martes, 20 de marzo de 2018

DEL DIARIO DE NANI María Margarita López (Magazine No. 591)

SOBRE LA RELACIÓN ENTRE LOS PÁJAROS Y LOS ESPÍRITUS DE LOS MUERTOS (I)

Por Christopher M. Moreman
Universidad de California, East Bay

Resumen
A lo largo de la historia de la humanidad, en las diferentes culturas los pájaros tienen significados simbólicos ambiguos relacionados con la vida y la muerte; frecuentemente como augurios de calamidades y muerte, pero también  a menudo, como capaces de portar o robar los espíritus de los muertos o de encarnar esos espíritus. Por otra parte, los pájaros están asociados con la vida, la fertilidad y la longevidad.

Este ensayo ofrece evidencias transculturales, de las asociaciones entre los pájaros y la vida y la muerte. Igualmente ofrece una explicación de esta asociación como expresión de la arraigada ambivalencia del hombre ante la mortalidad. Como una forma de arquetipo junguiano los pájaros reflejan un aspecto fundamental de la naturaleza humana, el rechazo de la muerte como finalidad, a través del deseo de renovación, transformación y renacimiento.

Palabras claves
Pájaros, Junguiano, Jung, arquetipos, muerte, renacimiento, psicopompo, comparativo, religión, folklore, transcultural, simbolismo, el más allá, espíritu


Introducción
En una cena, una mujer, que sabía que yo enfocaba mi trabajo académico en el más allá, se acercó a mí y me preguntó sin rodeos si había vida después de la muerte. Evitando el largo discurso que los académicos suelen dar cuando se les pregunta acerca de sus indagaciones, le ofrecí un simple “No”. Esta respuesta, juzgada retrospectivamente, fue insensible. En lugar de  poner punto final al asunto, mi respuesta hizo que los ojos de la mujer se llenaran de lágrimas. Su padre había muerto semanas atrás y explicó que la razón de su pregunta era que había tenido una experiencia extraña. Mientras nadaba en su piscina, un pequeño pájaro se le acercó; ella y el pájaro intercambiaron lo que le pareció un significativo contacto visual que la impulsó a preguntar en voz alta: ¿Padre?  Como respuesta el ave voló, dejándola con la clara impresión de que había sido visitada por su padre fallecido.

Sentí que la conversación me  había dejado una lección acerca de la cualidad sensible de mi propia investigación, y me hice una pregunta peculiar: ¿Por qué alguien reconocería el espíritu de un ser humano fallecido en una criatura tan diferente como un pájaro?

En un gran número de culturas los pájaros están conectados de muchas maneras con la muerte. A menudo son considerados emisarios o presagios de muerte inminente. Se piensa que algunos pájaros roban las almas de las personas que están muriendo, o actúan como psicopompos, llevando las almas de los muertos para “el próximo mundo”. 

Como ilustra lo referido, hay también la creencia de que los pájaros de alguna manera puedan encarnar los espíritus de los muertos. Se ha notado que la creencia en pájaros como “espíritus visibles de los muertos” es “casi universal”.

El lector casual podría estar inclinado a aceptar las tres posibles conexiones de los pájaros con los fallecidos (presagios, portadores y encarnaciones de los muertos), como aspectos de una amplia creencia en una conexión pájaro-muerte, pero voy a demostrar el papel que en cada caso juegan los diferentes factores. Las diversas facetas de la conexión apuntan a un conjunto más complejo de relaciones simbólicas.  

El simbolismo de los pájaros no siempre se enfoca en la muerte, por ejemplo, igualmente se relaciona con la fertilidad, la longevidad y la vida misma. Argumentaré que en realidad esta última conexión es la más útil para entender por qué los pájaros son usualmente asociados a la muerte en el folklore  y en la imaginación popular de los pueblos alrededor del mundo. 

Verdaderamente, usando el concepto de Jung del arquetipo, expresaré que el pájaro simbólicamente encapsula nociones de trascendencia y renacimiento, que son elementos críticos de la tendencia general humana de ignorar o negar nuestra propia mortalidad.

Apuntando a lo que pueda ser tenido como un problema para aplicar la teoría de Jung a los estudios humano-animal, se sugiere que los “teóricos y practicantes psicoanalíticos no deben estudiar directamente las relaciones animales o las humano-animales. En psicoanálisis, un animal no es él mismo, sino un símbolo de procesos psicológicos, típicamente (…) el Inconsciente”.

