campo tal, no hacen otra cosa que invertirlo, pero conservándolo y profundizándolo en tanto dominio. Las resistencias siempre son reactivas, y el hombre reactivo es lo contrario del artista, el hombre activo por excelencia. La poiésis, el hacer de la nada algo, es la actividad no nihilista por excelencia.

El resentido se destaca por su rechazo del arte y del artista. Su sed de venganza lo castra sensible e intelectualmente para toda posible poiésis, y le niega la serenidad y grandeza de alma necesaria para la contemplación de la belleza, para “perder el control” y ser raptado por ella. Ésta desnuda sus carencias, su alma mutilada y desfigurada. El resentido terminará rechazándola o mancillándola, como hace la soldadesca revolucionaria con la “Venus criolla” (Ídolos rotos de Manuel Díaz Rodríguez).

El Taijiquan nunca opone una fuerza a otra, no hace resistencia, más bien transmuta la fuerza contraria cambiándole el sentido. Así mismo hace el arte ante el poder como dominio. Stalin, el poderoso dictador de la URSS totalitaria, a lo que más temía era a un poema en su contra, sabía que un solo verso podía destruir todo su poderío, como el Rey del cuento de J. L. Borges, El espejo y la máscara, al que un verso lo hace transformarse en mendigo.

Los que practican Taijiquan y Qigong, a su manera, precaria y modesta, ayudan en la larga convalecencia que una humanidad enferma tiene que afrontar para ver el final del “eclipse del alma”. Son artes que nos permiten recordar los primeros gestos sagrados, ciertamente; pero de cara al porvenir, nos ofrecen maravillosas danzas con las cuales celebrar y honrar. Hacer Tai Chi Chuan y Chi Kung, también es poetizar. Y hacer poesía es agradecer.

Nuestro gran poeta Armando Rojas Guardia escribió un maravilloso texto titulado ¿Qué es vivir poéticamente? De ese artículo extraemos los puntos principales de su exposición, la cual se hace tomando en cuenta el verso de Hölderlin: “poéticamente habita el hombre sobre la tierra”.

“Vivir poéticamente es vivir desde la atención: constituirse en un sólido bloque sensorial, psíquico y espiritual de atención ante toda la dinámica existencial de la propia vida, ante la expresividad del mundo, ante la sinfonía de detalles cotidianos en los que esa expresividad se concreta (ello implica un refinamiento orquestal de la vida de nuestros sentidos y un esfuerzo consciente por aquilatar nuestra percepción de los objetos que pueblan nuestro entorno).

Vivir poéticamente es también vivir a la espera  del momento inspirador, del instante denso, del minuto pletórico de vida en el que se rasgan los velos del entendimiento y accedemos a un estado cualitativamente superior de conciencia. El rapto inspirador que los griegos atribuían a la intervención divina de las musas, nos dice el gran helenista Walter Otto, propiciaba ante todo claridad espiritual. Ellas las musas hacían que el entendimiento permaneciera claro. Esa claridad del entendimiento, producida por el entusiasmo creador, era la primera puerta que franqueaba el canto, la poesía. No hace falta ser un poeta vocacional para conocer y paladear  una súbita clarificación interior a través de la cual miramos al mundo con ojos vírgenes, como si lo viéramos por primera vez.

Vivir poéticamente es vivir la cotidianidad no como mero tiempo intercambiable y mecánico, sino como mistagogia, es decir como introducción paulatina y autopedagógica en el misterio. A un monje zen le preguntaron un día: “¿Qué es el zen?  A lo cual él respondió: “Cargar la leña y cortar la grama”. 

Vivir poéticamente es cultivar la dimensión simbólica de la conciencia, aprender a adiestrase más y más en una verdadera hermenéutica simbólica de la realidad, para la cual los objetos, las situaciones y los hechos son sacramentos que incesantemente remiten a un orden trascendente (se trata de la sacramentalidad de la realidad creada: los objetos, las situaciones y los hechos, empezando por los más cotidianos, sacramentalizan el orden y la belleza del universo: se vive poéticamente al captarlos de esa manera y encararlos así).