Puede ser verdad que el psicoanálisis no se enfrenta directamente con relaciones humano-animales, pero debe entenderse que, especialmente en la teoría psicoanalítica de Jung, la relación está, inherentemente, en el arquetipo. Nada es un “sí mismo” cuando es percibido por cualquier sujeto, pues toda experiencia está subjetivamente mediada. El sujeto, entonces, media su experiencia del Otro (humano, no humano, animal u otro) con los arquetipos, originados en áreas inherentes, instintivas, de lo que Jung llama el inconsciente colectivo, en las que están establecidos parámetros comunes para la experiencia, permitiendo la comprensión compartida entre los individuos. Nuestra capacidad para comprender y evaluar tales experiencias compartidas está limitada por nuestra habilidad para comunicar; por lo tanto, enfocamos el estudio fenomenológico de la experiencia en el humano, pero no hay razón para excluir a la ligera la posibilidad de extender esa experiencia compartida entre las especies. Por supuesto eso es lo que se ha señalado como el propósito principal de esta publicación: “estimular (…) un campo sustantivo, los estudios animales, que adelantarán la comprensión del aspecto interacciones humana-no humana-animal”’

Jung explicó a través del concepto del inconsciente colectivo que hay ciertas estructuras significativas desde el punto de vista instintivo (arquetipos) comunes a todos los seres humanos. Como contenidos inconscientes de la mente, cuando estas estructuras son reconocidas conscientemente, a menudo evocan una sensación de que han llegado de no se sabe dónde, prestándole a los arquetipos una cualidad numinosa. Cuando la mujer sintió que estaba en contacto con su padre fallecido, en realidad estaba ante el contenido arquetipal inconsciente relacionado con la experiencia humana común de la muerte y de la mortalidad personal a través de la apariencia de un pájaro. Específicamente, ella estaba experimentando el rechazo arquetipal de la muerte como finalidad. Como elementos instintivos del inconsciente humano, los arquetipos a menudos son mal comprendidos y su naturaleza percibe al Otro como irracional, en contraste con el mundo consciente de la racionalidad que comúnmente se nos alienta a no abandonar. El misterioso reconocimiento de lo familiar en el Otro, y especialmente en el animal, indica más acerca del sujeto que percibe al Otro que acerca del objeto (o sujeto) que está siendo percibido. Como significantes arquetipales, los animales son particularmente aptos para los insights, puesto que el inconsciente indica el parentesco evolutivo de lo humano y lo animal.  

Que el pájaro encarne el arquetipo en este caso es frecuente; hay elementos simbólicos que hacen que el pájaro sea especialmente adecuado para tal papel.

La primera parte de este ensayo establecerá el carácter casi universal de la conexión simbólica entre los pájaros y la muerte. Las siguientes darán varios ejemplos de cada tipo de asociación sacadas del folklore, de  supersticiones y tradiciones culturales en todo el mundo, a través de la historia.

En este ensayo no estoy tan interesado en lo específico de por qué cualquier cultura en particular podría haber desarrollado una creencia, más bien mi interés está en demostrar el carácter ubicuo de las conexiones específicas entre pájaros y muerte que han aparecido y continúan apareciendo  a través de las culturas.

Ciertamente, culturas específicas pueden tener explicaciones únicas sobre por qué un determinado pájaro está asociado con la muerte de una manera particular, pero tales explicaciones idiosincráticas no pueden tomar en cuenta el atractivo universal de tal asociación. La parte final de este ensayo tratará de la relación con el pájaro en el contexto de nuestra confrontación con la mortalidad.

Los Pájaros como presagios de Muerte
La idea de que un pájaro que vuela en nuestra casa anuncie una muerte en la familia es una superstición común anglo americana.

Algunas veces los petirrojos son especialmente culpados, mientras que en otras partes una golondrina que baja por la chimenea, predice muerte.

Hay quienes rechazan tener pájaros como mascotas o aún, fotos de pájaros para no invitar alguna calamidad.

El poder predictivo de los pájaros a menudo se extiende más allá de los linderos de la casa; en Virgina, el chotacabras puede predecir la muerte al simplemente acercarse a ella y el cuervo en Inglaterra hace una predicción similar si llega a la verja del jardín. Los pájaros negros en particular originan estas ideas, pues su color está asociado al mal y a la muerte. En Gales hay un proverbio que dice que un cuervo que vuela sobre una casa anuncia una muerte dentro de ella. Los grajos pueden predecir muerte al graznar. Una historia danesa cuenta que la aparición de un grajo anuncia la muerte del sacerdote local.

Los pájaros nocturnos están señalados de la misma manera. La popular leyenda de los Siete Silbadores describe siete pájaros cuyos gritos nocturnos predicen muerte inminente.

En forma similar un dicho en Somersetshire advierte: “si un determinado pájaro nocturno vuela sobre su cabeza, haga su testamento”. Muchas leyendas de nativos americanos se refieren a la ambivalencia hacia los pájaros nocturnos. La explicación puede estar en que los sonidos de las aves nocturnas son generalmente más misteriosos que los sonidos musicales de las aves canoras, y la oscuridad de la noche también ayuda. 

También hay leyendas sobre gallos que cantan en la noche, fuera de lo habitual. En partes de Inglaterra ello indica una muerte inminente, mientras que una variante escocesa especifica que habría que tocar las patas del gallo: si están frías, la predicción es exacta, pero si están tibias, pueden venir buenas noticias.

En general es más bien la oscuridad la que empeora la mala sensación de los gritos de los pájaros, que también pueden ser tomados como malos presagios a cualquier hora en que se produzcan. Leyendas de Carolina del Sur, por ejemplo, incluyen tales cosas como un águila comiendo junto con buitres, un pavo solitario parado bajo un gran roble, o la aparición de un petirrojo.

Una leyenda apalache explica que “si un pájaro anida en su zapato o bolsillo, o en cualquiera de sus ropas, mejor prepárese para morir dentro del año en curso”.

Por otra parte, la conducta rutinaria de algunos pájaros ha contribuido a forjar asociaciones siniestras. El ampelis, por ejemplo, es llamado strebe-vogel  (pájaro muerto) por los suizos debido a su asociación con la llegada del invierno, y a la voracidad conque se comen los frutos que servirían para alimentar a las personas durante los meses sin cosechas. La tradición funeraria de los seguidores de Zoroastro de exponer el cuerpo, incluye la posibilidad de que los pájaros puedan indicar la dirección que ha tomado el alma en el más allá; si el pájaro carroñero mete el pico en el ojo derecho del cadáver, entonces el alma va al paraíso, mientras que si es el izquierdo, el destino del alma es el peor.

Muchos presagios de muerte se relacionan con el tipo de pájaros nocturnos, el búho, descrito como avis turpissima, el más vil de los pájaros, profeta de condenación; en Gales como Aderyn y corph, el pájaro muerto.

Virgilio describe cómo el ulular de un búho era como un canto fúnebre cuando Dido cometía suicidio (Eneida); Ovidio consideraba al búho como el presagio más temible para los mortales y se dice que los emperadores Augusto, Valentiniano y Cómodo Antonio murieron luego de que unos búhos se posaron en sus Villas.

En China, se escucha al búho gritar: ¡wa wa!  (excava, excava), expresando la urgencia de abrir una fosa que sería necesaria muy pronto. En el sur de la India predicen el futuro contando los gritos de un búho, uno solo es muerte, y ocho, muerte repentina. Otros números son más auspiciosos. Entre algunos Apaches, los búhos, junto con otras aves nocturnas como los halcones nocturnos y los chotacabras, son sinónimo de muerte pues sus hábitos nocturnos los hacen equivalentes a fantasmas.

Pájaros como portadores de Sabiduría Divina
Los pájaros significan la sabiduría en las formas antiguas de adivinación y a menudo son equivalentes a la profecía y a la iluminación, lo cual tiene su eco en el proverbio moderno: “un pajarito me lo dijo”
Los pájaros están normalmente asociados con dioses como espíritus familiares o avatares. Atenea y Ishtar están ambas asociadas con búhos, Zeus con el águila y Odín con cuervos.

El águila es considerado por muchos pueblos nativos americanos, especialmente los indios de las Planicies y los grupos del suroeste, Hopi y Pueblo, como relacionados con el Gran Espíritu. Los Navajos veían el pájaro azul como heraldo del sol, “la suprema imagen de Dios”. En el folklore tibetano los pájaros son vistos como mensajeros divinos divididos en castas. Los considerados “intocables” incluyen cuervos, buitres, águilas y búhos, que sirven como emisarios de fuerzas oscuras, incluyendo la muerte.

Los buitres representan los clásicos dioses de Veracruz, por su voraz aceptación de las ofrendas sacrificiales. La paloma es sinónimo del Espíritu Santo Cristiano, y se dijo que una hizo revelaciones al profeta Mahoma.

En sus roles como mensajeros divinos, los pájaros son análogos a los ángeles en las tradiciones Abrahámicas; así, cuando se imaginan a los ángeles, a menudo tiene alas de plumas. Se han encontrado descripciones similares en las experiencias de muerte inminente: descripciones del este asiático incluyen “árboles de los que cuelgan joyas, suelos enjoyados, voces de muchos pájaros de variado plumaje”, mientras que las descripciones de cristianos son de puertas de perlas y ángeles alados tañendo arpas.