Vivir poéticamente es aprender a vivir estableciendo continuas relaciones analógicas entre los objetos aparentemente más disímiles y entre los más diversos órdenes y planos de la realidad: que el eje de toda la propia actividad psíquica sea esa permanente metaforización (detrás de ésta actúa como postulado ontológico la comprobación, ya postulada, establecida y estudiada por la física cuántica, de que el universo entero es una totalidad orgánica, de que todo está conectado con todo, de que todo interactúa con todo).

Para finalizar, vivir poéticamente es vivir la propia vida como una obra de arte, es un vivir desde lo que clásicamente se denomina el arte de saber vivir. Es un vivir con arte, es vivir-se como el poema existencial y cotidiano que Dios nos posibilita hacer de nosotros mismos.”

Así que vale la pena leer poesía y tratar de sentir la energía que nos transmiten sus imágenes, sobre todo, cuando portan mensajes enigmáticos provenientes de otras épocas y lugares, como pasa con los clásicos del Taijiquan y del Qigong.

“Descifrar viejos poemas parece ser cosa de los viejos tiempos, una especie de cuento de hadas con viejos maestros sabios hablando en acertijos. Aún así, quitando el folklore, uno puede darse cuenta de que este cambio del acertijo a instrucciones más simples ha vaciado los métodos antiguos de su esencia, cambiando profundamente el enfoque de la enseñanza y creando prácticas completamente nuevas, principalmente centradas en el ocio y la vida civil.” (Frédéric Majid Hrayssi)

El presente escrito fue hecho también para celebrar el tiempo feliz que se vivió en Nei Waijia Caracas durante el tiempo que los poetas Pablo González y Luis Corredor estuvieron juntos con nosotros. Por un breve momento pareció que el antiguo Kwoon y el Gymnasion estaban de vuelta. Esos días felices no han terminado del todo. El poeta Luis sigue participando en nuestras clases, pero el poeta Pablo se encuentra en la isla caribeña de Santa Lucía, y por las circunstancias que vivimos hoy en nuestro país, no se avizora un pronto retorno.

Pablo leyéndole uno de sus poemas a Luis.

La amistad es una virtud, una excelencia, y se establece en el placer de con-versar. Camus dice que “rechazar el fanatismo, reconocer la propia ignorancia, los límites del mundo y del hombre, el rostro amado, la belleza, en fin, he ahí el campo donde podemos reunirnos con los griegos”, y añado, también con los antiguos taoístas: contemplando nubes y jugando al empuje de manos.



A PROPÓSITO DEL MOMENTO

A pesar del contratiempo
Que representa el gobierno,
Todos se ven muy felices,
Hasta envidia me generan,
Haberme perdido aquello
Del cumpleaños postrero,
Junto a la gran comilona,
Pa´ homenajear a Roberto.

Sombreados por las ramas
De ese bello árbol del Parque,
Están quince corazones,
Que laten aquella tarde,
Hernani, con su pasiva,
Aptitud de gran respeto,
Con Joani a su siniestra,
Engalanando la fiesta,
Roberto junto a Marina,
Muy atentos al momento,
Luis pensando en sus poesías,
Aunque pareciera atento,
Walter, Bonny, Hernán, Xiomara,
Pedro, Josnil y Mireya,
Todos ellos muy sonrientes,
Cual si vivieran en Suecia,
Mercedes, Ismenia
y la querida Antonieta,
con la emoción reprimida,
en sus propios pensamientos.
Y todos agradecidos,
A aquel que tomó la foto
Y les grabó ese momento,
Cuando un domingo en Septiembre
Se reunió el marcial grupo
Para homenajear a Roberto.
Yo no pude estar allí,
Estuve en mis pensamientos
Los recuerdo compañeros,
Y disfruto sus momentos,
A veces suelo sufrir,
Igual que el resto del género,
Pues nunca tendré alegrías
Si no tengo sufrimientos.
Pablo González

A PABLO (compañero de letra y artes)

El frío que me despierta
me congela hasta los huesos
dejándome patitieso 
sin poder casi moverme
y queriendo me recuerda
al compañero Pablito
que se encuentra calientito
por allá por el Caribe
disfrutando de las mieses
del coco y las redondeces
de beldades de las islas
y creo que bien merece.

Ludovico Sánchez


El sentido está relacionado íntimamente con el ser, como el Tao. El sentido del Tao es el de encarrilarnos, encaminarnos. Así mismo el ser nos hace converger, nos convoca aquí y ahora, en un reino que tiene por techo la bóveda celeste, y por piso los abismos terrestres. Todo está relacionado con todo y vibra por resonancia. A ese misterio le canta la poesía y le danza el Taijiquan.

“La quietud en la quietud no es la verdadera quietud.
Sólo cuando hay quietud en movimiento puede aparecer el ritmo espiritual que permea el Cielo y la Tierra.”
Ts’ai-ken t’an

Notas:
(1) Extraído de Digesting the Universe, de Nan Lu, OMD (https://www.tcmworld.org/the-poetry-behind-martial-arts/)
(2) Otro discípulo de Mallarmé, Claude Debussy, llevará las resonancias de esa “oscuridad audible” a estructuras compositivas que rompen la narrativa lineal, son discontinuas y obedecen a principios de proporción no lineales, en otras palabras, son estructuras compositivas en continua variación temporal: formas de momento (un mosaico de momentos). La primera de estas formas en una obra plenamente acabada es Jeux (Juegos) de Debussy. Las formas de Taijiquan pueden describirse como “formas de momento”.
(3) Stephen Miller. Conversación. La historia de un arte en declive.
(4) “Con-versar”, hacer versos juntos. En esas cimas poiéticas de la historia humana, la conversación logro alcanzar su raíz etimológica. Pocas lenguas vivas guardan una relación con la poesía propia como lo hace el Suajili, cuyos hablantes tienen por modelo a seguir, la poesía de sus grandes creadores.
(5) El último libro de Nietzsche, que quedaría inconcluso, es La voluntad de poder, y uno de sus capítulos se titula “La voluntad de poder como arte”.

Roberto Chacón


ARTÍCULOS (ÍNDICE)

martes, 3 de septiembre de 2019

ARTÍCULO (Magazine No. 606)

¿POR QUÉ LEEMOS POESÍA EN LAS CLASES DE TAIJI-QIGONG? (VI)

La poética del combate Tai Chi

“En vida, un hombre es blando, suave;
muerto, inflexible y rígido.

Toda criatura, hierba y árboles, en vida
tienen plasticidad y maleabilidad también;
pero muertos se desmenuzan y secan.

El rigor inflexible va de la mano de la muerte,
y la suavidad que cede acompaña a la vida.

Los soldados inflexibles no obtienen victorias;
el árbol más firme es el más listo para el hacha.

Lo fuerte y poderoso se derrumba en su lugar;
lo suave y flexible se alza sobre todos ellos.”
Bruce Lee

La esencia del Taijiquan es la suavidad y el movimiento circular. En el Daode Jing leemos: “Lo desapasionado, suave y flexible conquista lo apasionado, duro y grosero.” (Cap. 36) Y en el Capítulo 78:

“El agua es suave y dócil. Pero mina y corroe lo duro. En el vencimiento de lo duro, ella no tiene iguales.
Lo suave y lo tierno vencen a lo duro y lo grosero. Pero sólo las personas sabias entienden de qué se trata”.

A partir de la suavidad, la poética del combate Tai Chi se erige sobre fundamentos Yin, como el vacío, la receptividad y la no-acción. Yin en el sentido que le da Gastón Bachelar, de un principio de reposo que “lleva a las grutas del ser”. Desde esa “centralidad” profunda y germinativa puede abordarse cualquier cambio, cualquier movimiento.