El “viejo y sabio búho” es reconocido como símbolo de la sagacidad, asociado con la sabiduría de Atenea. Siguiendo la tradición de las explicaciones naturalísticas del folklore, la reputación del búho como poseedor de un conocimiento supernatural es atribuido a sus “ojos luminosos, su habilidad para permanecer despierto en la noche y ver en la oscuridad”. Se ha pensado, sin embargo, que la aparente calmada sabiduría del búho nace simplemente del hecho de que ellos se paralizan ante una repentina luminosidad.

Así como los argumentos que conciernen al sonido o al color de ciertos pájaros, o aún de sus hábitos alimenticios, las explicaciones para una específica asociación de un tipo de pájaro, son innecesarias, dado el número de pájaros asociados no sólo con la muerte sino también más generalmente con el logro de conocimiento. Pudiendo vivir confortablemente en la tierra y en el aire, sin mencionar el agua, los pájaros acceden a lugares donde los hombres sólo llegan con dificultad, si acaso pueden, y son percibidos por tanto, como capaces de tener unas fuentes de información más amplias.

Como seres que viven en intersticios, son simbólicamente apropiados para lograr conocimientos inconscientes. Porque la muerte es un profundo misterio, los pájaros como mensajeros divinos con acceso a información mucho más extensa que los humanos, se les admira como fuentes de iluminación sobre este hecho final.   

Los pájaros como psicopompos
A veces se les describe robando o transportando las almas de los muertos, como psicopompos. Los romanos, en apoteosis, soltaban un águila (asociada con el dios Júpiter) al morir el emperador, para que el águila “condujera su alma a lo más elevado”.

Los mitos hawaianos incluyen pájaros llamados Halulu, Kiwa e Iwa, que llevan las almas a los cielos. Algunos mitos nativos americanos describen a buitres que cargan a las almas en el mundo del espíritu. En Norfolk, las golondrinas que se posan en un hogar predicen muerte y se cree que arrebatan el alma para llevársela; si están posadas en una iglesia, están deliberando acerca de cuál alma tomar.

En leyendas aparece, por igual en China y entre ciertos nativos americanos, que los búhos le arrancan el alma a los moribundos. Hay plegarias de nativos americanos del sureste, que buscan inducir a los búhos a que roben las almas de los enemigos.

En el folklore judío, el búho está asociado con la legendaria Lilith, a quien se inculpa por la muerte de los infantes. Una prescripción judía para sacar de los niños los efectos letales de los sonidos de los búhos, es derramar agua en el patio, como una distracción. Esa tradición no es única, en Filipinas, asuang, una criatura en forma de pájaro, se posa debajo de la cuna para robarse al niño en cuanto nazca.

La diosa mesopotámica también está ligada al búho, pintada en un bajo relieve del siglo VIII BC (actualmente en el Museo Británico) con búhos que flanquean su forma, mitad mujer, mitad pájaro.

Como ella desciende al inframundo y regresa, es una diosa por igual de la muerte y de la vida, un patrón cíclico importante para el simbolismo de pájaros en general.
Traducción MM

(Continuará...)






ARTÍCULO DEL ARCHIVO NEI DAN (Magazine No. 591)


TAI CHI CHUAN: EL ARTE DEL EQUILIBRIO Y LA MESURA

“El pensamiento griego siempre se afirmó en la idea de límite.
Nunca abusó de nada, ni de lo sagrado ni de la razón,
porque nunca negó nada, ni lo sagrado ni la razón.
El pensamiento griego lo admitió todo equilibrando las sombras con la luz.”
Albert Camus
El destierro de Helena

Hace algún tiempo, cuando publicábamos en este boletín “La columna de Bill Douglas” (años 2007 y 2008), dimos a conocer un interesante texto del referido profesor: “Tai Chi y Chi Kung, ¿el ejercicio perfecto?”,* en el cual se hacía alusión a un artículo de la Revista Time donde se denominaba al Tai Chi “ejercicio perfecto”, y a otro del Wall Street Journal titulado: “Qi Gong. El próximo Yoga: ejercitación sin sudor - ¿El arma secreta de Tiger Woods?”. Como hizo el profesor Douglas en el texto señalado, también pudiéramos preguntarnos en qué consiste la tan propalada “perfección” del Tai Chi en cuanto sistema de “ejercitación” (“psico-física”). Y quizá, el ámbito propicio para responder esa pregunta sea el de la “cultura física” contemporánea: ¿cómo pudiera incidir positivamente el Tai Chi en los otros sistemas de ejercitación que hoy día campean en el mundo occidental?