La gracia y la delicadeza, las potencias de la elevación y sublimación del espíritu, se alían para hacer del Tai Chi el arte marcial más poético, “poesía en movimiento”. ¿Cuántas artes marciales no han hecho de la dureza, la rapidez y la fuerza la esencia del combate? El combate literal siempre se describe en el plano de fuerzas que se oponen y resistencias. Sólo la revelación de la poiética del Tao, pudo crear un arte que ya no abordara el combate desde el plano de lo más burdo y literal. El mal del hombre impoético es la literalidad.

Por supuesto, la “suavidad” también se puede literalizar, convirtiéndola en flojedad, en un abandono exangüe, en falta de vitalidad. (1) La suavidad supone un temple, una tonicidad sutil pero firme, de manera que el algodón envuelva y oculte al estilete de acero, como la pata suave y acolchada de un felino esconde las garras afiladas. Cobijadas por las cualidades Yin, acecha el Yang, como un tigre agazapado a la espera de su momento.

Mientras otras artes marciales pretenden endurecer al máximo el cuerpo, o algunas de sus partes para el combate, y automatizar reacciones y movimientos para hacerlos más inmediatos, el cultor del Taijiquan busca desarrollar una sensibilidad extrema, para poder “escuchar” plenamente a su oponente, y poder conducirle sin anticipar o suponer nada de éste.

El Tai Chi Chuan es un arte marcial adaptativo, pero que expande la conciencia sin negar las virtudes instintivas. Es un cultivo del instinto y una permeabilización de la consciencia a las potencias del inconsciente. Por eso no cultiva reacciones automáticas al estilo Pavlov. Tampoco propende a la insensibilización psíquica y/o corporal. Las “armaduras” (caparazones externas o internas) no son adaptivas, son predisposiciones que tratan de anticiparse a un tipo determinado de acción. Ante un acontecimiento que sorprende, inesperado, la “armadura” fracasa. La adaptación al aquí y ahora parte del estar siempre presente y alerta, abierto (y vulnerable) a lo que pasa en el exterior y en el propio interior. Entonces, se desarrolla una sensibilidad de artista, en la cual se está atento a la más mínima señal, al más imperceptible cambio.

Como la verdadera poesía que surge del silencio, el practicante de Taijiquan se convierte en una taza vacía para aprender de su maestro, y en la lucha, si logra “estar en Wuji”, tendrá la sabiduría de escuchar, y la espontaneidad que sólo el contacto con el Ser (en las grutas de la meditación) puede conferir.

Como el guerrero y el militar, la gran tentación del artista marcial es la fuerza bruta (2). La fuerza bruta, como su nombre lo indica, no sólo implica desinteligencia, sino falta de virtud (), desarmonía. La fuerza bruta, el poder basto y descarnado, es anti artístico por esencia. Es demasiado elemental y, a la vez, extremadamente frágil, pues basta una fuerza superior para ponerle fin. De ahí la obsesión por desarrollar más fuerza o potencia, que se convierte también en un camino unidimensional, sin perspectiva, y limitado por su propia naturaleza.

Incluso el talento puede convertirse en “armadura” o “muleta”, en un obstáculo en el Camino y no en una ayuda. En el filme Crossroad (La encrucijada, 1986, de Walter Hill), vemos, al final, un duelo de guitarristas. Eugene Martone (Ralph Macchio), un joven amante del blues pero que también ha estudiado guitarra clásica en Julliard, se enfrenta al paladín del Diablo, Jack Butler (Steve Vai). En el duelo, Eugene se ve apabullado por la inspiración, experiencia y el talento natural de Jack. Éste es un maestro de lo que en Venezuela llaman “guataca”, es decir, el músico de oído que tiene gran facilidad para improvisar. En el plano del combate cuerpo a cuerpo es lo que llamaríamos un peleador callejero, instintivo. Pero de pronto, Eugene recuerda que se sabe un Capricho de Paganini, (3) que al estar compuesto a la manera de la música académica, posee modulaciones imposibles de ser seguidas de oído, que engañan al escucha. Jack se pierde intentando imitar lo que oye de la interpretación de Eugene, y, frustrado, se da por vencido.

"Steve Vai vs Ralph Macchio Epic Guitar Battle"
De igual modo, el artista marcial formado cabalmente, ha cultivado su arte mucho más allá de lo que el mero instinto y la experiencia pueden dar al peleador callejero. En el Taijiquan, como arte interno, el practicante no puede confiarse en la fuerza bruta o en alguna técnica o talento por sí mismo. Honesto respecto a su condición humana y su vulnerabilidad constitutiva, tendrá que confiar en la alquimia taoísta del arte con las cuales transmutará sus debilidades en fortalezas, y hará que la fuerza y potencia de su contrincante sean vueltas finalmente contra éste. Como todo arte, el Taijiquan tiene que abrir en el verdadero practicante perspectivas y posibilidades inéditas, multidimensionales tanto en la lucha como en la vida.

Cuando se hace Tai Chi Chuan, el cultor del arte se hace metáfora viviente, convirtiéndose, según va interpretando la forma, en Viento, en Grulla, en Dragón que lanza perlas o en Bella Hilandera. De ahí que la forma de Taijiquan o taolu pueda ser un Camino poético iniciático, como asevera Madame Gerda Geddes en su texto Buscando la aguja de oro: un viaje alegórico.

Un buen ejemplo de los motivos metafóricos del Tai Chi lo tenemos en el movimiento “Las Manos Ondulan como Nubes”, en chino Yun Shou (手云), literalmente “manos-nubes”. El caracter correspondiente a “nube” (yun / ) significa también “decir”, puesto que hace alusión a los vapores que se elevan a varios niveles (nube) y a los que se forman del aliento al hablar en invierno. De modo que también pudiera referirse al movimiento como “manos que dicen”.

Manos Nubes

El caracter que significa esos “vapores que se elevan” en el ideograma de “nube” es (), que realmente representa un hebra de seda, y que antiguamente significaba “personal”, “privado”. Si ampliamos aún más el campo semántico (la madeja de relaciones del sentido) de la ideografía de Yun Shou, tenemos: “las manos ondulan como hebras de seda a distintos niveles, diciéndolo de una manera personal”.

Shou (mano / ), como caracter, representa la mano por sus tres dedos largos. No es algo arbitrario, está relacionado con Hombre, Cielo y Tierra (Ren, Tian, Di) y los “Tres Tesoros” (San Bao): Jing, Chi y Shen. En el ideograma “Nube”, los “dos niveles” están representados por el caracter èr (dos / ) que también son indicadores del Cielo y la Tierra, los marcos absolutos del escenario de la Creación. De modo que “manos-nubes” puede decirse también: “las tres hebras de seda que relacionan el cuerpo, el alma y el espíritu, entre el Cielo y la Tierra, ondulan como si hablaran íntimamente”.

El ideograma de “movimiento” y de “transportar” (Yun / ) es homófono del de “nube”. El mismo representa el “andar como las nubes”, pues éstas siempre están en movimiento transportando agua. De modo que haciendo otra ampliación del campo semántico de “manos-nubes” a partir de su homófono, tenemos “las manos se mueven (o transportan), andan como nubes”.

El movimiento “Las Manos Ondulan como Nubes” se hace en la postura Ma Bu, o “posición de jinete”. Esta posición ha sido descrita como “posición de montaña” (el equivalente de pie a la postura sentada Flor de Loto, el arquetipo de las posturas de meditación). Esa posición se desplaza, convirtiéndose en la “Caminata Ma Bu”. En el Tai Chi, los pies se mueven como el agua, pues esta fluye pegada a la tierra, adaptándose a sus relieves. A las manos, en cambio, las mueve el viento. Nube y montaña, agua y viento, son, según François Cheng (Vacío y plenitud) los elementos característicos del paisaje en la pintura china tradicional. Esa pintura siempre deja un espacio vacío, que corresponde al Wuji, de donde surge el aliento intermedio o Qi, que en forma de viento mueve las nubes hacia las montañas, de las que descienden los arroyos hacia los valles, en donde el agua se volverá a evaporar y nuevamente se transformara en nubes.