Némesis, diosa griega de la mesura

Ya en un artículo anterior (“El Tai Chi Chuan y los deportes de alto impacto”, Nei Dan Magazine No. 584) señalamos que el Tai Chi pudiera tener, por sus distintivas características intrínsecas, un decisivo papel equilibrador y sanitario en el marco de la variada gama de ejercitaciones que hoy se ofrecen a un público ávido de perfección física, entretenimiento y salud. También señalábamos la pandemia de afecciones articulares que se ha disparado debido al abuso en la práctica de ejercicios y deportes aeróbicos de alto impacto; cosa que se ha visto agravada por el hecho de la poca orientación que existe con respecto a las necesarias regulaciones para la práctica de estos ejercicios, tomando en consideración las condiciones generales de salud de cada practicante (una de cuyas variables es la edad), aunado a la práctica deficiente de los mismos, donde la responsabilidad también recae, en buena medida, en la correcta praxis y supervisión de los respectivos instructores.

La “cultura física” occidental
Cuando desapareció la cultura del gymnasium griego, dónde el cultivo del cuerpo se conjugaba con el coloquio filosófico y la recitación poética, la cultura occidental fue separando los aspectos corporales (“físicos”) del alma y el espíritu, privilegiando estos últimos sobre el primero (cristianismo). Ya en la modernidad, el privilegio se le reservó a la mente y el intelecto. El cuerpo, reducido a mero ente mecánico**, sólo es susceptible de una “cultura física” que, paradójicamente, nace (a través de sistemas como la gimnasia sueca) del encuentro con el Qigong chino (siglo XVI), pero que copia de éste sólo los aspectos físicos (externos) de las ejercitaciones. Concebidos desde esa perspectiva mecanicista, los sistemas de ejercicios destinados al cuerpo, buscan mantener en buen estado las articulaciones del cuerpo como si se trataran de bisagras y goznes, y de mantener la musculatura activa gracias a la mera repetición de patrones de ejercitación, de los cuales muchas veces es conveniente alejar lo más posible la mente consciente, de modo que el umbral del dolor suba y se puedan alcanzar logros palpables gracias a un mayor número de repeticiones mecánicas.

El gimnasio contemporáneo reproduce en gran medida esta “cultura”, que se extiende además a numerosos deportes. En la Edad Media el cuerpo material era menospreciado desde las alturas del espíritu y el alma inmortal, siendo el receptáculo de apetitos animales e inmundicias terrenas. La modernidad lo redujo todavía más en la escala de valores, rebajándolo a mero mecanismo ciego y falto de razón. Hoy, a estas maneras de asumir nuestra corporeidad, se le suma la vanidosa compulsión por tener cuerpos esbeltos y bien proporcionados en medio de una frívola sociedad altamente sedentaria, a lo que hay que añadir las cada vez más acuciantes preocupaciones por la salud perfecta que el cuerpo no sólo debe mostrar, sino ostentar.



Por supuesto, bajo esta óptica el cuerpo es culpable de engordar, deteriorarse, envejecer, y enfermarse. Una razón más para castigarle con ejercitaciones cada vez más agresivas y extenuantes. Así que hay justificativos religiosos, “racionalistas”, mundanos y medicinales para torturarle y martirizarle. Habría que preguntar cuánto de las modernas compulsiones por la ejercitación de alto impacto y el abuso extremo que se hace de ésta tiene que ver con una violencia ejercida contra el propio cuerpo, una venganza inconsciente por los delitos de ese cuerpo nuestro pecaminoso y rebelde. Seguramente esto funge como contra parte de la obsesiva búsqueda de la perfección física y la salud absoluta. Una frase que usan los estadounidenses resume esta filosofía del gimnasio contemporáneo, antípodas del antiguo: “Si no duele no sirve”.

Tai Chi: el ejercicio supremo
Ahora bien, no se trata de prohibir las ejercitaciones de alto impacto ni los deportes riesgosos (extremos), eso iría contra la esencia misma de la libertad humana y su fundamental necesidad de explorar todas las posibilidades de realización y extender sus límites cuanto sea factible. Se trata más bien de proponer una (auto) regulación de las ejercitaciones de alto impacto (aunque no exclusivamente éstas), de modo que, así como se afirma la idoneidad de practicar Yoga y Tai Chi o Tai Chi y Pilates, ya que se trata de una combinación ideal, pues son disciplinas que se complementan muy bien; así mismo uno pudiera extender esta idea a todos los sistemas de ejercicios y deportes, especialmente los más necesitados de mesura y equilibrio: los ejercicios de alto impacto, aeróbicos y deportes extremos. De modo que siempre podemos decir que es una buena combinación practicar Tai Chi y aerobics, Tai Chi y bailoterapia, Tai Chi y spinning, etc., etc.; que no por necesidad se trata de ejercitaciones excluyentes ni mucho menos.