Paisaje de Montaña. Wang Yu

En “Las Manos Ondulan como Nubes”, el Wuji está en el estado meditativo del espíritu y la mente-corazón, mientras el Chi se genera y retorna al Dan Tien, donde está el centro de gravedad del cuerpo humano. De modo que la metáfora del artista marcial que se convierte en nubes se transmuta en una imagen más panorámica, en un paisaje completo, puesto que el microcosmos resuena y se corresponde armónicamente con el macrocosmos, tanto en la pintura, como en el Taijiquan. El paisaje y las nubes pueden cambiar, pero el cielo permanece: la Creatividad del Cielo nunca cesa.

“Navegarás en una solitaria barca diez mil millas.
Vagabundeas como esa nube flotante,
Y mi añoranza se asemeja al sol poniente.”

Versos de Despedida a un amigo, de Li Bai.

“El Taijiquan es poesía en movimiento”. Esta metáfora nos indica que el Tai Chi Chuan es un arte del movimiento, pero nada más. ¿En qué sentido los movimientos del Tai Chi son poéticos? ¿Qué tiene que ver la palabra poética con el movimiento y el combate?

En el mundo arcaico poesía, canto, danza y música estaban ligados inextricablemente. La poesía se cantaba y el canto se danzaba. La poesía, a través de los acentos, repeticiones, (4) las rimas, los metros de versificación, crea ritmos con el lenguaje, es decir marcas que dan forma y energía (euritmia) al continuum indiferenciado de mundanal ruido o del silencio. Estas marcas o huellas significantes resaltan sobre ese fondo y lo estructuran en una formulación gestáltica, cuya figuración integral excede en sentido a las partes o conjuntos de partes.

En la poesía, el silencio, por primera vez, cobra sentido, el ritmo, estructurado sobre silencios (retenciones de la voz y el aliento), resalta la palabra y pone de relieve su cadencia y sus resonancias. Hace con los sonidos articulados el mismo papel del vacío en la ventana o la jarra, según Lao Zi (Lao Tze).

“Treinta radios se unen en una rueda. Pero su utilización también depende del espacio vacío entre los radios.
Hacen los vasos de arcilla. Pero su utilización depende del espacio vacío que hay en éstos.
Hacen paredes, puertas y ventanas en una casa. Pero su utilización también depende del espacio vacío que hay en ésta.
Así es como se relaciona la utilidad de los objetos con el espacio vacío.”
(Daode Jing. Capítulo No. XI)

Lo importante del ritmo poético es que crea sentido. En primer lugar hace aparecer algo donde antes no había nada (en principio, sentido y forma); en segundo lugar crea excedente de sentido. Por ejemplo, la rima establece relaciones de sentido entre palabras que no pertenecen al mismo campo semántico, o al campo que les es obvio e inmediato.

Los ritmos musicales y los poéticos surgen a un mismo tiempo, como canto, y seguramente como canto coral. Y también como danza ritual, pues el cuerpo tenía que responder como un todo a la energía rítmica y al torrente liberado de sentido, a las manifestaciones de lo sagrado en el cuerpo. La poesía-canto-danza crea una sinergia en la comunidad tribal totalmente ajena a lo que se percibe en su vida cotidiana. La poesía nombra lo sagrado y también lo hace manifiesto, lo re-vela.

Siempre se dice que la poesía, por sus fórmulas, ritmos y rimas, era la forma más usada por los pueblos antiguos, de tradición oral, para recordar sus epopeyas mitológicas y sus cantares épicos. Es decir, sus recursos compositivos y rítmicos ayudan a la memoria a recordar. Pero es absurdo reducir la poesía a nemotecnia primitiva.

La relación de la poesía con la memoria va mucho más allá. Recordemos aquello de que la poesía nos hace contemplar lo original como si lo hubiéramos olvidado (R. Cadenas). El ritmo poético crea espirales de intensidad, que hacen posible la re-velación de lo “original”, es decir, de la esencia de una entidad o proceso, en la que se muestra eso como fue y será siempre, como “la primera vez”, su sempiterna “fuente de sentido”. De ahí surge la belleza poética, cuando se vislumbra el arquetipo del ente o de la acción. He ahí la relación profunda entre la poesía y la educación tradicional basada en el (re) descubrimiento.

Esa intensidad del ritmo poético, usada específicamente con fines religiosos, de busca de la iluminación, se convertirá luego en el Mantra Yoga: el uso de la palabra repetida rítmicamente para agenciar la liberación de la mente.

Por ritmo no debemos entender sólo los patrones musicales, sino también la sucesión de imágenes y los desplazamientos de sentido (tropos), es decir, las dinámicas de conducción de la sensibilidad, los sentimientos y las emociones, también de los pensamientos: la forma poética como proceso alquímico, para la transfiguración y el rapto divino del alma.

Son también rítmicos la entonación, los énfasis y silencios de los rapsodas, para dar sentido dramático al poema cantado o declamado. Igualmente los “ritmos” de las formas o estructuras poéticas, sus tiempos, duraciones y sus intensidades (euritmia).

Ciertas técnicas poéticas ayudan a que el sentido se mueva hacia adelante y a la vez hacia atrás, al ir leyendo o escuchando el poema, yendo hacia lo que se nos va revelando “hacia el futuro” y también hacia lo que recordamos (como se nos des-oculta el origen “olvidado”). En la poesía clásica griega, por ejemplo, tenemos los anagramas. En un canto a una deidad pagana, la revelación de los nombres del dios, que se dosifica a lo largo del canto, ya ha sido mostrada al inconsciente en los primeros versos, porque cada palabra de éstos comenzaba con una de las sílabas que forman el nombre principal del dios.

En la poesía escrita china, tenemos el recurso de las imágenes ideográficas implícitas (ideogramas compuestos) que van revelando desde el principio un sentido más profundo que aquel al que refieren las palabras representadas, como el verso de Wang Wei analizado con anterioridad.

El ritmo poético no está al servicio de la memoria como una mera nemotecnia. Al estar dirigido al inconsciente (al cuerpo y al “cuerpo psíquico”), la poesía obra a favor de la liberación de la memoria involuntaria. Mientras la memoria voluntaria trabaja para el Ego y la identidad, la involuntaria actualiza el pasado como un cosmos vivo, nos religa profundamente con lo vivido y le da sentido a nuestro presente y al vivir venidero, a nuestro destino. Y, más allá de nosotros, nos religa con la vida pasada y con la venidera, abriéndonos la posibilidad profunda del habitar.

En la contemplación de la aceptación plena del destino del héroe abatido, y, por ende, en su cumplimiento cabal, estribaba la catarsis de la tragedia ática. Su destino es el camino a recorrer en su proceso de individuación. Por ende, no necesita ser explicado, “entendido” de alguna forma, no tiene que ser justificado ni perdonado; sólo puede ser contemplado y admirado.

El ritmo poético está al servicio de una “memoria poiética”, y no en beneficio de un recordar que nos ata a un pasado ya caducado. Si no fuese así, la Madre de todas las Musas no sería Mnemósine. Ella no es la diosa de la memoria, la cual es Mneme, (5) una de las nueve hijas que tuvo con Zeus. Como todas las artes provienen de la poesía (son poiésis), Mnemósine es la Musa de la poesía, o de la poiésis, si lo prefieren. Las Musas “inspiran”, es decir, dan aliento creativo.

Mnemósine

Mnemósine no tiene una etimología clara, como nombre, pero podemos elucubrar, diferenciándola de su hija la Musa Mneme (“Memoria”), y siendo madre de todas las Musas, que su nombre hace referencia a lo “memorable”, a lo digno de ser recordado.