Pero, ¿qué le aporta a un practicante de cualquier disciplina deportiva o de algún sistema de ejercitación a los que nos referimos, el Tai Chi Chuan? ¿Cómo pudiera ayudarlo en la idónea mesura y moderación de aquello que practica?

En primer lugar, deberíamos hablar de la importante contribución del Tai Chi al control del estrés. Esto se logra, entre otras cosas, gracias al cultivo de la serenidad como actitud fundamental del arte. Si estamos de acuerdo en que gran parte de las lesiones que producen deportes extremos y ejercitaciones de alto impacto se debe al abuso en la práctica debido a los diversos tipos de compulsiones y ansiedades por las cuales se recurre a estos, una disminución del estrés y un espíritu sereno redundarán en una reducción apreciable de estas compulsiones ansiosas y otros comportamientos obsesivos.

Muchos practicantes de ejercitaciones aeróbicas y de alto impacto, dicen que su ejercitación extenuante les hace drenar el estrés. Esto se logra porque sencillamente el cuerpo se agota al máximo y la poca energía que tiene ya no puede mantener un nivel de estrés apreciable; lo cual dura hasta que se recupera el aliento. El Tai Chi logra un mejor manejo del estrés sin ningún tipo de abuso en la ejercitación, y no sólo no cansa al practicante sino que lo carga de energía y vitalidad, siendo sus efectos sobre el estrés de mucha mayor duración y profundidad.

Otro aspecto importante del Tai Chi, en cuanto ayudar en la mesura y la práctica equilibrada de otros sistemas de ejercitación, es su carácter de sistema de integración cuerpo-alma-espíritu (cuerpo, mente emocional, mente intelectiva), y no el de ser meramente una ejercitación “física”. Como se ha dicho muchas veces, el Tai Chi es una meditación en movimiento. De ahí la serenidad y el control del estrés resultante. En el estado meditativo se logra un particular estado de alerta que involucra una constante atención sobre todo nuestro ser. Cuidar el propio cuerpo pasa por estar continuamente atento y alerta sobre las sensaciones y percepciones que tenemos durante la práctica. Esa busca integral aquí y ahora es denominada “el camino del sentir”. Al contrario de la gran mayoría de las ejercitaciones que nos piden olvidarnos del cuerpo, no sentir el dolor, repetir mecánicamente el ejercicio con nuestra mente alejada en otro tiempo y lugar, el Tai Chi nos pide una ejercitación altamente consciente, donde todo nuestro ser está involucrado y alerta en lo que se hace. Así, el que practica en estado meditativo (o que lo propicia en grado sumo), tendrá una mínima tendencia a lesionarse, porque no sólo estará altamente atento y abierto a lo que le enseñan, sino que también lo estará del cómo practica lo aprendido, de modo que podrá tomar decisiones cuando tenga dudas sobre el grado de corrección de su ejecución o del nivel de resistencia respecto a lo que se practica (dado que siente en su cuerpo el que algo está fallando o causando dolor), o sobre la idoneidad de lo que le han enseñado (si hay fallas en la captación o en la emisión de la información).

Esta capacidad de auto contemplación es también la vía del aprendizaje auténtico y de la autocorrección profunda, dado que asienta éstas sobre bases internas e integrales, y no sobre parámetros biomecánicos externos y abstractos (en tanto que no parten de un proceso de individuación y re-creación de lo aprendido). Sólo de esta forma se hace viable una regulación de ese tipo de ejercitaciones modernas, una mesura en la práctica de las mismas, y un equilibrio dinámico en el cómo se practican, evitando exageraciones riesgosas y desafueros con el propio cuerpo. Este “conocerse a sí mismo” –que es lo que hace al Tai Chi una de las vías o caminos del trabajo interno- nos permite conocer día a día nuestras limitaciones, y, también, como irlas superando de una manera suave, moderada y sutil, alquímica, no heroica, no compulsiva ni auto-agresiva.



Aunque hemos hecho hincapié en las ejercitaciones de alto impacto, también las de bajo impacto (como el caminar, tal como señalamos en el artículo “El Tai Chi Chuan y los deportes de alto impacto”), así como los deportes extremos, pudieran verse beneficiados si atienden a las enseñanzas que provee el Tai Chi Chuan. La concentración integral en lo que se hace, la alerta continua sobre nosotros mismos, la reducción del estrés, el cultivo del aquí y ahora…, no pueden sino mejorar la ejecución de las actividades riesgosas y disminuir el número de lesiones. El Tai Chi puede mejorar en muchos aspectos la performance en los deportes extremos y los deportes de alta competencia, aún en mayor medida que la meditación Zen que practicaba, por ejemplo, Michael Jordan –por sus características de meditación dinámica, entre otras-, tal como parece demostrarlo el sorprendente desempeño de “Tiger” Woods, según lo aludido por el Wall Street Journal.