MNEMOSYNE
(Fragmento)

Maduros están, hundidos en fuego, cocidos
y en la tierra probados los frutos,
y es una ley que todo entre, al modo
de serpientes, profético, soñando,
en las colinas del cielo. Y mucho
retener es preciso como en los hombros
una carga de leña. Pero malos
son los senderos. Y, cual potros ciegos
corren los elementos prisioneros
y las antiguas leyes de la tierra.
Y a la disolución marcha el anhelo.
Mucho es lo que hay que retener, empero.
Y la fidelidad es necesaria.
Más ni adelante ni hacia atrás, queremos
mirar. Y nos dejamos
mecer, como en la oscilante
navecilla del mar.

Friedrich Hölderlin

En la Grecia arcaica, “verdad” significaba “no olvido”. Siendo el poeta (el chamán-poeta de la Edad del Bronce helénica) el maestro mágico, chamánico, del recuerdo. Lo digno de ser recordado es la belleza, aquello que re-vela la esencia y la excelencia cimera de algo, y donde se muestra también el tejido de sus relaciones con el cosmos. Verdad y belleza eran en los tiempos primigenios, una y la misma cosa. Recordar, entonces, no es sólo traer una imagen del pasado a nuestro presente, es re-acordar (afinar, armonizar), volver a re-ligar (a relacionar, pero también a re-interpretar, a re-novar el sentido), convocar nuevamente a los presentes y los ausentes a la fiesta del corazón.

ABRAMOWICZ
Esta noche, no lejos de la cumbre de la colina de Saint Pierre, una valerosa y venturosa música griega nos acaba de revelar que la muerte es más inverosímil que la vida y que, por consiguiente, el alma perdura cuando su cuerpo es caos. Esto quiere decir que María Kodama, Isabelle Monet y yo no somos tres, como ilusoriamente creíamos. Somos cuatro, ya que tú también estás con nosotros, Maurice. Con vino rojo hemos brindado a tu salud. No hacía falta tu voz, no hacía falta el roce de tu mano ni tu memoria. Estabas ahí, silencioso y sin duda sonriente, al percibir que nos asombraba y maravillaba ese hecho tan notorio de que nadie puede morir. Estabas ahí, a nuestro lado, y contigo las muchedumbres de quienes duermen con sus padres, según se lee en las páginas de tu Biblia. Contigo estaban las muchedumbres de las sombras que bebieron en la fosa ante Ulises y también Ulises y también todos los que fueron o imaginaron los que fueron. Todos estaban ahí, y también mis padres y también Heráclito y Yorick. Cómo puede morir una mujer o un hombre o un niño, que han sido tantas primaveras y tantas hojas, tantos libros y tantos pájaros y tantas mañanas y noches.

Esta noche puedo llorar como un hombre, puedo sentir que por mis mejillas las lágrimas resbalan, porque sé que en la tierra no hay una sola cosa que sea mortal y que no proyecte su sombra. Esta noche me has dicho sin palabras, Abramowicz, que debemos entrar en la muerte como quien entra en una fiesta.

Jorge Luis Borges

Roberto Chacón
Notas:
(1) Existió, por lo menos, un maestro chino que enseñaba Tai Chi Chuan, que se oponía a la suavidad, pues la asimila a “ablandar”.
(2) La tauromaquia, como arte arcaico, es el ritual para el sacrificio de la fuerza bruta, que se realiza en manos de las entidades Yin civilizatorias. En ese sentido está relacionado con el sacrificio sagrado del Rey Guerrero por parte de las sacerdotisas de la Diosa Blanca, en el neolítico temprano, como parte de los rituales anuales de la fertilidad.
(3) Steve Vai y William Kenengiser compusieron y tocaron la parte de guitarra al estilo académico basada en el Capricho No. 5 de Paganini, ejecutada por Eugene en el filme. Ry Cooder interpreto el resto de la parte de guitarra que correspondió a Eugene.
(4) La repetición da forma (estructura).

(5) Mneme o Mnemea tampoco es simplemente la Musa o diosa de la memoria. Es la Musa que, en el proceso de creación, da forma concreta a las ideas abstractas, que su hermana la Musa Meletea (imaginación) ha producido. Luego, su otra hermana Aedea, ejecutara la creación como tal.