El Tai Chi es un arte marcial, pero, como dijo el gran maestro Ted Bunnag, su propósito es transmutar la violencia en paz y serenidad interior. Quizá la gran lección del Tai Chi sea la de aprender a respetar y amar a nuestro cuerpo, evitando tratarlo como un objeto mecánico, una cosa que podemos maltratar y forzar descuidadamente a voluntad (ahora se habla hasta de “esculpir” nuestros cuerpos, ¡como si se tratara de un objeto inanimado!). El cuerpo debe ser tomado como un templo, si queremos re-sacralizar todo nuestro ser, nuestro entero vivir. Se busca transmutar la violencia, no sólo la que se ejerce sobre el prójimo, sino especialmente la que volcamos sobre nosotros mismos, ya sea en forma activa, como maltratar y extenuar el cuerpo en ejercitaciones torturantes; o pasiva: guardar rencores y resentimientos que a larga se transforman en enfermedades. De la primera forma lesionamos principalmente nuestros miembros y articulaciones; de la segunda, dañamos nuestros órganos y sistemas metabólicos.

Tai Chi para instructores de fitness y deportes en general (y para todo el mundo)
No está de más decir, que otra forma de mesurar y equilibrar dinámicamente otro tipo de ejercitaciones y deportes desde el aprendizaje del Tai Chi, consiste en la experiencia personal de cada practicante en cuanto a los múltiples beneficios que reporta su práctica. Si el practicante de Tai Chi siente que su práctica del Tai Chi mejora su condición cardiovascular sin causar tensión o estrés, tenderá a practicar menos un ejercicio aeróbico que le reporte igual beneficio, pero que le agote y le cause estrés o tensión. Igual para los que quieren rebajar, al comprobar que el Tai Chi, de una manera suave y moderada, logra quemar tantas calorías por hora, como muchos estresantes y extenuantes ejercicios de alto impacto.

Hemos hablado del Tai Chi como una disciplina que permitiría al practicante de otra disciplina deportiva o ejercitación prevenir excesos y malas praxis en el cultivo de lo que hace, saneando su sistema de prácticas físicas globalmente. De manera que el Tai Chi puede fungir como “centro” –flexible y dinámico- de los sistemas de ejercitación y deportivos que se practican, centro donde se vuelve periódica y constantemente para recuperar la tranquilidad de ánimo, y la medida correcta de equilibrio y mesura, que necesitamos para conservar la salud y la vitalidad. Pero también el Tai Chi sería un extraordinario aliado a la hora de sanar el cuerpo del deportista sometido a los excesos y traumatismos producto de prácticas físicas violentas y largamente ejecutadas. Como ya hemos dicho, el Tai Chi puede ayudar decisivamente a regular el estrés, devolver la vitalidad, recuperar miembros extenuados o lesionados, corregir movimientos o posturas deficientes, sin hablar de la mejora de su flujo y balance energético…, esto y mucho más puede conseguirse, para el que persevera, en ese remanso de serenidad y suavidad que es el campo de prácticas del Tai Chi Chuan.

Extendiendo lo dice el profesor Douglas en su artículo “Tai Chi: el ejercicio supremo para terapeutas masajistas (y para todo el mundo)”*, con respecto a los diversos profesionales de la salud, también los primeros que deberían tener como “disciplina de mesura y equilibrio” al Tai Chi deberían ser los profesores e instructores de otras modalidades de ejercitación y/o deportivas. En primer lugar, para que puedan tener a la mano una disciplina sanadora (tanto preventiva como curativa), que les permita mantener un estado de atención óptimo durante la enseñanza y la ejercitación, y que les ayude a recuperarse del gasto físico y energético que supone su actividad. En segundo término, porque si están abiertos a la sencilla sabiduría que el Tai Chi les ofrece, serán los primeros en buscar moderar, mesurar y equilibrar sus prácticas (primeramente en ellos mismos), y en adaptarlas diligentemente a las condiciones generales de salud de cada individuo bajo su cuidado.

Un aspecto fundamental que aporta el Tai Chi, es la convicción profunda que tienen sus practicantes del “logro sin esfuerzo”. Si somos una parte inseparable del todo de la existencia, tenemos que estar en una sintonía fundamental con el movimiento del cosmos, en una armonía básica con el sentido de la existencia. Por ende, no deberíamos concebirnos como contrapuestos a un mundo ajeno, ante el cual, para sobrevivir, tenemos que estar en pugna constante y en perpetuo estado de esfuerzo agotador, depredación y violencia. Ese “esfuerzo” no es solamente físico, sino sobre todo mental, dando como resultado las correspondientes personalidades obsesivas, y las frecuentes compulsiones y ansiedades que exhiben el común de nuestros semejantes, en la angustiosa y estresante persecución de las huidizas y efímeras representaciones del éxito social y el logro personal. “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, “parirás con dolor”, “si no duele no sirve”, “sangre, sudor y lágrimas”, “el trabajo os hará libres” (tal como decía un cartel a la entrada del campo de exterminio de Auschwitz), etc., son frases que apuntalan esa idea del logro con esfuerzo, y, aún más allá, de la condena a una vida trabajosa y sufrida (con logros o no), a semejanza de la que padecía el titán Sísifo, aquel que acarreaba todos los días una gran roca hasta la cima de una montaña, la cual volvía a caer abajo durante la noche.

Esa “ideología” se ha trasladado también, en buena medida a la manera como concebimos y practicamos hoy nuestros deportes y ejercitaciones diversas. Merced al Tai Chi, el “logro” se libera del “esfuerzo”. De modo que incluso aquel que quiere esforzarse en una ejercitación determinada, si practica Tai Chi, no sólo tendrá la oportunidad de mesurar y dosificar ese esfuerzo a conveniencia, sino de entregarse a éste por un ejercicio libre de su voluntad, y no por obedecer ciega y compulsivamente un imperativo social de estereotipada perfección física, o un ideal maniático de pureza y salud absoluta.

El arte del equilibrio superior
Entonces, según lo que aquí hemos expuesto con respecto a la “cultura física” actual -pero también extrapolable a toda la cultura contemporánea-, gracias al arte del Tai Chi Chuan quizás se pueda contestar desde el corazón de cada practicante auténtico, la pregunta que hace Albert Camus en su ensayo, El destierro de Helena, pero cambiando “espíritu” por “ser integral” (que incluye entonces al cuerpo y al alma); pregunta que dice así: ¿Qué lugar hay pues en nuestro ser integral para aquel equilibrio superior en que la naturaleza balanceaba la historia, la belleza al bien y en el que intervendría la música de los números hasta en la tragedia de la sangre?
R. C.
Notas:
**De la puesta en cuestión de este tipo de noción y del entramado cultural que la sostiene, puede desarrollarse toda una crítica a la biomecánica.


Roberto Chacón
Nei Dan Magazine No. 345 (29-11-11)
Sección: "Artículos"



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XXXIV

约定
Compromiso

La presa pasa por delante del tigre, quien
A veces solamente mira,
A veces se abalanza sin vacilación,
Pero que nunca falla en actuar.

La vida es una constante serie de oportunidades. Si no estiramos la mano hacia las cosas, si no aprovechamos lo que viene hacia nosotros, no podemos estar en armonía con la naturaleza esencial de la vida.

El tigre es de esa misma forma. Se ajusta a cada situación que venga. Si encuentra una presa y no está listo para cazar, la dejará ir. Pero no ha fallado en actuar. Ha dejado escapar la presa a sabiendas, y eso es muy distinto de quien pierde una situación por reflejos lentos o por inhabilidad. Cuando el tigre quiere su presa, se abalanza sobre ella sin ningún pensar o vacilar. No hay moralidad, no hay culpa, no hay problemas sicológicos, no hay ideologías que interfieran con la pureza de su acción. Esta gracia en acción sin mácula es llamada no-acción.

Esto es compromiso. Lo que sea que venga a ti, debes enfrentarlo de alguna manera. Lo recibes, y podrías alterar la circunstancia y dejarlo ir, o podría interponérsele algo personal, o podrías dejarlo pasar a sabiendas. Hagas lo que hagas, no hay necesidad de ser apático hacia la vida. Por el contrario, la completa participación en todas las cosas, es el camino más seguro hacia la felicidad, la vitalidad, el éxito y un profundo conocimiento del Tao.

MEDITACIÓN: EL ARTE DE RECORDAR QUIÉN ERES (Osho)


“La meditación es simplemente un método quirúrgico extraño que secciona todo lo que no es tuyo y conserva sólo aquello que es tu auténtico ser. Quema todo lo demás y te deja desnudo, solo bajo el sol, en el viento.

Es como si fueras el primer hombre descendido sobre la tierra –que no sabe nada, que tiene que descubrirlo todo, que tiene que ser buscador, que tiene que ir de peregrinación.”


P O E S Í A

RECUERDOS 

A un costado de la cama
el nudo se deshizo por sí mismo
y apenas sostenido por un hilo
el vestido se deslizó hasta la cintura.
Amiga, es todo lo que sé: estaba en sus brazos
y no logro recordar quién era quién
ni qué o cómo lo hicimos.

(Del Amarusakata, sánscrito; anónimo)